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    Qué es el Grupo de Puebla, el nuevo eje progresista en América Latina

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    América Latina
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    La reunión del Grupo de Puebla en Buenos Aires (13)
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    El progresismo latinoamericano se reunirá en Buenos Aires para consolidar al Grupo de Puebla como un nuevo ámbito de unidad. Su fundador, el chileno Marco Enríquez-Ominami, explicó a Sputnik las claves de este ambicioso proyecto político.

    La consolidación de un nuevo eje progresista en América Latina será el objetivo de la segunda reunión del Grupo de Puebla, un ámbito de líderes de la región que se conformó en julio de 2019 y que en noviembre sesionará en la ciudad de Buenos Aires entre el 8 y el 10 de noviembre, con la presencia de más de 30 líderes de 12 países.

    Entre los participantes convocados figuran los expresidentes Dilma Rousseff, Rafael Correa, Fernando Lugo, José Mujica, Ernesto Samper, Leonel Fernández y el exmandatario español José Luis Rodríguez Zapatero. El  presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, será el encargado de abrir el evento.

    Completarán la grilla el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, el excanciller brasileño Celso Amorim, la ecuatoriana Gabriela Rivadeneira, el candidato presidencial del Frente Amplio uruguayo Daniel Martínez y la presidenta del partido oficialista mexicano Morena, Yeidckol Polevnsky, entre otros.

    Marco Enríquez-Ominami, fundador del Grupo de Puebla, excandidato a la presidencia chilena en 2009 y 2013, explicó a Sputnik que el foro surgió "como un encuentro que busca pensar y unir al progresismo regional, producir consensos regionales y articular políticamente al progresismo".

    La primera reunión del Grupo de Puebla fue, precisamente, en esa ciudad mexicana, entre el 12 y el 14 de julio. Aquel encuentro culminó con varias declaraciones en las que se exaltaba la necesidad de que las fuerzas progresistas construyeran "un nuevo proyecto común" y defendía la necesidad de un diálogo en Venezuela.

    El grupo nuclea a líderes políticos en forma personal y no a sus partidos o instituciones. Lo que los une, resaltó Enríquez-Ominami, es la convicción de que "tanto el mercado como el capital son ineludibles en el debate".

    Para el fundador del grupo, en su corta existencia el foro "ha tratado de ayudar a que se respete la soberanía popular y la autodeterminación de los pueblos".

    En ese sentido, señaló la defensa de los resultados de los comicios del 20 de octubre en Bolivia, donde Evo Morales fue reelecto, la exigencia de que "se respete el Estado de derecho" en Ecuador y la condena a "la inaceptable barbarie que han cometido las fuerzas del orden de la mano de un presidente ultraconservador como Sebastián Piñera".

    Enríquez-Ominami enfatizó el valor de la agrupación como ámbito de pensamiento de los líderes progresistas de América Latina. "El Grupo de Puebla no es un gendarme moral del continente; es más bien un grupo de hombres y mujeres libres que reflexionan y actúan políticamente", complementó.

    ¿Por qué volvió a fracasar el neoliberalismo en América Latina?

    La reunión de los líderes progresistas del continente se vuelve una necesidad, consideró Enríquez-Ominami, en tiempos en que "lo único que ha hecho el neoliberalismo es agudizar nuestras fallas en productividad, crecimiento, desigualdad y narcotráfico".

    "América Latina es peor alumno del mundo", dado que "África y Asia nos ganan en indicadores clave para la prosperidad de un continente", agregó. Los proyectos neoliberales fallan en ese contexto porque "no conocen la solidaridad".

    "La promesa de los proyectos neoliberales es que solos llegan más rápido a los lugares. Nosotros decimos que juntos llegamos más lejos", sintetizó.

    Para el chileno, el presidente brasileño Jair Bolsonaro o el estadounidense Donald Trump son ejemplos claros de "propuestas de corto plazo" que no lograrán llevar prosperidad a sus pueblos porque dejan de lado el "largo plazo". 

    Al mismo tiempo, las gestiones de Lenín Moreno en Ecuador, Martín Vizcarra en Perú, Piñera en Chile, Mario Abdo Benítez en Paraguay o Iván Duque en Colombia, tienen algo en común: "llegaron diciendo 'nos importas tú, no el planeta; nos importa lo inmediato, no el futuro' pero los pueblos no son tontos y entienden perfectamente que se requiere resolver la urgencia, pero que también resolviendo el mediano plazo se resuelve el presente", explicó.

    Los gobiernos de derecha de la región están "dinamitados institucionalmente" y, sin embargo, no muestran solidaridad entre ellos. "No he visto ninguna solidaridad entre países porque esos presidentes se niegan a ejercer una política exterior solidaria con otros estados", apuntó.

    Esa solidaridad sí era ejercida por los gobiernos progresistas que llegaron al poder en este siglo, que lograron actuar desde la Unasur para impedir golpes de estado, aseveró.

    La integración latinoamericana del futuro

    A pesar de la buena experiencia de la Unasur, que terminó de desactivarse en 2019 producto de la falta de apoyo de los nuevos gobiernos de la región, Enríquez-Ominami no cree en la idea de "revivir institucionalidades".

    Para el chileno, el Grupo de Puebla es una instancia para reflexionar al respecto, procurando alternativas originales para una nueva integración latinoamericana. "El único límite es la imaginación. Hay que imaginar de otra manera, aunque definitivamente inspirados en todo lo bueno de la Unasur".

    La crisis chilena y la necesidad de una Asamblea Constituyente

    A pesar de haberse retirado de la política activa luego de ser el tercer candidato más votado en las elecciones de 2009 y de 2013, Enríquez-Ominami manifestó una gran preocupación por la crisis que atraviesa su país.

    De hecho, el foro de líderes progresistas aceptó ser una herramienta para "ayudar a la unidad de la centroizquierda" chilena.

    Para el fundador del Grupo de Puebla, Piñera se encuentra en un "dilema" que podría resolver ser "ortodoxo en lo económico y sin aumentar el paquete social", o asumir deuda y hacer "un gran paquete social".

    Pero el presidente chileno decidió "ser ortodoxo en lo económico", optando por hacer anuncios de medidas sociales "pequeños" y manteniendo los apoyos a los sectores empresarios, agregó.

    Piñera también debe dejar de ser "ortodoxo en lo político" y aceptar el pedido de convocatoria a una Asamblea Constituyente, un reclamo de amplios sectores sociales para modificar la Carta Magna vigente desde la dictadura de Augusto Pinochet (1974-1990), y para ello debería convocar a un plebiscito, consideró Enríquez-Ominami.

    "Lo urgente es la paz y lo importante es la justicia social: el plebiscito y un paquete social "que rescate a los empobrecidos de Chile", complementó.

    La postura adoptada por Piñera responde a "su obsesión con ser el primer alumno del neoliberalismo y ser el guardián de la Constitución de Pinochet", concluyó.

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    La reunión del Grupo de Puebla en Buenos Aires (13)
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    Puebla, grupo, Buenos Aires, América Latina, progresismo, Argentina
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