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    El coronavirus en Argentina (367)
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    La clientela se redujo a un mínimo histórico por el aislamiento social que mantiene a millones de personas dentro de sus casas en todo el mundo en la guerra contra el coronavirus. El escenario pandémico deja sin ingresos un sector sin capacidad de ahorro y, en gran parte, sin acceso a beneficios ofrecidos para otros trabajadores independientes.

    La pelea entre taxistas y choferes de aplicaciones digitales de transporte de pasajeros que se da en gran parte del mundo quedó momentáneamente excedida en el marco de la pandemia de COVID-19: hoy están todos del mismo lado, el bando de los afectados por la crisis económica global del coronavirus.

    Mientras que en Argentina los conductores de plataformas como Uber o Beat tienen prohibido trabajar, el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio permite operar con restricciones a taxistas, remises registrados y conductores privados de la aplicación Cabify, que se encuentra en regla. Pero el desastre económico para todos ellos es igual de rotundo.

    "Si no salgo a la calle no produzco un peso"

    "Yo hoy vivo al día, por lo caro que está todo. Los alquileres han subido demasiado, los servicios también. Trato en lo que puedo de mandar dinero a Venezuela porque allá tengo a mi esposa y mis dos hijos. Si yo no salgo a la calle no produzco un peso y no hay nadie que me pague los gastos, la comida", contó a Sputnik Gabriel, conductor de Uber de 31 años.

    Gabriel llegó a Argentina hace dos años, dejó en su país un niño que hoy tiene ocho y otro que todavía no conoce en persona ya que se vino cuando su esposa estaba embarazada. Cuenta que recientemente pudo enviarles gran parte de lo que venía juntando pero que ahora se quedó sin ahorros, por lo que se vio en la necesidad de pedir prestado a amigos para pagar las cuentas y vecinos solidarios lo han ayudado con algo para comer.

    Contó que Uber le envió un correo a los usuarios que brindan el servicio en el que les explicaron que no iban a poder operar, algo que no ocurrió con Beat, por lo que algunos continúan trabajando a pesar de las medidas de contención. "A más de uno le han retenido los vehículos, hay mucho control en las calles", aseguró Gabriel.

    "Nuestra inactividad es total"

    Héctor tiene 62 años y trabaja como conductor privado desde hace años. Cuenta que él mismo —antes siquiera de que el presidente, Alberto Fernández, decretara la cuarentena obligatoria— comenzó una cuarentena voluntaria debido a que tuvo contacto con muchos argentinos que volvieron de sus vacaciones en Europa al ir a recogerlos al aeropuerto internacional de Ezeiza, en Buenos Aires.

    "Nuestra inactividad es total, evidentemente el perjuicio es grande. Mi principal trabajo es trasladar jubilados y pensionados que vuelven de viajes de mediana y larga distancia en ómnibus, eso está completamente parado. Hace dos años incorporé como ingreso complementario Uber y después Cabify, que es una empresa excelente en la interacción con los usuarios", dijo a Sputnik Héctor.

    A diferencia de Uber y Beat, Cabify trabaja con conductores que estén dados de alta como monotributistas y, por ende, pagan impuestos. A Héctor, por estar en edad de riesgo la aplicación no le permite trabajar, pero sí puede cobrar el ingreso familiar de emergencia de 10.000 pesos (153 dólares) que ofreció el Gobierno a trabajadores independientes de las categorías más bajas (A y B).

    El "golpe final" al gremio taxista

    "Venimos de una larga agonía a causa del transporte ilegal de remises y combis truchas y las malditas aplicaciones digitales. Hace 10 días que estamos en esta situación, que nos viene a dar el golpe final", dijo a Sputnik José Ibarra, secretario general de la Federación Nacional de Conductores de Taxis argentina.

    El gremialista aseguró que tienen más del 90 % del parque parado debido a que la ausencia de movimiento en las calles hace inviable salir a trabajar si no hay clientes. Además, gran parte de los conductores son mayores de 60 años y están entre la población de riesgo frente al coronavirus.

    Imposibilitados de percibir la ayuda gubernamental por no estar entre las categorías más bajas, los gremios de titulares y peones de taxis de todo el país demandan ser incluidos para poder recibir este apoyo. Además, piden el desarrollo de programas de cooperación económica y suspensión de cuotas de créditos que fueron otorgados para la renovación y reparación de unidades.

    "Nosotros nunca hemos pedido ningún tipo de subsidios a los gobiernos, mientras tenemos tarifa nos valemos por nuestro propio trabajo. Pero esto está por encima nuestro, se nos escapa de las manos. Le pedimos en una nota especial al presidente, Alberto Fernández, que nos incluya, para que por lo menos nos sirva para pagar el seguro", pidió Ibarra.

    Crisis regional

    Debido a la gran exposición al contagio y el cese de la actividad comercial y turística, la situación de los conductores de transporte de pasajeros privado en Sudamérica ha demostrado ser crítica, con numerosos ejemplos de acciones y reclamos en los países de la región.

    Recientemente, choferes de Uber de Uruguay se manifestaron frente a la Torre Ejecutiva en Montevideo para pedir una ayuda económica al Gobierno ya que ven reducida su clientela pero siguen corriendo el riesgo de contagio, al no haber cuarentena general en el país.

    En Chile, los taxis, al igual que todo el transporte público, puede circular con normalidad, pero en las siete áreas metropolitanas declaradas bajo cuarentena total las aplicaciones estarán sujetas a las mismas restricciones que los vehículos particulares, que necesitan un permiso especial para circular. Los taxistas, sin embargo, fueron de los sectores más vehementes en su pedido al Gobierno chileno de declarar la cuarentena antes de que se confirmara la medida.

    Tema:
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    Etiquetas:
    COVID-19, cuarentena, transporte urbano, Cabify, Uber, taxis, pasajeros, coronavirus en América Latina
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