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    Coronavirus en América Latina (191)
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    El coronavirus se instaló definitivamente en el país. Medidas de seguridad sanitaria para prevenir el contagio masivo se multiplican así como los casos confirmados de COVID-19 menos de 48 horas después de declarada la enfermedad como pandemia.

    El pánico generalizado que se vive en el hemisferio norte por la pandemia de coronavirus empieza a vivirse entre la sociedad argentina. Los casos confirmados en el país han superado la treintena y ya se registra la propagación local de la enfermedad, además de una muerte.

    El Gobierno nacional decretó impedir durante 30 días la llegada de vuelos provenientes de los países más comprometidos con la enfermedad. A partir del viernes 13 de marzo dejarán de llegar los aviones y se pretende dar respuesta a los argentinos que quedarían varados en el exterior.

    "Los vuelos internacionales que aún no fueron cancelados podrán operar hasta el lunes para llevar o traer residentes a su país de origen. Es decir, argentinos que están afuera para volver al país o extranjeros que están en el país y quieran regresar a sus lugares de origen", dijo el presidente, Alberto Fernández, en un mensaje por cadena nacional.

    Esto se suma a la suspensión del otorgamiento de visas a personas provenientes de China e Irán y la decisión de dictaminar reclusión domiciliaria obligatoria de 14 días a todo el que llegue desde países con epidemias locales y que no necesitan este documento para ingresar como turistas, como EEUU, la Comunidad Europea, Japón y Corea del Sur. Esto mismo aplicaría a los argentinos que lleguen de estos destinos.

    "Tengo pasaje comprado para viajar a Buenos Aires el viernes 13 de marzo. Mi mamá me llamó hoy a la mañana preocupada y me dijo que piense si lo mejor quizá sea no viajar. No me preocupa subirme a un avión ni la cuarentena, me preocupa que la gente allá tenga miedo y que no los pueda ver por eso", dijo a Sputnik Nicolás, argentino que vive en el Reino Unido hace dos años y que desde entonces no ha podido volver a visitar.

    De ser evadida la cuarentena preventiva compulsiva, la persona podrá ser denunciada por incurrir en el delito penal de violar las medidas adoptadas por las autoridades para impedir la introducción o propagación de una epidemia, que tiene una pena de seis meses a dos años de prisión.

    Sin embargo, es difícil creer que se pueda realizar un monitoreo de cada individuo que ingrese o regrese desde alguna de estas naciones. Para dar un ejemplo de la escala, el aeropuerto de Ezeiza, el más importante del país, recibió 124 vuelos internacionales, 23 provenientes de alguna ciudad de EEUU o Europa.

    Aerolíneas Argentinas canceló algunos vuelos con destino a Roma (Italia), Miami y Orlando (EEUU) programados para marzo y abril. La aerolínea italiana Alitalia hizo lo mismo con sus vuelos a Roma y la línea aérea Latam, con sus vuelos a Miami hasta el lunes 16 de marzo, por lo pronto. Las modificaciones hasta ahora no se debieron a imposiciones gubernamentales.

    La epidemia del miedo

    La angustia y rabia de algunos afectados indirectamente, que se ven amenazados o impedidos de la posibilidad de disfrutar un momento que debiera ser único e inolvidable, son hoy las consecuencias más inmediatas de una enfermedad que se expande sin límites.

    "Mi mejor amiga celebró su casamiento civil hoy hace unas horas y la fiesta está programada para el sábado que viene. No puede creer lo que está pasando. Hay personas cercanas que ya avisaron que no van a ir por miedo a contagiarse entre tanta gente. No lo van a cancelar, pero incluso la testigo dijo que va a hacer una excepción a su cuarentena, que está haciendo preventivamente por ser población de riesgo", contó a Sputnik Fernando, de 36 años, desde el festejo.

    Numerosos conciertos y festivales culturales fueron cancelados o reprogramados, incluída la edición local del Lollapalooza, un evento de tres días que convoca todos los años a 300.000 personas, con un valor de entrada promedio de 200 dólares. Otros eventos privados están sujetos a la cautela de los participantes, pero el temor y el enojo tiñen de gris las expectativas de muchos.

    En un acto de prevención firme coordinado con el Gobierno nacional, la ciudad y la provincia de Buenos Aires cancelaron todos los eventos masivos programados para marzo, dictaminaron que los partidos de fútbol se jugarán a estadio cerrado y se mantendrán clausurados al público todos los casinos y espacios, así como las actividades turísticas oficiales, como museos y recorridos.

    No existen todavía estimaciones del impacto económico que el coronavirus tendrá en el país, que se suman a la profunda crisis y recesión que transita. Caída en las exportaciones y del precio de las commodities agrarias, hundimiento del precio del petróleo y el probable estado de coma en el yacimiento de Vaca Muerta, el gravísimo golpe al turismo y mayores dificultades para la negociación de la deuda externa son solo algunas de las complicaciones a la vista.

    Un escenario esperable

    "Es esperable lo que está pasando en Argentina con el virus porque respeta los parámetros de lo que pasa en el mundo. Este es un virus nuevo, nadie tiene anticuerpos, entonces se produce una pandemia justamente porque el universo es susceptible y la transmisibilidad es sencilla", dijo a Sputnik Ricardo Teijeiro, médico integrante Sociedad Argentina de Infectología.

    Teijeiro explicó que el hecho de que el país no haya entrado en temporada invernal funciona momentáneamente como ventaja ya que en esas épocas las personas son más propensas a toser y estornudar, que es la principal forma de contagio.

    "La etapa de contención en la que estamos es para que no haya gran transmisibilidad. Va a haber más casos, lo importante es que no haya un crecimiento exponencial, que no sea brusco, que permita sanitariamente soportar la demanda. Nos ayudaría a proteger al grupo de riesgo, que son adultos mayores de 70 años y los pacientes con enfermedades previas", dijo.

    El infectólogo aseguró que la aparición de casos no importados era inevitable y que las medidas oficiales de desincentivar en lo posible las conglomeraciones de personas que no sean necesarias son las correspondientes a la situación local, pero que las evaluaciones y decisiones sanitarias se adaptan día a día de acuerdo a las circunstancias.

    "No hay que subestimar las enfermedades. Podemos ver la evolución y la experiencia en otros países, tenemos que trabajar acompañando el brote y estar en la línea de equilibrio. No cerrar los colegios de antemano sino cuando sea adecuado, y mantener a la gente bien informada: se habla mucho de la cantidad de infectados pero poco más de la mitad ya se recuperó", concluyó.

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