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    MONTEVIDEO (Sputnik) — La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que sesiona de manera extraordinaria en El Salvador para discutir la crisis venezolana, nació de la semilla que plantaron los grupos de Contadora y de Río en los años 80, cuando lograron concebir soluciones propias para los problemas de la región.

    En 1983, mientras varios países de América Central se desangraban en conflictos y dictaduras, cancilleres de México, Panamá, Colombia y Venezuela se reunieron en la isla panameña de Contadora para promover la negociación y la paz y poner freno a la injerencia de EEUU en la zona.

    El Grupo de Contadora presentó un plan de paz para América Central que fue apoyado por la Asamblea General y por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; era la primera vez en mucho tiempo que gobiernos de la región intentaban una gestión exclusivamente regional para problemas regionales.

    Los gobiernos centroamericanos firmaron un documento en el que se comprometían a democratizar sus países, terminar con los conflictos armados, respetar el derecho internacional y promover un verdadero desarrollo.

    Dos años después se sumaron Argentina, Brasil, Perú y Uruguay, que formaron el Grupo de Apoyo a Contadora y respaldaron la formulación de un plan de paz para la región que implicaba reconocer al Gobierno sandinista de Nicaragua.

    Esto sentó las bases para el Acuerdo de Paz de Esquipulas, dando paso así a la terminación de los conflictos en Nicaragua, Guatemala y El Salvador.

    El Grupo de los Ocho países se ocuparía luego de otros asuntos preocupantes para la región, como el proteccionismo de las potencias ricas, la deuda externa y el conflicto entre Argentina y Reino Unido por la soberanía de las Islas Malvinas.

    En 1986, en una reunión en la brasileña Río de Janeiro, este mecanismo de concertación política pasó a llamarse Grupo de Río y a partir de 1990 incorporó a casi todos los países de América Latina y el Caribe, así como a otros organismos subregionales, como la Comunidad del Caribe y el Sistema de Integración Centroamericana.

    El éxito del Grupo de Río era su flexibilidad y su capacidad de abordar asuntos regionales específicos sin el peso de contar con EEUU, cuya injerencia en la región había sido muy marcada durante buena parte del siglo XX.

    Funcionaba con una cumbre presidencial anual que en su última edición, en 2010 en la mexicana Cancún, resolvió dar un paso más e iniciar el proceso de creación de la CELAC.

    La región vivía un momento particularmente efervescente, con gobiernos de izquierda o centroizquierda en algunos de los mayores países, como Brasil, Argentina y Venezuela, y con experiencias inéditas, como la que vivían Bolivia y Ecuador, con procesos constituyentes que incluyeron el reconocimiento de poblaciones históricamente postergadas, como los indígenas.

    En Cancún, los países se propusieron impulsar una agenda propia, "con base en el patrimonio del Grupo de Río", mediante un plan para promover la cooperación, el crecimiento económico con equidad y justicia social, en armonía con la naturaleza, y una integración regional verdadera.

    Al año siguiente, en Caracas, los 33 países de la CELAC afirmaron que el nuevo organismo sería "la más alta expresión de nuestra voluntad de unidad en la diversidad, donde en lo sucesivo se fortalecerán nuestros vínculos políticos, económicos, sociales y culturales sobre la base de una agenda común de bienestar, paz y seguridad para nuestros pueblos, a objeto de consolidarnos como una comunidad regional".

    Sin embargo, en materia de logros, la CELAC se ha quedado hasta ahora a mitad de camino.

    Desde entonces, la CELAC ha promovido el diálogo entre los países y con otros bloques, como la Unión Europea, pero también con Rusia, China, India, Corea del Sur y Turquía.

    En la última cumbre, celebrada en enero de este año en República Dominicana, los presidentes firmaron una extensa declaración con temas que van desde la paz y la seguridad internacional hasta el cambio climático, la innovación científica y la equidad de género.

    El Salvador ejerce este año la presidencia rotativa de la CELAC.

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