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    Una guitarra

    Una ONG ofrece guitarras para armar a los niños de las favelas de Río de Janeiro

    CC BY-SA 2.0 / Quinn Dombrowski / Guitar
    América Latina
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    RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — La música como alternativa a una rutina de miedo y balas perdidas es lo que propone el proyecto social de Leaõzinho, una ONG que trabaja en una de las favelas más violentas de la ciudad brasileña de Río de Janeiro ofreciendo clases de guitarra a una veintena de niños y adolescentes en riesgo de exclusión social.

    "Queremos que la música funcione como la onda expansiva de una bomba; todo lo que ella genera ya ayuda a un niño de una favela; ayuda a estimular su imaginación, a alejarse de determinadas tentaciones (…) La música lo hace sola, lo que hay que saber es dónde tiene que caer esa bomba pacífica", explica a Sputnik el alma máter de este proyecto, el periodista radiofónico español Ángel Carmona.

    Hace seis años Carmona, junto con Nuria Dillán, pensó que esa "bomba" tenía que caer en las favelas (barrios hacinados) del norte de Río, olvidadas por el poder público y lejos de los turísticos encantos de la zona sur de la "ciudad maravillosa".

    Actualmente Leaõzinho, nombre que homenajea la canción homónima del artista brasileño Caetano Veloso, trabaja en la frontera entre el barrio de Ramos y el Complexo da Maré, un conjunto de 15 favelas dominado por los enfrentamientos entre varias facciones del narcotráfico y violentas operaciones policiales.

    Los niños son la población más vulnerable en estos barrios (no es raro ver a menores cargando un fusil) y su escolarización no es fácil, dado que en muchas ocasiones el colegio cierra debido a los fuertes tiroteos.

    En el primer semestre de este año Río de Janeiro solo consiguió abrir el total de sus 1.500 escuelas públicas en seis días lectivos, el resto de días alguna tuvo que cerrar debido a los tiroteos, dejando a más de 200.000 escolares sin clase, según datos de la Secretaría Municipal de Educación.

    El centro donde se ubica la ONG ofrece junto a las clases de guitarra, comida y clases de refuerzo para los niños cuando salen de la escuela, además de un trabajo casi terapéutico, como resalta su profesor, Halley Teixeira.

    Para Teixeira, el mayor desafío es el propio perfil de los alumnos, muchos de los cuales no tienen un entorno familiar propicio al aprendizaje.

    “La mayoría de los padres de los niños que están aquí están muertos o ausentes porque están presos, tienen problemas con las drogas (…) así que lo primero es darles atención, no solo música, también cariño y apoyo”, dice.

    De las guitarras, algunas de ellas donadas y autografiadas por artistas españoles, salen melodías que van de la música popular brasileña a las canciones de cuño religioso, muy presentes en las favelas por la fuerza de las iglesias evangélicas.

    El dedicado trabajo de Teixeira en los últimos dos años empieza a dar sus frutos; uno de sus alumnos, Wendell Duarte, de 13 años, ya compone sus propias canciones y está decidido a labrarse un futuro en la música.

    “Mi abuela es mi mayor incentivo, ella es la que me dice que no desista”, asegura Duarte.

    En realidad, Teixeira sabe que la mayoría de sus alumnos nunca serán guitarristas profesionales y seguramente la mayoría dejarán la música a medio camino, pero asume que eso es lo de menos; lo importante es inculcar valores como la disciplina, la perseverancia y sobre todo la autoestima.

    Muchos de los alumnos son perfectamente conscientes de esos beneficios; para Jonatan de Souza, de 12 años, la guitarra es más que un instrumento: “Sirve para darnos alegría, una ligereza que nos desconecta del mundo para que podamos pensar en cosas mejores y olvidarnos de todo lo que pasa, de los problemas”, dice.

    Wendell Duarte le da la razón: “Aquí, al lado de la Avenida Brasil, hay tiroteos todo el rato, es una violencia tan diaria que mucha gente ya piensa que no tiene solución, pero no podemos desistir”, asegura, mientras se agarra a las informaciones de que muchos jóvenes lograron salir de la favela (e incluso viajar a Europa) gracias a su talento musical.

    La ONG Leaõzinho formó desde 2011 a más de 200 niños en Río de Janeiro, labor que le valió el Premio Brasil 2015 entregado por la Cámara de Comercio España-Brasil, y también cuenta con un proyecto similar en Dajla, en el Sáhara Occidental.

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    Etiquetas:
    música, instrumentos musicales, criminales, menores, niños, Río de Janeiro, Brasil
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