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    Henry Kissinger, premio Nobel de la Paz en 1973, es un claro ejemplo de la paradoja que envuelve a este galardón, entregado en repetidas ocasiones a personalidades que tuvieron un papel activo en procesos contrarios a la voluntad popular, según el politólogo argentino Marcelo Cavarozzi.

    Cavarozzi, doctor en Ciencia Política por la Universidad de California, participó de un panel sobre transparencia y democracia en la conferencia 'Voy por la Paz' en Rosario (Argentina) junto a dos premios Nobel: el expresidente de Costa Rica Óscar Arias Sánchez (1987) y la activista iraní Shirin Ebadi (2003).

    En esta instancia, el pensador puso en cuestión frente a Ebadi y Arias la validez del galardón para algunos de sus merecedores, con el ejemplo a Henry Kissinger, secretario de Estado de EEUU de 1973 a 1977, durante los mandatos de Richard Nixon y Gerald Ford.

    "La lista es más larga que Kissinger, pero su caso era muy obvio y ha afectado directamente a América Latina, porque su involucramiento quedó comprobado por los mismos documentos del Departamento de Estado desclasificados 25 años después. Salió toda la participación que él tuvo en la gestación, en la implementación y el desarrollo del golpe de Estado en contra de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile", dijo Cavarozzi en declaraciones exclusivas a Sputnik tras su participación en el panel.

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    A criterio del pensador, una reflexión sobre la relación entre Kissinger y la paz es "terriblemente interesante" a la luz de su implicación demostrada en el caso de Allende, electo democráticamente en 1971 y derrocado por los militares liderados por Augusto Pinochet con el bombardeo del Palacio de la Moneda, el 11 de septiembre de 1973. Ese mismo día, el mandatario se quitó la vida y comenzó una cruenta dictadura de 17 años en la que miles de personas fueron asesinadas, desterradas o presas.

    Cavarozzi apuntó que Kissinger convenció a Nixon de que "efectivamente había que hacer algo con Allende para echarlo del poder". Desde una perspectiva estadounidense, la experiencia chilena "era mucho más peligrosa" que la Revolución Cubana, porque el desarrollo del socialismo se dio a través de elecciones, "por la vía democrática".

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    El secretario de Estado de aquel entonces había nacido en Alemania en 1923, aunque emigró con su familia a EEUU por la persecución del nazismo a los judíos. Este origen se expresaba en "una fijación" con Europa Occidental, y en particular con Italia, "donde estaba el partido comunista más importante" de esa región. En esa nación, concretar un ejemplo como el de Chile era factible, a criterio del entrevistado.

    "El Partido Comunista Italiano tenía un tercio de los votos en ese momento. Además se estaba discutiendo la posibilidad de una alianza y un compromiso histórico entre el comunismo y la Democracia Cristiana [la fuerza política que se mantuvo en todos los Gobiernos italianos desde la posguerra hasta 1992]. Kissinger no quería que pasara eso: quería que desapareciera el 'riesgo' del socialismo, al cual se llegaba a través de medios pacíficos, electorales e institucionales", comentó.

    En otro panel, la líder indígena guatemalteca Rigoberta Menchú, premio Nobel en 1992, consideró que "los pobres no son los que joden la paz, sino los que se han formado en la academia". La mayoría de los laureados por el Comité Noruego del Nobel pertenecen a esta categoría, con aislados ejemplos como la misma Menchú.

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    En referencia a esta contundente declaración, Cavarozzi apuntó que pensadores como Friedrich Nietzsche y Max Weber "muestran que no necesariamente las cosas más bellas están asociadas con el bien". Bajo esta perspectiva, una persona "con un intelecto desarrollado" es capaz de hacer el mal.

    "Kissinger es un ejemplo de eso, producto de una mente superior que no necesariamente trabajaba para encontrar el funcionamiento o el desarrollo de sociedades más justas, pacíficas e igualitarias, en las cuales efectivamente la voluntad del pueblo se manifestara en una dirección u otra, ya fuera por más o menos socialismo", opinó el politólogo.

    Consultado sobre si es pertinente que la academia asuma un compromiso político más fuerte a la luz de las declaraciones de Menchú, el argentino constató que "no está mal" que esto suceda. Desde el momento en que se abordan "cuestiones esenciales", "se dirimen conflictos" y existen "choques de ideas", el vínculo entre la academia y la política es real.

    ​"Lo que quizás es un problema —no solo en América Latina, sino prácticamente todo el mundo— es que hay muy pocas instancias en las cuales el pensamiento académico efectivamente se derrama hacia el conjunto de la sociedad. Queda en cenáculos, en círculos restringidos. Su mismo funcionamiento, que requiere recursos (…) hace que las élites tengan más cercanía con el debate académico, con el pensamiento y la producción académica", se lamentó Cavarozzi.

    Sputnik acompañó el seminario 'Voy por la Paz' del 8 al 10 de junio, al cual acudieron expertos internacionales en derechos humanos. Además de Shirin Ebadi, Óscar Arias Sánchez y Rigoberta Menchú, otros dos premios Nobel encabezaron paneles de discusión: el expresidente de Polonia Lech Walesa (1983) y el activista argentino Adolfo Pérez Esquivel (1980).     

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    Premio Nobel de Paz, Voy por la Paz, Fundación Democracia, Marcelo Cavarozzi, Rigoberta Menchú, Salvador Allende, Henry Kissinger, Chile, EEUU, Argentina
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