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    RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — En los últimos días, el agua potable de buena parte de Río de Janeiro huele mal, tiene sabor y en algunos casos, está turbia: son las muestras de la nueva crisis hídrica que afecta a la ciudad, y que la Compañía Estadual de Aguas y Alcantarillado (Cedae), una empresa pública, aún no sabe cuándo podrá resolver.

    "En el grifo, no puedo dar una fecha porque depende del almacenamiento, quien tiene una cantidad grande de agua antigua almacenada va a tardar más (en recuperar la normalidad)", dijo el miércoles en rueda de prensa el presidente de la empresa, Hélio Cabral, según recoge el diario O Globo.

    El problema empezó a surgir en algunos puntos de Río de Janeiro hace más de diez días, y ahora ya afecta a 69 barrios de la capital y a otras seis ciudades del área metropolitana, según recuentos de la prensa local.

    La Cedae atribuyó el problema del sabor a la geosmina, una sustancia orgánica producida por algas, y añadió que no representa un peligro para la salud.

    Algunos especialistas, en cambio, recomendaron evitar el consumo, porque las algas podrían ser sintomáticas de problemas más graves.

    Las algas que generan la geosmina normalmente se alimentan de los nutrientes presentes en el agua contaminada no tratada que llega a los manantiales, y además de sustancias inofensivas también pueden generar cianobacterias y toxinas.

    En los últimos días, proliferaron los relatos de personas con malestar, vómito o diarrea, pero de momento no hay datos que atribuyan el aumento de casos a la calidad del agua.

    Los responsables de la Cedae identificaron el problema en un punto concreto, la estación de tratamiento de agua de Guandu, en las afueras de la ciudad, que abastece al 75 por ciento de la población de Río, casi 8,5 millones de personas.

    Para resolver el problema del sabor y el olor del agua, se optó por el carbón activo, que empezará a colocarse en los puntos de captación la próxima semana para purificar el agua.

    Diversos ecologistas y activistas ambientales acusaron en los últimos días a la Cedae de omisión, falta de transparencia (no hubo un pronunciamiento público hasta el miércoles) y de ausencia de medidas preventivas.

    En declaraciones a Sputnik, uno de los fundadores del Movimiento Bahía Viva, Sérgio Ricardo, comentó que la actual situación es un “escándalo” porque aún no se sabe si el agua es perjudicial o no para la salud, pero remarca que el problema es mucho más complejo porque no se trata de algo puntual.

    “Hay que averiguar exactamente lo que la Cedae se gasta en productos químicos para descontaminar el agua, porque lo que está haciendo es poner paños calientes (parches)”, criticó.

    Muy cerca del punto de captación de aguas del río Guandu desembocan tres afluentes muy contaminados: los ríos Abel, Poços y Queimados, que llegan ahí tras atravesar parte de la periferia de Río, donde muchos barrios no tienen el más mínimo sistema de alcantarillado.

    Para poder usar ese agua, la Cedae usa productos químicos para potabilizarla, pero aun así, en ocasiones está “intratable” y en los últimos 20 años se ha interrumpido la distribución al menos 22 veces, dice el activista.

    El Movimiento Bahía Viva critica que la Cedae no pusiera en práctica el proyecto para desviar el curso de esos ríos ni otras medidas de prevención que darían resultados a largo plazo.

    Además, el miércoles presentó una petición formal ante la Fiscalía de Río de Janeiro para que se decrete el estado de emergencia y que se impute a las autoridades responsables.

    Etiquetas:
    agua, Río de Janeiro, Brasil
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