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    La liberación de Lula da Silva (19)
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    RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011) sacudió las piezas del tablero político en 2019 al salir de la cárcel y será clave en los próximos años, aunque está en duda el rol que jugará en la oposición al Gobierno de Jair Bolsonaro.

    Lula dejó la cárcel de Curitiba en noviembre declarándose lleno de energía y dispuesto a liderar la oposición a Bolsonaro, pero puede ser prematuro definir qué papel tendrá el exmandatario, según el profesor Gilberto Maringoni, de la Universidad Federal Paulista y uno de los autores del libro "La verdad vencerá" sobre su encarcelamiento.

    "Lula salió de la cárcel de una manera muy limitada, no por una movilización social enorme, sino por una división del establishment político (…) no recuperó los derechos políticos y, aunque está claro que tiene un impacto muy positivo en la oposición, dependerá de cómo sea su actuación a partir de ahora", dijo Maringoni a Sputnik.

    Lula tiene dos condenas por delitos de corrupción en segunda instancia, de 12 años por el caso del apartamento de Guarujá y de 17 años por el de la finca de Atibaia (ambos en el sureño Sao Paulo), pero es muy poco probable que vuelva a la cárcel a corto plazo, dado que el Supremo Tribunal de Justicia decidió que es inconstitucional que alguien esté preso mientras pueda seguir recurriendo a instancias superiores.

    Pero el gran problema para Lula es que esas dos condenas le impiden ser candidato en virtud de la ley de "ficha limpia", que él mismo impulsó en 2010.

    Para recuperar sus derechos políticos necesita que el Supremo anule las dos sentencias.

    Maringoni cree que Lula y su Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) deben dejar de pensar en las elecciones de 2022 y trabajar urgentemente para recuperar su base social y electoral, hablándole sobre desempleo, crisis económica y los recortes del actual Gobierno.

    "La oposición no está consiguiendo hablar con el Brasil de hoy (…) la gente no quiere salir a la calle a manifestarse, quiere garantizar su puesto de trabajo, un plato de comida… No sirve de nada decir "Fuera Bolsonaro"; eso le sirve a mi conciencia, pero no toca a una porción bastante grande de la población", advirtió.

    Muchos brasileños pobres que durante cuatro elecciones consecutivas votaron al PT, en 2018 se inclinaron por Bolsonaro.

    Para Maringoni el partido necesita entender por qué esas personas acabaron "desorientadas".

    En su opinión, la respuesta está en una cuestión que considera tabú dentro del PT: lo que ocurrió entre 2014 y 2016, en los últimos años del Gobierno de Dilma Rousseff (2011-2016).

    Cuando Lula habla de los logros sociales de los años del PT, prefiere omitir lo que ocurrió en esos años, según Maringoni.

    "Dilma hizo un ajuste fiscal que provocó la mayor recesión de la historia del país; el PIB (Producto Interno Bruto) cayó ocho puntos, el desempleo pasó del seis al 11% en pocos meses… Todo eso generó el "antipetismo" de masas", explicó.

    Lo más determinante, entonces, fue el rumbo neoliberal que Rousseff impuso a la economía, porque decepcionó a su electorado tradicional, según Maringoni, en contra de la creencia mayoritaria de que el PT pagó en las urnas el desgaste por los casos de corrupción.

    A pesar de todo, el PT sigue siendo hegemónico en el campo progresista brasileño.

    El candidato presidencial que reemplazó a Lula el año pasado, Fernando Haddad, consiguió 47 millones de votos frente a Bolsonaro en la segunda vuelta.

    Para Maringoni, Lula será central en la izquierda mientras esté vivo, porque es la figura culminante de todo un movimiento social que se remonta a los años 70.

    Por ello, el experto cree que opciones alternativas, como el dirigente del Partido Democrático Laborista (centroizquierda) Ciro Gomes, están abocadas al fracaso.

    Gomes, que quedó tercero en las últimas elecciones, elevó el tono contra Lula y el PT en los últimos meses, por lo que cada vez parece más difícil una unión de toda la izquierda brasileña para hacer frente a la ultraderecha de Bolsonaro.

    El termómetro para medir la salud del "lulismo" como alternativa de Gobierno y dentro de la izquierda serán las elecciones municipales de octubre de 2020.

    El expresidente ya ha dicho que el PT debe presentar candidaturas competitivas en el máximo posible de ciudades capitales, sin ceder espacios a otros partidos de la izquierda, aun cuando tengan más opciones de triunfo.

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    Etiquetas:
    Jair Bolsonaro, Partido de los Trabajadores, izquierda, cárcel, Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva
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