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    Una cancha de fútbol (imagen referencial)

    "Canchas de fútbol vuelven a ser escenario de masacres en Centroamérica"

    CC0 / Pixabay
    América Latina
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    SAN SALVADOR (Sputnik) — Una masacre perpetrada contra aficionados de un equipo de fútbol de barrio en Guatemala puso nuevamente de luto las canchas centroamericanas, cuyo propósito de afianzarse como espacios de convivencia es saboteado por la interminable guerra territorial entre las "maras" (pandillas).

    El incidente ocurrió poco antes del comienzo de un partido femenino en la colonia Santa Isabel I, de la ciudad de Villa Nueva (sur): cinco personas murieron y una quedó herida en una intensa balacera, todos seguidores de un club conocido como El Combo, víctima hace dos años de un episodio similar, según informaciones de la Policía Nacional Civil y el Ministerio Público.

    Las víctimas, dos de las cuales recibieron un tiro de gracia, desplegaron en su sección de gradas varias mantas en memoria de los cuatro jugadores asesinados de la misma manera, en pleno partido y en la misma cancha, el 6 de junio de 2017.

    El fenómeno de los homicidios relacionados con el fútbol barrial en Centroamérica fue abordado por el periodista español Alberto G. Palomo en su reportaje "Jugarse la vida en una cancha", en el que señala cómo "un paso en falso, un imprevisto entre rivales de plomo conlleva la posibilidad de lamentar muertes".

    "Centroamérica —y, sobre todo, este triángulo de pandillas y narcotráfico en la ruta hacia México— es una región volcánica tanto en la geografía como en la fácil erupción de la muerte. El fútbol calma sus ansias, pero también exhala los males sociales", dice Palomo en el texto publicado por la revista Líbero.

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    Así, en el fútbol puede desatarse una tragedia por el color del uniforme, e incluso por el número al dorsal: en países donde reinan las maras Salvatrucha y Barrio 18, usar el susodicho número, el 13, o algún otro que termine en 3 u 8 puede costarle la vida al portador, al ser asociados a pandillas rivales.

    "Un árbitro de un cantón no va a otro, porque se arriesga a que lo maten. En ligas más pequeñas tiene mejor solución, pero esa concentración de 40 personas entre jugadores, mujeres, niños y equipo técnico, se convierte en algo muy peligroso", le cuenta el reportero salvadoreño Santiago Sagastizado a Palomo.

    Peor situación enfrentan los árbitros, cuya imagen de villanos los obliga a cobrar con cautela, por lo general sin irse a otros territorios y cuidándose de pitar alguna falta o de expulsar a quienes pertenezcan a alguna "clica" (banda), so pena de irse sin paga, o peor, con un balazo.

    El Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador) reportó unos 11.000 asesinatos en 2018, cifra inferior al 2017, pero el triple de lo que el Sistema de las Naciones Unidas considera una "epidemia de violencia". 

    Etiquetas:
    masacre, fútbol, Centroamérica
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