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    La expansión de la industria forestal en Chile y el cambio climático han influido en la propagación de incendios. Las viñas han demostrado que es posible conjugar una actividad industrial con la preservación de la biodiversidad, con beneficios productivos y ambientales.

    En las últimas semanas, los incendios forestales de Chile han ocupado un lugar importante en los titulares de todo el mundo. El cambio climático y la degradación de los bosques nativos están entre las principales causas de esta catástrofe ambiental.

    La introducción de especies de otras regiones para la industria forestal (que goza de amplias subvenciones fiscales) ha reducido la extensión de los paisajes autóctonos. Se estima que más de medio millón de hectáreas tomaron fuego, arrasando incluso con pueblos enteros y derribando las actividades económicas de pequeños agricultores.

    Sin embargo, hay ejemplos en Chile de industrias que han comprendido que la conservación de la biodiversidad local puede apoyar a la producción y mitigar los efectos del cambio climático. Especialmente la viticultura, una actividad intrínsecamente ligada a la imagen del país trasandino más allá de sus fronteras.

    "Lo que nosotros buscamos es generar valor en las áreas naturales que quedan alrededor de los viñedos, que en algunos casos colindan con plantaciones forestales, para que la gente de las viñas lo conserve", explicó a Sputnik Olga Barbosa, doctora en Ciencias Biológicas y académica de la Universidad Austral de Chile.

    Barbosa es la directora del programa 'Vino, Cambio Climático y Biodiversidad', que hace más de ocho años trabaja para concienciar sobre la importancia de conservar los paisajes autóctonos alrededor de las vides. Los viñedos que se acogen a este programa lo hacen voluntariamente, sin ningún tipo de subvención estatal o certificación oficial. Este régimen de conservación voluntaria ha logrado preservar "alrededor de 25.000 hectáreas de bosque y matorral nativo".

    La especialista indicó que el programa busca cambiar "el modo de pensar" de los productores, para hacer entender "que en el fondo su producción de vino, su ‘terroir' y su probabilidad de resistir mejor el cambio climático está dada por este entorno de vegetación nativa", que oficia como un "seguro". Las viñas que forman parte del programa reciben la consultoría gratuita en "provisión de servicios ecosistémicos" de la mano de expertos.

    ​"Cuanto más amplio es, es mayor la probabilidad más de que tu sistema sea resiliente, porque en el fondo estos bosques entregan mayor humedad. Si tú tienes un viñedo o cualquier cultivo al lado de una cuenca que está forestada con pino y eucaliptus y tienes una misma situación pero con bosque nativo, hay mucho más agua y humedad en el último. Hay mayor polinización, mayor diversidad de especies", comentó Barbosa.

    La industria del vino está girando hacia este modelo de preservación. Algunas bodegas con extensiones de 1.000 hectáreas han apostado por la inclusión de especies autóctonas en sus plantaciones.

    "Entre esas 1.000 hectáreas hay parches de vegetación nativa, que hemos enseñado cómo hacerlos. Hay 'árboles isla', que están en medio de la plantación y que albergan aves que comen insectos. Muchos siguen teniendo un manejo convencional pero cada vez usan menos pesticidas", indicó la académica, también investigadora asociada del Instituto de Ecología y Biodiversidad de Chile.

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    Los costos de estas intervenciones los deben absorber las empresas, pero hasta el momento el programa ha sido exitoso porque los cambios redundan en una mejora de la producción y de las condiciones de los viñedos. En ese sentido, en un momento en el que Chile debe replantear el uso de sus suelos, la industria del vino puede ser un ejemplo a mirar.

    "Puede no ser 100% ejemplar, porque ninguna industria lo es, pero ha caminado hacia un modelo mejor. Es la única que tiene explícitamente adosado el tema de la conservación de la biodiversidad con este programa que hemos impulsado durante tanto tiempo con ellos", indicó la bióloga.

    Barbosa dijo que en otros países como Sudáfrica, donde los viñedos llevan adelante programas similares ante problemas de baja cantidad de agua y de alta incidencia de sequía e incendios, las aseguradoras empezaron a notar la disminución de riesgos con la incorporación de vegetación nativa y la eliminación de pinos, eucaliptus y aromos.

    La inclusión de especies nativas también es un modo de mostrar al mundo un diferencial. El vino es parte de la imagen país de Chile. La misma no se ve enriquecida al mostrar al mundo "un monocultivo de vid" que se puede repetir en otros lugares. "Es diferente cuando tú tienes eso albergado en un paisaje: eso habla de tu imagen país", precisó la académica.

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    Etiquetas:
    incendios forestales, sequía, Olga Barbosa, Chile
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