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    Mientras EEUU desplaza a Europa como el nuevo centro de propagación del coronavirus, el centro y sur del continente americano apenas van entrando en el momento crítico de la pandemia, según las previsiones. El investigador mexicano Erik Fernández comentó a Sputnik las particularidades de las respuestas de los gobiernos latinoamericanos.

    De acuerdo con las evaluaciones de Fernández, las políticas que implementan los países latinoamericanos respecto a la contingencia de la pandemia pueden dividirse en dos grandes grupos, según la firmeza que hayan tenido en decretar sus respectivas situaciones de emergencia y limitar con eso la actividad humana, sopesando con cuidado la población que depende de una economía informal.

    Sin embargo, la primera política puesta en práctica ha sido la militarización de la seguridad pública, incluso en los países más "atentos" a la pandemia, que establecieron medidas drásticas para limitar el contacto social desde mediados de marzo, cuando, por ejemplo, México todavía no aplicaba cuestionarios epidemiológicos a la gente que llegaba de una Europa colapsada por las infecciones.

     

    Militarización

    En El Salvador, el Ejército tomó las calles en la noche del sábado 21 de marzo y desalojó a todas las personas que se encontraban en el centro de San Salvador, la capital.

    "La gente promedio de abajo, el vendedor de calle, está molesto porque sienten esto como un circo. Esa resistencia se ve muy fuerte sobre todo de los ancianos que venden frutas y verduras o nieves por la calle", dijo a Sputnik el periodista salvadoreño Félix Meléndez, desde San Salvador.

    El fotoperiodista independiente relató a Sputnik que cuando el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, anunció medidas drásticas antes que sus pares de la región, "mucha gente desconfiaba y parte de la desinformación que surgía en torno al tema era generada por los partidos no afines a Bukele, sembrando paranoia diciendo que en El Salvador ya teníamos enfermos porque había doctores en distintos hospitales que así lo decían".

    El primer caso en El Salvador de un infectado de coronavirus surgió el 19 de marzo, casi un mes más tarde de su aparición en México. La persona es un salvadoreño que había viajado a Italia y regresó al país cuando ya se había decretado las medidas de cuarentena. Al no poder entrar por las fronteras que fueron cerradas como medida de protección, el hombre entró por uno de los pasos ciegos por tierra de la zona fronteriza entre El Salvador y Guatemala.

    "Pero todo lo que se manejó en torno a ese caso fue con dolor, porque hasta se dieron públicamente los datos de este hombre que fue linchado públicamente. Su pueblo, Metapán, fue aislado por un cordón sanitario implementado por el Ejército, en cuanto se confirmó que su paisano era positivo para la enfermedad que puso al mundo en jaque", relató.

     

    A los dos días ya se estaban reportando otros dos casos sospechosos de salvadoreños que igual entraron al país por puntos ciegos de la frontera terrestre: una doctora y el rector de la Universidad Nacional, Roger Arias.

    Aunque las medidas estrictas de cuarentena domiciliaria "han demostrado un relativo éxito, manteniendo bajo el número de contagios en el país (32 hasta el 31 de marzo, según las estadísticas del Gobierno salvadoreño, el primer paso del ambicioso plan de Bukele para paliar la crisis con apoyos a la población, fue la militarización del territorio.

    Situaciones similares se han vivido en Perú, donde se ha criticado por parte de juristas y defensores de derechos humanos que una reciente ley de protección policial favorece los abusos hacia la población por parte de los agentes del Estado.

    También en Ecuador se han denunciado públicamente la ocurrencia de tratos crueles tras decretar la cuarentena, que se ha traducido a su vez en detenciones masivas.

    Fernández señaló que hay una herida abierta en América Latina que aleja a la población del Estado y el Gobierno, debido a la "herencia" del terrorismo de Estado que se extendió en todo el continente en la década de 1970. "Nuestra referencia es de un Estado que reduce las libertades por motivos políticos, no para atender pandemias o calamidades, eso es algo que vemos muy alejado", señaló.

    El problema es la apelación a las fuerzas militares, como lo acaba de hacer el Gobierno de Donald Trump en Estados Unidos. "Su llamada a la Guardia Nacional como elemento de contención que suele usarse ante problemas de seguridad, se busca ahora ante un problema de salud. Y esta apelación se ha replicado en América Latina", señaló.

    México ya ha anunciado la apelación a las fuerzas castrenses para atender la emergencia sanitaria e incluso una partida especial de recursos, habiéndole entregado el control de diez hospitales al Ejército mexicano.

    Informalidad y pobreza

    Fernández señaló en entrevista que la particularidad del continente tiene que ver con la estructura de los Gobiernos y su dificultad para concretar sus políticas, lograr que estas se asuman y se cumplan, como sucede en China, por ejemplo. "Nuestras realidades en América Latina y particularmente en México muestran que aquí conviven distintas formas económicas y de organización que impiden eso", sostuvo.

    "Buena parte del consumo y del trabajo se da en mercados informales, que están por fuera de los beneficios sociales (a los trabajadores). Esa es una primera complicación y agrega un componente de preocupación que el mundo no tenía contemplado", señaló Fernández.

    El intelectual señaló que la respuesta que más se escucha en México por estos días de la gente que continúa trabajando es que "hay que trabajar porque hay que comer" revela la disparidad económica de un continente y un país "donde cerca del 50% de sus habitantes viven en la pobreza", sentenció la fuente.

    Aunque México ha mostrado una cara solidaria durante los desastres ocurridos tras los sismos de 1985 y 2017, que se caracterizó por la abrumadora supremacía de la organización social por sobre la institucional o gubernamental, "esa respuesta que superó a las propias políticas del Estado mediante formas comunitarias de salir y hacerse cargo de lo que pasaba, ¿cómo hace frente a esto que nos tiene contenidos como individuos y sociedad? Lo único que nos queda es atender nuestras obligaciones de salud individual, familiar y colectiva desde el encierro".

    Dedicado durante los días de encierro a trabajar en conjunto con otros intelectuales del mundo occidental, Fernández sostiene que esa es una de las decisiones básicas que pueden abrir puertas ante las crisis, sobre todo, entre Gobiernos: priorizar la colaboración frente al conflicto.

    "Revisamos información en distintos frentes, particularmente a partir de plataformas de internet cómo se ha ido desarrollando las noticias y la generación de información oficial, así como las formas que se han ensayado mundialmente para detener esta pandemia", dijo Fernández en relación al trabajo de investigación realizado en las últimas semanas.

    "Es un esfuerzo colectivo de profesores e investigadores de distintas universidades de Europa, Estados Unidos y poco a poco de América Latina, que circula por redes sociales y funciona de manera horizontal", concluyó.

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