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    ¿En qué consiste la reforma de las pensiones que Temer quiere aplicar en Brasil?

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    RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — El Gobierno de Brasil se esfuerza por estos días en sacar adelante la reforma del sistema de pensiones, una de sus medidas económicas más importantes y que al mismo tiempo está generando una fuerte controversia en la calle, ¿pero en qué consiste exactamente?

    "Encontramos Brasil en una situación delicada y lo fuimos arreglando poco a poco; pero para arreglar a veces se necesitan medidas llamadas impopulares, porque rechazamos las medidas populistas", explicó Temer el martes a un grupo de congresistas, para convencerlos de que dieran luz verde a la reforma.

    El Gobierno la justifica por varios motivos: la esperanza de vida de los brasileños creció en los últimos años, la población está cada vez más envejecida y, en paralelo, el número de jóvenes que con su trabajo sostienen el sistema de pensiones disminuye; Brasil empieza a tener los problemas demográficos de un país rico sin haber dejado de ser pobre.

    Según los datos que maneja el Gobierno, el sistema de pensiones genera unos gastos crecientes: en 1997 suponía el 0,3 del Producto Interno Bruto (PIB) y en 2017 se estima que absorba 2,7%, lo que equivale a unos 181.200 millones de reales (más de 57.500 millones de dólares).

    La administración de Temer cree urgente reformar el sistema de jubilación para que sea sostenible a largo plazo.

    La principal modificación fue establecer una edad mínima mayor para la jubilación, ya que hasta ahora los brasileños podían dejar de trabajar entre los 55 y los 60 años.

    Temer propuso elevar ese mínimo hasta los 65 años, tanto para hombres como para mujeres, pero ante el alud de críticas aceptó hacer algunos cambios: las mujeres podrán jubilarse a los 62 años, en reconocimiento de que la mayoría de la población económicamente activa femenina soporta la doble jornada de asumir tareas domésticas.

    Por otra parte, la propuesta gubernamental cambia la mayoría de reglas para cobrar la pensión por jubilación: a partir de ahora el tiempo mínimo de contribución al sistema pasa de 15 a 25 años y los trabajadores que quieran cobrar la pensión completa tendrá que haber cotizado durante 40 años, sin interrupciones, aunque la propuesta inicial era de 49 años.

    El Gobierno intenta aplacar las críticas remarcando que la reforma acabará con "privilegios", pero lo cierto es que las pensiones de los militares (cuyo pago consume casi 10.500 millones de dólares al año) no se van a tocar, si bien la administración asegura que las abordará más adelante.

    Los que sí estarán sujetos a las nuevas reglas son los ocupantes de cargos políticos, que pueden jubilarse a los 60 años.

    De ahora en adelante tendrán que trabajar cinco años más, pero el cambio no afectará a los actuales legisladores, sino a los senadores y diputados que sean elegidos a partir de las elecciones de 2018.

    Gran parte de las críticas que el texto recibe se relacionan con la exclusión a la que se verán sometidos los trabajadores más pobres; la propuesta inicial igualaba a los trabajadores agrícolas (con unas condiciones de trabajo más duras) y a los urbanos, estableciendo 65 años de edad mínima para todos, pero el Gobierno dio marcha atrás.

    Los hombres brasileños que trabajan en el campo podrán jubilarse a los 60 años, y a los 57 años las mujeres, siempre que hayan contribuido al sistema durante al menos 15 años.

    Con todos estos cambios que se fueron incorporando para sumar apoyos en el Congreso, se alteró el monto del ahorro que se esperaba para las arcas públicas.

    Según la administración, el ahorro será un 20% menor de lo previsto, pasando de los 800.000 millones de reales (254.000 millones de dólares) en 10 años a los 630.000 millones de reales (más de 200.000 millones de dólares), pero aun así, sostiene el Gobierno, vale la pena aprobarla.

    "Se suavizó enormemente aquel proyecto inaugural, así que no hay más motivos para decir que no debe aprobarse la reforma de las pensiones", sostuvo Temer el martes.

    Reformar el sistema de pensiones no es fácil, pues exige modificar la Constitución, por lo que requiere más de dos tercios de los votos en el Congreso, y Temer está teniendo dificultades para reunirlos incluso entre sus propios aliados.

    Varios de los partidos de la coalición gobernante están recelosos de las consecuencias que pueda tener expresar su apoyo a la que por el momento es la medida más impopular de Temer desde que llegó al Gobierno.

    Sindicatos, partidos opositores y movimientos sociales de izquierda convocaron para este viernes una huelga general en todo el país.

    La medida busca paralizar el país para protestar contra la reforma del sistema de pensiones, pero también contra otras medidas que van en la misma línea de austeridad y flexibilización de las normas del trabajo, como la modificación del régimen laboral y el proyecto de ley de externalización del empleo.

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    pensiones, reformas, Michel Temer, Brasil
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