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01:53 GMT +318 Octubre 2019
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    La tienda de regalos chavistas

    Así es la ruta de turismo chavista de Caracas que no te cuentan en las guías

    © Sputnik / Esther Yáñez Illescas
    América Latina
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    Caracas no es la ciudad de las estrellas ni Venezuela el país preferido de los buscadores de vuelos baratos por el mundo. Pero hay un tipo de turismo nada pop del que el país caribeño puede presumir sin pretenderlo.

    El presidente Hugo Chávez marcó para siempre, gusten o no sus maneras poco ortodoxas, un nuevo continente y una nueva forma de entender la gestión política, revirtiendo su indiscutible liderazgo y carisma en una nueva era de identidad cultural y humana que sigue bailando entre lo indescriptible y el mito.

    Y para entender Venezuela hay que entender su historia de principio a fin y su irreversible relación tóxica con sus reservas petroleras (las mayores certificadas del mundo), pero también hay que analizar con detalle sus últimas dos décadas de lo que llaman la "Revolución Bolivariana". Veinte años de gobierno rupturista con todo lo anterior que falló y coronó casi a partes iguales dependiendo del contexto.

    Hugo Chávez murió el 5 de marzo de 2013 dejando a un país entero en lágrimas. Su capilla ardiente duró una semana y su cortejo fúnebre fue transmitido en todos los husos horarios e idiomas posibles. Murió el cuerpo del personaje pero sus seguidores, todavía hoy, no hablan de aquel momento en sentido fúnebre.

    No hablan de muerte sino de "partida física", no hablan de tumba sino de "siembra". Y precisamente es el lugar donde está "sembrado" el expresidente uno de los más emblemáticos y obligados en la visita de la ruta político-chavista de la capital, que da para mucho y para muchos rincones más o menos conocidos.

    El Cuartel de la Montaña o el "4F", como se le conoce entre los círculos revolucionarios afines a Chávez, se ha convertido en un mausoleo lleno de símbolos para sus adeptos. En ese espacio, el 4 de Febrero (de ahí lo de "4F") de 1992, el propio excomandante intentó un levantamiento cívico militar contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez. No lo consiguió y pagó dos años de cárcel por su intentona golpista, aunque en la memoria colectiva del pueblo quedaría para siempre aquel comunicado de rendición frente a las televisiones con estética de antaño, donde Chávez ya sonó diferente y desafiante: "Por ahora", dijo, asumiendo una derrota que nunca creyó permanente. Se entreveía el carisma que arrolló después.

    El Cuartel de la Montaña
    © Sputnik / Esther Yáñez Illescas
    El Cuartel de la Montaña
    Con esta historia, Chávez no podía reposar en otro Museo Militar, punto clave y punto cero de un turismo que viene de todas partes del mundo y de todos los Estados de la propia Venezuela, para conocer al personaje que levanta odios y pasiones.

    Jose Antonio Villaroel, su esposa Carolina, sus hijos y otros miembros de la familia, en total son nueve, están esperando en las puertas del Cuartel para entrar a una ruta guiada y visitar la tumba del expresidente. El Cuartel de la Montaña tiene la mística de su ubicación. En la cima de la Parroquia del 23 de Enero, emblemática por revolucionaria. El fortín se divisa desde abajo y se entrevé su potencial de guerra en su cima.

    La Parroquia del 23 de Enero
    © Sputnik / Esther Yáñez Illescas
    La Parroquia del 23 de Enero

    Jose Antonio y su familia están de vacaciones en la capital. Son del oriente del país, de una ciudad que se llama Cumaná y es la primera vez que visitan el mausoleo. "Estamos nerviosos porque lo teníamos pendiente desde hace mucho tiempo", dice. A su mujer, Carolina, le tiembla la voz cuando pasan el arco de seguridad y la miliciana que monta guardia en la entrada le da la bienvenida. "Tengo los pelos de punta", confiesa Carolina. "Chávez nunca murió para nosotros. Y solo pienso en todo lo que estaría haciendo ahora si estuviera vivo; no tendríamos esta crisis. Nos lo mataron y se lo llevaron pero resistimos por su legado, porque fue lo que él nos pidió", dice, fuerte y deprisa, porque ya quiere entrar a seguir con sus escarpias en los brazos.

    José Antonio Villarroel y parte de su familia
    © Sputnik / Esther Yáñez Illescas
    José Antonio Villarroel y parte de su familia

    El 4F tiene un aura de magia para los chavistas, aunque dicen algunos que en realidad Chávez no está enterrado ahí sino en su tierra natal, en el Estado Barinas. En cualquier caso, y teorías conspiranoides aparte, en la tumba oficial, en el salón principal del Museo, hay una Guardia de Honor 24 horas que custodia los restos.

    La tumba de Chávez en el 4F custodiada por la Guardia de Honor
    © Sputnik / Esther Yáñez Illescas
    La tumba de Chávez en el 4F custodiada por la Guardia de Honor

    La familia llega justo cuando se está produciendo el cambio de guardia, que dura más minutos de los previsibles porque cantan consignas de patriotismo y el momento es emocionante para todos. Los milicianos que trabajan en el Cuartel piden que no se hagan fotos ni se graben vídeos pero obviamente nadie les hace caso.

    Cada día, a las 4:25 en punto de la tarde, un cañonazo desde esta montaña recuerda la hora exacta en la que Chávez dio su último suspiro, en la tierra.

    A pocos metros saliendo del recinto y bajando hacia el sector La Cañada, dentro de la Parroquia del 23 de Enero, se encuentra otro de los puntos más emblemáticos del chavismo indie alternativo, que nadie conoce a priori pero que hará las delicias de los turistas que llegan a Caracas buscando autenticidad.

    Es la caseta de Elisabeth Viñas, la guardiana de un pequeño puesto que es un santuario kitch homenaje al expresidente. Siempre está abierto y custodiado por Elisabeth que cuenta historias a los turistas sobre las veces que habló con Chávez o que le tocó o que le conmovió. En ese momento, ella, justo, no está. "Se ha ido un momentito a la casa porque ha llegado el agua después de cinco días y tiene que aprovechar para lavar y limpiar", dice Mirta, que es la chica que mantiene limpio el chiringuito y está en plena faena. El motivo de la ausencia es tremendamente venezolano en estos tiempos de adaptación a todo.

    El kiosko chavista de Elisabeth Viñas
    © Sputnik / Esther Yáñez Illescas
    El kiosko chavista de Elisabeth Viñas

    En la entrada del "templo" hay escrito en letras rojas sobre pared blanca "Santo Hugo Chávez del 23", y por dentro todo tipo de reliquias. Carteles con imágenes del implicado, cuadros, otros santos, velas encendidas y apagadas, bustos del homenajeado, vírgenes de Guadalupe y Coromoto. Un cartel de Simón Bolívar y otro donde se lee "No + Trump" en la entrada completan el kiosko.

    Mirta con un cuadro de Chávez en las manos
    © Sputnik / Esther Yáñez Illescas
    Mirta con un cuadro de Chávez en las manos

    El 23 de Enero es uno de los barrios más polémicos de Caracas. Extramuros ha ocupado algunos titulares de morbo. Es un barrio que fue guerrillero, que es chavista férreo, que tiene armas, que tiene drogas, que tiene delincuencia, pero y qué barrio del mundo no lo tiene. Se ha demonizado interesadamente por algunos medios de comunicación internacionales porque siempre ha sido un emblema chavista.

    Está cerca, a pocas cuadras, del Palacio de Miraflores, y cuando intentaron dar el golpe de Estado a Chávez en el año 2002 fueron sus vecinos los que salieron a defender a su presidente costase lo que costase, sudor, sangre o plomo. Y así fue, y escribieron una de sus historias de éxito para el libro azul o rojo del buen legado chavista que los turistas recuerdan a su paso por la zona.

    El 23 de Enero se llamaba antes Unidad Residencial 2 de Diciembre, pero cambió su nombre después del 23 de Enero de 1958 cuando cae la dictadura de Marcos Pérez Jiménez gracias a un golpe de Estado gestado en este barrio tradicionalmente revolucionario.

    La Coordinadora Simón Bolívar es un emblema del 23. Juan Contreras es uno de sus militantes y portavoces más conocidos y acceder a él y a ellos es complicado. Hay que pasar el filtro del turismo auténtico con credencial de bolivariano o del periodista internacional recomendado. Además, nunca tienen mucho tiempo o si lo tienen no pretenden gastarlo en agentes externos, así que la paciencia es otra de las virtudes necesarias para poder conocer sus actividades.

    La Coordinadora Simón Bolívar
    © Sputnik / Esther Yáñez Illescas
    La Coordinadora Simón Bolívar

    La Coordinadora tiene una radio comunitaria que gestiona el propio Juan y que se llama "Al son del 23", un mercadito con precios solidarios los fines de semana, una escuela de idiomas, una librería y un hogar para perros y gatos. Además, hacen cerveza artesanal que venden para autogestionarse. "Vendemos botellas de un litro de cerveza y cuesta 30 mil bolívares (menos de un dólar y medio al cambio, mucho más barata que la cerveza industrial en la calle)", cuenta orgulloso Juan, enseñando sus botellas. "Tiene ocho grados de alcohol, la cerveza normal tiene cinco", añade como si fuese un aporte relevante.

    Al turista le gusta. Es como exótico. Los que llegan hasta el espacio custodiado por la  Coordinadora es por recomendación de camaradas comprometidos, sean o no venezolanos. Es decir, no sale en las guías de turismo oficial de Caracas. Para entrar allí, se presupone cierta confianza militante y al extranjero le suele dar placer beber una cerveza hecha en las entrañas de una comuna con tanta historia de guerra, también presente y futura.

    Juan Contreras con su cerveza artesanal en las manos
    © Sputnik / Esther Yáñez Illescas
    Juan Contreras con su cerveza artesanal en las manos

    Son Juan y todos sus compañeros y compañeras los que están preparados ante la amenaza latente de una intervención violenta contra Venezuela, que pretenda derrocar al actual presidente Nicolás Maduro. Ellos son el pueblo, y así lo asumen sin tapujos, que saldría a la calle sin dudarlo a defender su legado y que tanto la oposición venezolana como el gobierno de EE.UU han subestimado terriblemente.

    Al lado de la Coordinadora está el Bulevar Simón Bolívar, metido en mitad de un estacionamiento. Caminar por ahí es caminar con unos muchachos que custodian al turista sin que lo sepa, porque piensa que está tranquilo con su cámara de fotos en un lugar donde se hace barrio como en pocos lugares del mundo pero con ansiedad.

    En ese bulevar hay bustos de Simón Bolívar, Hugo Chávez, Francisco de Miranda, Ezequiel Zamora y Manuel Marulanda, entre otros. Es el único lugar del mundo donde hay un busto del que fuese uno de los fundadores de las FARC. Los murales alusivos a los líderes revolucionarios patrios y extranjeros (incluido Raúl Reyes y otros que dibujan los procesos revolucionarios de Centroamérica de los años setenta y ochenta) completan el cuadro junto a varios negocios que conviven con estas particularidades. Al final del bulevar, unos niños están jugando al fútbol y unos viejos están escuchando salsa en un café mientras miran pasar la mañana del sábado.

    El busto de Manuel Marulanda en el bulevar Simón Bolívar
    © Sputnik / Esther Yáñez Illescas
    El busto de Manuel Marulanda en el bulevar Simón Bolívar

    Ocio chavista en el eje del buen vivir

    El "buen vivir" es un concepto que se inventó Chávez y que no tiene mucho misterio. Como su propio nombre indica, se trata de conseguir una filosofía de equilibrio perfecto en la vida: vivir bien, con las necesidades básicas cubiertas y con tiempo para el ocio y el disfrute, que también son fundamentales para el pleno desarrollo individual y colectivo de una Revolución cuyos seguidores reivindican bailada.

    De esta manera se inauguró la zona conocida en Caracas como "el Eje del Buen Vivir", un paseo junto al teatro Teresa Carreño lleno de bares y locales que han estado de capa caída por la crisis pero que comienzan a revitalizarse con propuestas interesantes.

    "El espacio público vacío tiene múltiples enemigos", dice Marielisa Álvarez, una de las cooperativistas del Utopía Bohemia, uno de los bares del Eje que está pegando fuerte desde que se reinventó a sí mismo hace menos de un año. "La inseguridad, el hastío, enemigos corporativos, o que las instituciones dejen de atender estos espacios, simplemente porque la gente no está aquí", señala.

    El bar Utopia Bohemia
    © Sputnik / Esther Yáñez Illescas
    El bar Utopia Bohemia

    El Utopía Bohemia es un espacio colectivo, "una bohemia para Caracas", donde confluyen la cultura y la política a partes iguales. "Es también feminista y antirracista, y la clave para que funcione es la colaboración con los otros espacios de ocio que hay en el Eje. Saber que no estamos solas, que todos estamos enlazados en una cultura de red y que eso solo es un ganar-ganar", añade Alexandra Armas, compañera de Marielisa.

    Las dos mujeres explican que han creado una nueva etapa en el bar a partir de experiencias. Y de esta manera se han convertido en un punto de referencia y de encuentro de un público chavista (o no) que tiene ganas de hacer su propia revolución sin lamentos. Cada viernes, el Utopía ofrece una "nueva fantasía, una nueva alegoría", explican. Hacen fiestas temáticas por países o por folclore y adaptan la gastronomía y los licores de la noche a la jornada.

    Es, de hecho, viernes por la noche y hay salsa. El salón, que es la calle al aire libre, está lleno de gente bailando lo más suyo que es la salsa Caribe en vivo. Para beber, hay mojitos de cocuy (un licor tradicional típicamente venezolano) y cerveza de la casa. Para comer, hamburguesas vegetarianas y tequeños, que son los fingers (dedos) de queso del país.

    Junto al Utopía Bohemia, otros bares como La Patana, que comenzó su andadura en el Estado Mérida hace veinte años y donde hay música en vivo cinco días a la semana; o el Ajíes, donde la salsa es religión y el turista podrá comer las mejores hamburguesas con la mejor carne macerada artesanalmente (damos fe) de la ciudad; aunque no se cuente en las guías tradicionales de ocio donde de hecho, recomiendan no acercarse mucho a esta zona cuando cae el sol. Por la temida seguridad, excusa recurrente para no vivir Caracas como se merece ser vivida y revivida mil y una noches al año.

    Hay otros puntos clave en la ruta de turismo político chavista: el Panteón Nacional, donde están los restos del libertador Simón Bolívar, la misma Plaza Bolívar, centro total de Caracas con un rincón tremendamente random que llaman "La Esquina Caliente". Allí, el chavismo eterno se junta a charlar y a ver por televisión en la calle las sesiones de la Asamblea Nacional Constituyente. El café Artesano, donde hacen embutidos artesanales y ponen uno de los mejores golfeados (dulce típico) con queso y (mucho) papelón (panela) de la ciudad; La Lapa, otro bar de la zona, escondidísimo, que cierra temprano y hace pizzas baratas y sabrosas; o la tienda por excelencia de souvenirs chavistas. Es el único comercio de la ciudad donde el interesado podrá comprar recuerdos revolucionarios.

    El negocio en cuestión está metido en un bulevar comercial frente al edificio de la Cancillería y lo lleva desde hace 11 años José Moreno, que dice de sí mismo que es "revolucionario de nacimiento, corazón en la izquierda y sangre roja rojita".

    En la tienda hay verdaderas joyas imperdibles que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo: camisetas, tazas, bolígrafos, llaveros, chaquetas deportivas con los colores de la bandera venezolana; y lo que todos los enseres tienen en común son los eslóganes patrios bolivarianos y las imágenes de Hugo Chávez por doquier.

    Caracas vive a caballo entre lo que dicen que es, lo que una vez fue, y lo que pretende ser en una era de reinvención sin límites por imposición. Es una ciudad decadente, fotogénica y ambigua, caprichosa y orgullosa de ser la única capital de América Latina que aportó nueva historia política y una neo cultura de organización comunal. Ser chavista es mucho más que una ideología de base. Es una identidad cultural que emana casi tintes religiosos, y no solo porque haya que mantener una fe ciega en un mito virtuoso que funcionó en casi todo pero que ahora busca desesperado cómo sortear los golpes ajenos y propios.

    El chavismo que resiste es inexplicable para casi todos y hace a Caracas única al margen de sus rutas más o menos turísticas, porque le pone las escarpias de punta al vello de los brazos revolucionarios o no; y remueve el ajedrez mundial del establishment de manera irremediable. Bienvenidos.

    Etiquetas:
    Hugo Chávez, Caracas, Venezuela
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