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    Armando Martínez acaba de ganar el premio a la 'foto oportuna' del Premio Nacional de Periodismo y, en diálogo con Sputnik, contó cómo es cubrir hechos policiales en una de las ciudades más grandes y violentas del mundo.

    Seguramente Armando Martínez no imaginó, cuando comenzaron a mandarlo a cubrir detenciones de la policía capitalina, que diez años más tarde ganaría un Premio Nacional de Periodismo 2019 por una de sus fotografías.

    La imagen muestra a un hombre prendido fuego, una escena similar a la que también le dio un premio al venezolano Ronaldo Schemidt pero ocurrida en la colonia Juárez, en el corazón de Ciudad de México. Es el desalojo de la comunidad Otomí de las instalaciones de la antigua sede de la República Española en México que llevan veinte años ocupando ese espacio y exigiendo a la autoridad una respuesta digna a su permanencia en la zona central de la capital.

    El premio que ganó este fotógrafo mexicano —que lleva casi una década cubriendo la policiaca para El Gráfico, una publicación del diario El Universal— es a la 'foto oportuna' y según él entiende, es un reconocimiento a "la constancia de estar buscando el momento".

    Armando Martínez, fotógrafo del periódico El Grafico, posa con su cámara durante horas de trabajo
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Armando Martínez, fotógrafo del periódico El Grafico, posa con su cámara durante horas de trabajo

    "Es un chavo (muchacho) incendiándose porque quiere prender a los policías. Lo que hacía era aventarles gasolina por arriba de una barda, pero también se rociaba él, entonces cuando aventó el cerillo, él se incendió", explicó Martínez a Sputnik.

    "Premeditas la acción que puede salir en la foto, porque esos segundos son nada", agregó.

     Armando Martínez, fotógrafo del periódico El Grafico, se prepara para salir de la sala de prensa al recibir una alerta
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Armando Martínez, fotógrafo del periódico El Grafico, se prepara para salir de la sala de prensa al recibir una alerta

    ¿Cómo trabajan 'los once' en Ciudad de México? 

    En algún momento, una década atrás, los reporteros de la fuente policiaca se reunían en la calle, antes de que la violencia subiera de nivel. Ahora, pasan sus horas muertas en un salón lateral de la Procuraduría General de Justicia de Ciudad de México hasta que llega un aviso (un muerto, un accidente, cosas que jamás se mencionan así, sino en un código particular) y aunque cada quien trabaje por su cuenta, siempre terminan haciéndolo en conjunto, como un ballet que se transforma en una carrera en moto. 

    "Siento que el olfato periodístico no se aprende, es como bailar. Hay muchas clases de baile, pero si no tienes ese feeling, ese ritmo, no te sale. Aquí es lo mismo, te tiene que gustar para que sientas ese olfato", dijo. 

    Un olfato que solo se desarrolla en la calle y, con el tiempo, "se va haciendo más agudo", explicó Martínez. 

    Lo primero es entender qué quiere el editor y estar ampliamente informado de lo que los medios publican diariamente. "Leer mucho periódico, de muchos tipos, no nada más el de nota roja", que brinde un abanico amplio de información para poder relacionar y jerarquizar la que les llega por grupos de whatsapp y si vale la pena ir o no a cubrir un hecho fotográficamente. 

    "El trabajo en la calle es sumamente complicado. Tienes que estar cien por ciento alerta y no puedes bajar la guardia ni un momento", advirtió. "A mí me golpearon y me quitaron mi equipo justamente por eso: por no escuchar".

    Armando Martínez, fotógrafo del periódico El Grafico, acude en motocicleta a un accidente automovilístico
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Armando Martínez, fotógrafo del periódico El Grafico, acude en motocicleta a un accidente automovilístico

    Sangre fría: fotografiar la escena de un crimen

    Martínez trae mucho equipo distribuido en los compartimientos del chaleco que carga frente al pecho: los lentes y el cuerpo de la cámara, además del celular y un par de radios que tiene a la altura de los hombros. 

    "Vas aprendiendo poco a poco de esas experiencias que todos te cuentan cuando llegas aquí. La primera vez que llegué a tomar una escena de cadáver, yo me sentía como 'la prensa' y que iban a abrir así —dice Martínez moviendo los brazos como si abriera un portón de doble hoja— y pues, no es cierto. Eres un ser incómodo para esa realidad", admitió.

    El rechazo no viene solo de la presencia de las corporaciones armadas policiales, el Ejército y la recientemente creada Guardia Nacional, sino también de que cada uno de esos muertos tiene algún hermano, madre o amigo presente en la escena del crimen.

    "Debe ser difícil guardar la compostura para con un extraño que quiere fotografiar a tu familiar. Yo lo entiendo y por eso no juzgo. Si yo estuviera en sus zapatos, tal vez estaría peor que la gente que nos agrede", explicó. 

    Sin embargo, los 'once' (la forma de referirse a los reporteros de la roja en ese código propio que utilizan) tienen una manera de trabajar en ese tenso ambiente: "Lo que yo intento es tratar de ser invisible. Se oye fantasioso pero ese es nuestro trabajo: ser más astutos que el contexto que estamos viviendo".

    Armando Martínez, fotógrafo del periódico El Grafico, acude a fotografíar la ejecución de un joven en la colonia Santa Martha Acatitla
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Armando Martínez, fotógrafo del periódico El Grafico, acude a fotografíar la ejecución de un joven en la colonia Santa Martha Acatitla

    Los maestros del oficio

    Martínez dice que lo importante es estar aprendiendo siempre y recordó una charla que tuvo con Schemidt y cómo el venezolano le platicó que él sabía que aquel manifestante se iba a prender fuego. Entonces calibró su cámara, se acomodó y esperó. Cuando Martínez vio al chavo en la Juárez queriendo prender fuego a los policías, recordó esa conversación e hizo lo propio. 

    "O somos abiertos al conocimiento o nos cerramos. La clave es que aprendas de los mismos compañeros y así uno se hace más fuerte en sus debilidades", aconsejó.

    Luis Barrera, fotógrafo de La Prensa, intenta tomar fotografías de tres personas detenidas en operativos contra el narcomenudeo en la ciudad de México
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Luis Barrera, fotógrafo de La Prensa, intenta tomar fotografías de tres personas detenidas en operativos contra el narcomenudeo en la ciudad de México

    "El otro día, por ejemplo, le pregunté a Jair Cabrera (fotógrafo mexicano freelance por qué no se metía (a trabajar fijo) en un periódico y lo que él me dijo fue 'no, carnal, (hermano) yo quiero brillar por mi nombre, no por un periódico. No quiero ser el fotógrafo de tal'. A mí, esos son ejemplos que me hacen pensar", dijo Martínez. 

    Esa forma de pensar ha enriquecido su trabajo y hace que sus fotos de hace diez años no tengan nada que ver con las que hace ahora. 

    El fotógrafo apuntó que aunque suele denostarse públicamente a los periódicos de nota roja, no hay un fotógrafo que no haya hecho escuela en la escena de un crimen o un accidente fatal. "Documentar hechos de violencia te da parámetro de alertas de lo que sucede en la ciudad", opinó.

    Armando Martínez, fotógrafo del periódico El Grafico, acude en motocicleta a una emergencia tras la ejecución de un joven en la colonia Santa Martha Acatitla
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Armando Martínez, fotógrafo del periódico El Grafico, acude en motocicleta a una emergencia tras la ejecución de un joven en la colonia Santa Martha Acatitla

    Martínez confesó que hay varios fotógrafos mexicanos que considera sus maestros: Alfredo Domínguez y Fernando Ramírez, son dos de ellos. 

    "De Alfredo aprendí la paciencia. Es un hombre sumamente tranquilo, aparentemente, porque no lo es", dijo, sonriendo.“Es un tipo muy fuerte pero con mucha paciencia. Te explica cosas que están ahí y ves pero no entiendes. Él tiene el tiempo y las ganas de enseñar", agregó. 

    De Ramírez, ya retirado de la cobertura policiaca, Martínez aprendió "la chispa": "Es un hombre ágil mentalmente, que en su momento también tuvo el Premio Nacional de Periodismo", explicó. 

    Por último, mencionó entre sus maestros a Luis Barrera, que en el momento de esta entrevista fumaba uno de sus incontables cigarrillos en el pequeño patio donde esperan las motos el momento de salir en búsqueda de la foto del día. 

    "Barrera es también muy importante", valoró. "Siempre es una persona que tiene ganas de transmitirte su conocimiento, nunca se mete en problemas con nadie y siempre es el que nos une. Podemos tener un problema con alguien pero él siempre es el enroque de la amistad y la convivencia", destacó. 

    Fotógrafos de la fuente policíaca de la Ciudad de México ven un accidente automovilístico desde un puente peatonal
    © Sputnik / Eliana Gilet
    Fotógrafos de la fuente policiaca de la Ciudad de México ven un accidente automovilístico desde un puente peatonal

    Esas cosas se vuelven fundamentales ante las descargas de presión y adrenalina que son parte fundamental del trabajo de los 'once' y que rápidamente les cobra factura en su cuerpo y en su salud.

    "Cuando entré no tenía ningún problema de gastritis y en un año el estómago me reventó. Empecé a subir de peso, porque comes mal; no duermes por el estrés. A veces te toca cubrir algo fuerte y llegas a tu casa y no puedes bajar los decibeles. En una época me dio vértigo, como respuesta de mi cuerpo al exceso de adrenalina", describió el fotógrafo. 

    Gracias a ellos y a su desgaste, los demás periodistas tienen acceso a una parte de las miles de situaciones límite que suceden a diario en una metrópoli de más de 20 millones de personas (entre la capital y sus municipios conurbados). Los lectores lo saben bien: los periódicos de nota roja alimentados por estos fotógrafos son los más vendidos (y leídos) de Ciudad de México.

    "No estamos por dinero, no es lo que ganamos trabajando, es porque lo queremos hacer. Si preguntas aquí, a todos les gusta el ambiente. Pero hay otra gente que llega un día y se va, no les gusta la presión, ni ir rápido en la motocicleta, no les gusta nada. Ha habido fotógrafos muy buenos que no se quedan", explicó la fuente.

    "Para nosotros, es nuestra forma de vida. Yo no podría estar ocho horas en una oficina, mi oficina es la calle", concluyó.

    Etiquetas:
    crimen, fotografía, periodismo, México
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