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    De Uruguay al mundo: las palabras y las cosas, o cómo hacer poesía estando preso

    CC0 / Pixabay
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    En esta pequeña cárcel del interior de Uruguay, el 96% de las personas recluidas realizan algún tipo de actividad laboral, educativa o recreativa. Uno de ellos es Diego Rúa, que con 37 años terminó la secundaria y participó en el libro ‘Miradas de luna blanda', en el marco de un taller literario que sirvió como "espacio de escucha y desahogo".

    La cárcel de Durazno (oficialmente Unidad de Internación de Personas Privadas de Libertad N°18) es una de las de tamaño mediano en el país, allí hay 113 hombres y mujeres distribuidas en seguridad media y mínima. De ellas, 108 están trabajando o estudiando, aseguró a Sputnik el cabo Jesús Gérez, director de la cárcel.

    "Acá desde el primer momento en que entrás tenés la posibilidad de trabajar, estudiar, de redimir la pena, pero más que nada de tener la cabeza ocupada. También tenés la posibilidad de pensar, porque es fundamental", dijo Rúa a Sputnik.

    Es una de las 15 prisiones (de las 29 que hay en Uruguay) que la oficina del comisionado parlamentario penitenciario marcó con un punto verde en su informe anual (2017- agosto 2018). El verde significa que hay "buenas oportunidades de integración y rehabilitación".

    Según se describe en el informe del comisionado parlamentario, allí hay espacios abiertos, deportivos y productivos, y un sector femenino ubicado en una pequeña casa con autonomía y buenas instalaciones. "Es notorio en la unidad un buen clima de convivencia y una importante presencia de los directores con conocimiento de los internos y sus necesidades", se agrega.

    Artesanías y objetos elaborados por personas privadas de libertad en la Unidad N° 18 del Instituto Nacional de Rehabilitación de Uruguay
    © Foto : Cortesía de Jesús Gerez
    Artesanías y objetos elaborados por personas privadas de libertad en la Unidad N° 18 del Instituto Nacional de Rehabilitación de Uruguay

    "Si yo hubiese ido a parar a una cárcel grande —continuó Rúa-, no hubiese tenido la posibilidad de tener, primero el crecimiento interior, y después, las posibilidades que tuve acá".

    Rúa considera que su crecimiento interior también está relacionado con la experiencia de trabajo en el taller literario.

    "Cosas que te hagan volar la mente siempre ayudan […] para mí el taller fue buenísimo, la necesidad que tenemos las personas, y más las que estamos en este contexto, de hablar con alguien, y lo que es el trato de todos los días, por más que hay operadores [penitenciarios], gente que está todo bien, la vorágine del día no te permite hablar ciertas cosas que en el taller sí", contó.

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    En ese sentido, el orientador del taller, Heber Souza Balsamo, escribió en el prólogo del libro que "la palabra como herramienta transformadora es la que nos anima a esta experiencia literaria", y que a través de su empleo, se intenta "despertar en los integrantes del taller la sana expresión de sus sentimientos, su interpretación del mundo".

    Según contó Rúa, la dinámica del taller se basó en la escucha y en el aprendizaje de características generales y reglas de la prosa poética.

    "Siempre tuvimos un oído", dijo Rúa. "Siempre tenés una persona que vos sabés que te está escuchando, por más que no te diga nada, es de las cosas más lindas, porque no estás solo", agregó.

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    El taller literario en el que partició Rúa y otras nueve personas privadas de libertad se inscribe en el proyecto interinstitucional Aula Móvil, con aportes de los Fondos de Iniciativa Juvenil del Instituto Nacional de la Juventud y del ministerio de Desarrollo Social, apuntalado por la Dirección General de Promoción Social de la Intendencia de Durazno.

    El libro Miradas de luna blanda fue presentado en la Feria del Libro y las Artes que organiza la Intendencia de Durazno, en noviembre de 2018.

    Etiquetas:
    presos, literatura, educación, cárcel, Oficina del comisionado parlamentario penitenciario de Uruguay, Uruguay
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