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    Jair Bolsonaro, diputado y exmilitar brasileño

    Los votantes del ultraderechista brasileño Bolsonaro no son ideológicamente homogéneos

    © AFP 2018 / Apu Gomes
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    RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — Los votantes del dirigente de la ultraderecha brasileña, el diputado Jair Bolsonaro, candidato a la presidencia de Brasil, no tienen una orientación política definida ni están necesariamente radicalizados, dijo a Sputnik la socióloga Esther Solano.

    "Ciertos sectores no encuentran una explicación clara y piensan que se trata de electores muy radicalizados, pero no es verdad, no se trata de una masa homogénea", la que se manifiesta a favor de Bolsonaro, explicó la docente de la Universidad Federal de Sao Paulo.

    Solano entrevistó a decenas de los electores de Bolsonaro y llegó a la conclusión de que este auge del "neofascismo" que vive Brasil tiene mucho que ver con fenómenos recientes a nivel global, como el ascenso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, según explicó la especialista a esta agencia.

    Bolsonaro, militar en la reserva y candidato presidencial por el Partido Social Liberal es el favorito en todas las encuestas de cara a las elecciones de octubre de no presentarse el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011).

    El diputado no disimula sus ideas racistas, machistas y homófobas, y a pesar de ello, o quizá gracias a ello, es el favorito para 16,7% de los brasileños, según una encuesta de Confederación Nacional del Transporte divulgada esta semana.

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    El diputado está muy por detrás de Lula, que tiene 32,4% de las intenciones de voto, pero el líder de la izquierda cumple una condena de 12 años y un mes de cárcel por corrupción y es poco probable que pueda presentarse a los comicios, dado que la ley brasileña impide que candidatos con condenas en segunda instancia compitan para la presidencia.

    Su suerte la decidirá la justicia electoral a partir del mes de agosto.

    Demócratas ambivalentes 

    Sin Lula, Bolsonaro destaca muy por delante del resto de sus adversarios moderados, y para Solano hay una mezcla de factores que explican esta situación, empezando por la crisis que vive la democracia representativa en el mundo, que se une a la crisis política y económica que vive Brasil, lo que asegura es un cóctel explosivo.

    Para la socióloga, las crisis generan "demócratas ambivalentes" que cuando perciben algún fallo en el sistema están dispuestos a apoyar regímenes totalitarios, explicó, en referencia a que parte de los que apoyan a Bolsonaro defienden que los militares tomen el Gobierno en Brasil.

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    El fortalecimiento de la extrema derecha también es resultado de una nostalgia de un pasado que era "más ordenado, más fácil de procesar", y donde esas personas que ahora están dispuestas a votarle se sentían "más seguras".

    "Mucha gente se siente amenazada por la lucha feminista, por el movimiento negro, por el movimiento LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales), sienten que el "status quo" está amenazado y que Bolsonaro es la única posibilidad de restaurar la jerarquía social, de traer los valores de vuelta", apunta la profesora.

    Bolsonaro usa un lenguaje "mesiánico" que conecta con un rasgo genuino de las democracias latinoamericanas, la búsqueda de "salvadores de la patria", lo que en parte explica que entre sus electores haya antiguos votantes desencantados con Lula, por ejemplo, a pesar de pertenecer a universos ideológicos opuestos, continuó la especialista.

    Para Solano tampoco hay que ignorar el discurso del miedo, que caló con fuerza en un país que registra 60.000 homicidios por año y que se siente huérfano de políticas de seguridad pública efectivas.

    Frente a ello, Bolsonaro promete mano dura: armar a toda la población y endurecer las penas, y hace suya la frase popular que dice que "el buen bandido es el que está muerto".

    Puede tratarse de un discurso radical, pero es un discurso al fin y al cabo, apunta la profesora.

    "La izquierda debería hacer autocrítica, porque dejó en manos de la derecha el ejercicio de proponer medidas se seguridad pública", destacó.

    La popularidad de Bolsonaro

    Otro punto fuerte de Bolsonaro es haber sabido explotar el discurso de la meritocracia (suele criticar a los pobres que viven a costa del Estado), porque conectó con la nueva clase media que se formó durante los años de gobierno del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), que gobernó Brasil entre 2003 y 2016 y que ahora rechaza identificarse como pobre.

    Además, conecta con el electorado vinculado a las iglesias evangélicas más conservadoras, ligadas a la llamada "teoría de la prosperidad", "la vanguardia del capitalismo", y con los más jóvenes, que le ven como alguien rebelde y antisistema y que no tienen referencias directas de lo que significó la dictadura militar (1964-1985).

    Para su estudio Solano entrevistó a 25 adultos, pero también a dos grupos de 40 jóvenes de institutos de Sao Paulo, a los que les gusta Bolsonaro porque en parte habla su mismo lenguaje: memes, videos dinámicos en el sitio web de videos Youtube y posts ingeniosos en la red social Facebook son la herramienta perfecta para "banalizar el odio y difundir como leve un contenido pesado", opina la profesora.

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    Bolsonaro es toda una potencia en las redes sociales (tiene 5,3 millones de seguidores en Facebook, muy por delante de los 3,4 millones de Lula, por ejemplo) y además sabe explotar la idea de "la payasada, lo ridículo", porque así, según Solano, las personas no identifican su discurso de odio.

    El candidato le dijo a una diputada del PT que "no merecía" ser violada, aseguró que prefiere un hijo muerto a un hijo gay, que los "quilombolas (descendientes de esclavos) "no sirven ni para procrear" y que uno de sus hijos jamás tendría una novia negra, porque los educó bien.

    Cuando votó a favor del "impeachment" de la expresidenta Dilma Rousseff (2011-2016) dedicó su voto al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, uno de los máximos torturadores de la dictadura; "el pavor de Dilma", se jactó, en alusión a las torturas que sufrió la líder izquierdista cuando fue encarcelada durante el régimen militar.

    Para sus electores (entre los que indudablemente habrá mujeres, negros y homosexuales) todo esto no es más que exabruptos, provocaciones de un personaje irreverente, diferente a los políticos tradicionales, apunta Solano, que hace un llamamiento a no menospreciar el fenómeno ni a sus electores, un error estratégico que el campo progresista debería empezar a corregir. 

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    elecciones presidenciales, Jair Bolsonaro, Brasil