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    CARACAS (Sputnik) — El Gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela concluye al cierre de 2019 el primer año de su segundo mandato, resistiendo a sanciones, presión internacional, inflación y una economía en la que, tras 17 años de control cambiario de divisas, se permitió el libre uso del dólar.

    "A inicios de este año yo tenía hasta pesadillas de que iban a entrar los marines a sacar a Maduro, pero de pronto llegamos a un diciembre extraño, en las tiendas expresan los precios en dólares, hay quienes compran como si nada, a la oposición ya nadie le cree y Maduro sigue en el Gobierno", dijo Trina Morales, una caraqueña de 60 años, en diálogo con Sputnik.

    Bandera de Venezuela
    © REUTERS / Ivan Alvarado
    Para el diputado José España, quien se identifica como independiente, este 2019 dejó en evidencia el fracaso de las políticas de confrontación.

    "Este año nos demuestra que fue una ruta equivocada la planteada por el diputado Juan Guaidó, la confrontación no tuvo resultado", expresó.

    En los primeros 23 días de 2019 se acentuó la crisis venezolana: el 5, Guaidó se juramentó como presidente de la Asamblea Nacional (parlamento unicameral, de mayoría opositora), y cinco días más tarde lo hizo Maduro para su segundo período 2019-2025.

    El mandatario asumió el nuevo período ante el Tribunal Supremo de Justicia, en vista de la sentencia de desacato que pesa contra el parlamento, que declara como nulas e írritas todas sus acciones.

    El 23 de enero, Guaidó se autoproclamó presidente interino de la nación, tras desconocer las elecciones presidenciales de mayo de 2018.

    De inmediato recibió el respaldo de Estados Unidos, país al que en pocos días se sumaron 53 naciones.

    La primera decisión diplomática de Maduro fue expulsar a los funcionarios de la Embajada de Washington.

    La oposición insistía en el ingreso de ayuda humanitaria, mientras que la administración de Donald Trump anunció sanciones sin precedentes contra Venezuela.

    Desde 2019, las empresas o individuos que hacen transacciones con Caracas no tienen permitido usar el sistema financiero de Estados Unidos, y la oposición ha designado directivos del Banco Central y de Petróleos de Venezuela S.A (PDVSA) en el extranjero.

    Al referirse a estos hechos, Maduro señaló que en 2019 fracasó el plan del secretario de Estado (canciller) de EEUU, Mike Pompeo, para sacarlo del poder.

    "En el 2019 nos tocó enfrentar el plan fracasado del imperialismo norteamericano, el plan fracasado de Mike Pompeo de imponerle al país un presidente que nadie eligió, y lo hemos derrotado, está en la lona, fracasado, acabado, derrotado, el plan del imperialismo", afirmó.

    Sin embargo, el parlamentario Piero Maroun consideró que la oposición ha avanzado porque tiene representantes diplomáticos en algunos de los países que respaldan a Guaidó y ha nombrado la directiva de algunos activos de Venezuela en el extranjero.

    "En la oposición hemos avanzado muchísimo en 2019; hoy podemos decir que cuando iniciamos el 2019 no teníamos el reconocimiento de tantos países, [y] hoy tenemos embajadores en esos países, desde la Asamblea Nacional nombramos las directivas de las empresas del Estado que están fuera y esas empresas están resguardadas", añadió.

    Opciones sobre la mesa

    Desde comienzos de año, la mayoría de los altos funcionarios del Gobierno estadounidense comenzaron a repetir una y otra vez "todas las opciones están sobre la mesa", cuando la prensa les preguntaba si se evaluaba el uso de fuerzas militares en Venezuela.

    En febrero, la oposición juró que ingresaría por las fronteras camiones con ayuda humanitaria y entre el 20 y el 27 de ese mes la nación vivió uno de los momentos más tensos.

    Los camiones con ayuda humanitaria intentaron cruzar la frontera por Colombia y por Brasil, e incluso el Gobierno cerró espacio aéreo y marítimo con Aruba, Curazao y Bonaire, ante las amenazas de que también por allí intentarían entrar con esos cargamentos.

    El 22 de febrero el empresario británico Richard Branson organizó un concierto en la ciudad colombiana de Cúcuta en apoyo a la oposición, denominado Venezuela Aid Live, en el cual recaudó 2,5 millones dólares para la adquisición de alimentos y medicamentos, los cuales presuntamente fueron malversados por los designados por Guaidó para administrarlos.

    Después del concierto la frontera se convirtió en una zona de confrontación, y se reportaron 5 muertos y decenas de heridos, mientras Caracas era escenario de grandes movilizaciones en contra y a favor del Gobierno.

    Sin luz

    Las movilizaciones contra el Gobierno seguían, y el 7 de marzo un apagón general tomó por sorpresa a los venezolanos, extendiéndose por cuatro días y generando escasez de agua, ausencia de comunicaciones telefónicas, de suministro de gasolina, de transporte subterráneo y medios de pago, por la falta de bolívares (moneda local) en efectivo.

    El Gobierno anunció que la principal hidroeléctrica del país había sido víctima de un ataque que había provocado el debilitamiento del sistema eléctrico nacional.

    Han transcurrido 10 meses y Caracas es el único lugar de Venezuela en el que los usuarios reportan menos cortes.

    Los apagones llevaron a la liberación del mercado de divisas, pues antes de ese suceso cualquier transacción en dólares era clandestina e incluso podría ser penada con cárcel.

    Intento de golpe

    El 30 de abril, en horas de la madrugada, comenzaron en algunos sectores de Caracas a oírse golpes de cacerolas, y en las redes sociales Guaidó colgó un video junto al también líder opositor Leopoldo López, evadido de su condena a casi 14 años de prisión, y un grupo de militares con armas de guerra, en la principal autopista de la ciudad.

    El diputado opositor llamó a la gente a las calles, y aseguraba haber tomado la base aérea más importante de Caracas, pero a media mañana los 16 militares estaban refugiados en embajadas, al igual que López, y Guaidó, y la gente que había atendido a su llamado a la calle también comenzó a retornar a sus hogares, tras horas de confrontación con los cuerpos de seguridad.

    En medio de la inestabilidad eléctrica, las protestas, y la inflación, incluso en dólares, la situación humanitaria se volvió más compleja.

    En junio, por primera vez, la administración de Maduro admitió la visita a su país de la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, y esta elaboró un informe en el que denunció abusos de poder cometidos por las fuerzas de seguridad, y señaló que la nación atravesaba una difícil crisis humanitaria.

    El Gobierno descalificó el informe y acusó a la alta comisionada de manipular cifras e impulsar una acción de injerencia contra su país.

    Diálogo

    Bajo la mediación de Noruega, en junio, representantes de Maduro y Guaidó anunciaron un proceso de diálogo con sede en Barbados.

    Sin embargo, Maduro decidió retirarse en agosto en rechazo a las nuevas sanciones de Trump, en las que resolvió congelar todos los activos de Venezuela en EEUU, incluyendo las acciones y los recursos de la filial de PDVSA, Citgo.

    La tensión entre Maduro y Guaidó continuó, pero el poder de convocatoria de la oposición a movilizaciones de calle cayó drásticamente.

    Desde septiembre, el jefe de Estado anunció el inicio de un proceso de diálogo nacional, en el que no participa la fracción opositora que representa a Guaidó, allí se decidió reformar el Consejo Nacional Electoral y la reincorporación de los diputados oficialistas a la Asamblea Nacional, quienes no acudían desde 2017 a las sesiones.

    El Gobierno ha dicho que la idea de reformar el órgano electoral es realizar comicios parlamentarios en 2020.

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    manifestaciones de protesta, política, latinoamérica, crisis política, Venezuela, Nicolás Maduro
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