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    Disparo en el vidrio de un automóvil en México

    ¿A quién le conviene que México sea un país violento?

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    Durante la última década, el país latinoamericano incrementó su tasa de violencia más que cualquier otro del hemisferio. Analizamos las causas, consecuencias, intereses ocultos y medias verdades de esta situación.

    Son cada vez más los artículos periodísticos e informes académicos que dan cuenta sobre la creciente problemática que vive México respecto a la violencia, y no solo la generada por las organizaciones criminales. Hablamos de violencia de género, de la familiar, en las escuelas, sobre abusos infantiles, de las autoridades, en las cárceles, sobre justicia por mano propia, hacia periodistas y muchas otras formas que adopta este fenómeno.

    Así lo documentó el informe “Organized Crime and Justice in Mexico” o “Crimen organizado y justicia en México”, de la Universidad de San Diego, Estados Unidos, en colaboración con la UNAM, la Universidad de Guadalajara, la Universidad Autónoma de Nuevo León, y la Universidad Autónoma de Puebla.

    En sus páginas se advierte que fue durante la presidencia de Felipe Calderón (2006-2010) cuando todo comenzó a empeorar. Bajo su Administración se cometieron dos asesinatos por hora. Ningún otro país del hemisferio experimentó durante ese período un aumento de estas características en las tasas de homicidio, ni en el número total de los mismos, 121.669.

    “Durante su mandato se inició una transformación de los mecanismos de seguridad y las formas de garantizarla. Cuando declaró el uso de las Fuerzas Armadas para la seguridad interior detonó un mecanismo de persecución de delitos bajo un esquema de guerra. Lo que antes se atendía con policías comenzó a ser atendido con fuerzas que están entrenadas para matar”, dijo a Sputnik Daniel Inclán, miembro del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

    Otro proceso a tener en cuenta a la hora de evaluar la profundización de la violencia en territorio mexicano es, para Inclán, la especialización de grupos criminales en el uso de armas de fuego sofisticadas.

    “Hay un alto tráfico de armas de fuego de uso exclusivo de fuerzas militares de EEUU a México, y son las que están operando las organizaciones delictivas. Cada vez más las utilizan de manera semiprofesional o profesional”, explicó.

    Es a partir de este fenómeno que surge, hacia los años 90, la figura del ‘gatillero’: individuos con vasta experiencia en el uso de armas contratados como una especie de “tercerización de tareas”. Con el tiempo estos mismos individuos formaron sus propias organizaciones criminales.

    Esto modificó el abanico de negocios criminales, ya no solo se concentraron en el tráfico de estupefacientes sino que sus tentáculos se extendieron hacia la trata de personas, el tráfico de especies animales y vegetales, entre otros.

    “Las organizaciones criminales, al igual que las corporaciones, necesitan diversificar sus actividades para maximizar las ganancias”, sostuvo Inclán.

    Otro factor que incide es el impacto de la geopolítica como motor del espiral de violencia.

    “La mayor cantidad de estupefacientes que se producen en este país van a EEUU, la mayor cantidad de especies que se trafican van a ese mismo destino y Europa, al igual que la mayor parte de la trata de personas. Son dinámicas donde los países latinoamericanos proveen ‘mercancías’ a un costo social muy elevado”, indicó el investigador.

    Otro dato que arroja el estudio es el descenso de la ayuda internacional en forma de donaciones.

    “La Administración Trump cambió la agenda política y desde entonces EEUU no provee más ayuda económica a los países donde consideran que existen condiciones profundas de violencia hasta que no haya una transformación interna”, agregó.

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    Usó el ejemplo del Centroamérica, donde EEUU retiró todo su apoyo, provocando un aumento en el número de migrantes que buscan refugio en su territorio.

    “Así justifica su discurso [antiinmigrante], uno de los caballos de batalla del presidente estadounidense. En períodos electorales le sirve reforzar esta idea”, recalcó Inclán.

    Según el último informe sobre tasas de homicidio realizado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNDOC, por sus siglas en inglés) en Suramérica Venezuela, con una tasa de más de 56 asesinatos anuales por cada 100.000 habitantes,  Brasil con casi 30 y Colombia más de 25, superan a México, con 19,2.

    Por eso el texto “Organized Crime and Justice in Mexico” alerta sobre la utilización política de los índices de violencia. Como ejemplo cita al Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, que sugería en 2017 que México era el segundo país más violento del mundo después de Siria. Subraya que estas afirmaciones son infundadas y sostiene que fueron utilizadas por Donald Trump para “multiplicar el miedo y la animosidad” hacia su vecino del sur.

    La propuesta de México como emblema de la violencia en el continente no es inocente y tras ella se esconden oscuros intereses.

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    “En el ámbito internacional se generan ciertos tipos ideales, en este caso negativo, para construir la idea de que en esta geografía casi se tendría que agradecer que vengan inversores extranjeros. Esto a su vez implica que las corporaciones pueden exigir condiciones más favorables para su desembarco. Se trata de una estrategia cultural por que México no deja de ser uno de los países con mayores recursos de la región”, concluyó.

    Etiquetas:
    armas, EEUU, crimen organizado, violencia, México
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