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    Una cruz católica. Imagen referencial

    La cúpula católica en Venezuela, de espaldas a sus fieles y afín a una salida violenta

    CC0 / Pixabay
    América Latina
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    Marco Teruggi
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    La cúpula eclesiástica venezolana ha tenido posiciones abiertamente golpistas en Venezuela. En diálogo con Sputnik, el sacerdote Numa Molina analiza el contraste entre el grueso de fieles y la jerarquía, afín a una salida violenta que sería "entrar al infierno".

    Las imágenes de obispos bendiciendo a células armadas de la derecha fueron la condensación de una historia de oposición de la cúpula eclesial al proceso chavista. "Fue la arrogancia poniéndose del lado de los violentos, de las clases dominantes que quieren oprimir al pueblo a través de esos procesos de violencia", reflexiona el sacerdote jesuita Numa Molina al recordar esas escenas del año 2017.

    Molina es además comunicador y acompaña barriadas pobres de Caracas. Es una de las principales voces de ese conjunto amplio que llama iglesia y que tiene una mirada crítica sobre la jerarquía: "La iglesia es el pueblo de los bautizados que son cristianos y cristianas y luchan y sueñan cada día. La iglesia no son los obispos y los curas solamente, esa es la jerarquía, una clase muy mínima que está llamada para el servicio".

    Esa cúpula ha estado en su gran mayoría de espaldas al chavismo, tanto a sus presidentes como a los millones que se han reconocido en ese movimiento de transformación. Al mirar en perspectiva, Molina resume ese papel como "de oposición al proceso revolucionario; el pueblo no, el pueblo ha entendido por dónde va, pero esa parte jerárquica no ha entendido la necesidad de independencia, liberación, de las luchas emancipadoras". 

    Un pueblo llano creyente

    Venezuela ha sido tradicionalmente un país católico. "Fue un emporio de catolicismo y religiosidad popular, que está presente en el pueblo sencillo, que cree en las procesiones", explica el sacerdote. Manifestaciones como los Diablos Danzantes del Corpus Cristi y la Parranda de San Pedro —reconocidas como patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco— son algunas de sus representaciones más conocidas.

    El mismo Hugo Chávez, así como el presidente Nicolás Maduro, era cristiano perteneciente a la Iglesia Сatólica. "Chávez no se quedó peleándose con una minoría de los católicos, sino que se fue adonde estaba la mayoría, el pueblo llano; con ellos hizo comunidad, vivió su condición de católico en la iglesia, habló de Cristo hasta el final".

    Ese rol de oposición de la cúpula ha dañado al mismo catolicismo. Según Molina, muchos creyentes se han alejado de las misas por convertirse "en una tarima desde donde se habla mal del gobierno todos los domingos". 

    Las misas del sacerdote jesuita son televisadas los domingos a las 6 y 9 de la mañana por dos canales del Estado. Varias personas con las que conversa han optado, cuenta, por verlo por televisión en lugar de ir a la iglesia debido a que ya no son "escuelas de formación en valores cristianos".

    El impacto sobre la Iglesia Católica ha sido grande: "Mucha de la gente abandona la iglesia para quedarse sin ningún credo religioso, y otros para pasarse a las iglesias evangélicas o a las religiones ancestrales, la santería", explica. Es una de las causas del descenso del catolicismo en la sociedad venezolana.

    No es la única. El sacerdote también lo atribuye a un diseño norteamericano iniciado en los años 60, en tiempo de Nixon, cuando los estudios de varios especialistas concluyeron que uno de los factores de cohesión latinoamericana era la religión. No era cualquier tiempo, sino el del apogeo de la 'Teología de la Liberación', de confluencia entre sacerdotes y movimientos de liberación, con momentos fundantes como la Conferencia de Medellín en 1968.

    "Mandaron las iglesias 'made in USA': los primeros fueron los mormones, luego las sectas, que no son iglesias constituidas, que llegaron a América Latina para dividir al pueblo", analiza Molina. La iglesia católica se ha debilitado. Pero su peso simbólico no ha desaparecido.

    Los diálogos 

    Existe una dimensión de los diálogos que el sacerdote subraya como necesario: el de las comunidades. Parte de la apuesta del desgaste prolongado, los ataques sobre la economía, la bendición de la violencia opositora por parte de obispos, es fragmentar el tejido social, deshacerlo hasta el punto de quiebre sin retorno. 

    "Necesitamos sensatez, y comienza por el encuentro entre los distintos y los iguales, pero los distintos que son capaces de pensar y mirar las cosas tal como son. Algo que nos está afectando tremendamente en este momento es la falta de honestidad con la realidad, la vemos y somos capaces de cambiarla totalmente, y si es de noche decir que era de día", apunta el sacerdote.

    Molina señala "la cultura del encuentro que está promoviendo el Papa Francisco" y la necesidad de ponerla en práctica "de manera horizontal" en comunidades, consejos comunales, comunas.

    "Creo en el diálogo de las bases, me preocupa cuando las cúpulas se quedan dialogando solas y abajo está el pueblo que es la mayoría. No podemos quedarnos solamente en una cúpula dialogante, ¿es que yo no tenga capacidad de dialogar como pueblo y hacer tejidos de entendimiento de paz en favor del país, del municipio, del barrio, de la comuna?", señala.

    Esa resolución en el terreno del encuentro y la paz es esencial. En particular porque existen fuerzas políticas que apuestan a lo contrario. La Conferencia Episcopal parece encaminarse por esa mirada: "De acuerdo a sus últimos escritos y las declaraciones que ha dado sus directivos, sí hay un interés en ponerse del lado de los grupos más radicales del país que buscan salir de la crisis por la vía de la violencia", afirma Molina. 

    El bloqueo y el Vaticano

    ¿Cómo se dialoga cuando existe un bloqueo para asfixiar a una sociedad? Numa Molina no duda en calificar las acciones de EEUU como crimen de 'lesa humanidad'. "No tiene otro nombre", asegura.

    "Lo único que les interesa son los recursos naturales venezolanos, no les interesa el pueblo venezolano. En estos días ha quedado claro, por las revelaciones de Mike Pompeo cuando dice que lo venían haciendo desde hacía rato para implosionar Venezuela. ¿Dónde quedan el derecho internacional y a la autodeterminación?", señala.

    El sacerdote jesuita ha llevado el tema en su visita al Vaticano a principios del mes de junio. Allí tuvo una "breve" entrevista con el Papa, le entregó "un pequeño informe en el que le contaba con realismo lo que aquí estaba pasando" y se reunió con el secretario de Estado. 

    Además del bloqueo, Molina planteó otros dos puntos: el diálogo y la cuestión humanitaria. "Sería una necedad preguntarle al Papa si quiere que dialoguemos, si todos los días invita al diálogo, eso es parte de lo que enseña como Papa y está consagrado en una de las exhortaciones apostólicas, el diálogo social, los pueblos, los gobiernos. Tenemos que dialogar", explica. 

    Sin embargo, también señala que la posición del Vaticano en estos diálogos es, por el momento, de observación. “Creo que la experiencia de participar en diálogos anteriores fue bastante desagradable, sé que incluso el representante que el Papa mandó para participar en la mesa de diálogo fue agredido verbalmente por un miembro de la oposición". 

    Todavía resulta incierto saber qué sucederá con los diálogos. ¿Qué hará el Vaticano? "Hasta ahora Francisco, que es el que tiene la última palabra, no se ha pronunciado al respecto", afirma Numa.

    Lo que es seguro es que la salida necesaria es a través de los acuerdos y no con violencia: "por esa vía no a salir nadie de la crisis, por esa vía entramos en un infierno".

    Etiquetas:
    Nicolás Maduro, Iglesia Católica, Venezuela
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