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    Cada año, en América Latina y el Caribe unas 127 millones de toneladas de alimentos terminan desaprovechados. Con esa comida se podrían satisfacer las necesidades de 300 millones de personas, más de un tercio de quienes sufren hambre en el mundo.

    Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), apenas con los alimentos perdidos o desperdiciados en los puntos de venta directa al consumidor de la región, se podría dar de comer a 36 millones de personas. Esto equivale a casi dos tercios de quienes pasan hambre en ese territorio.

    Los bancos de alimentos son una iniciativa para intentar revertir esta situación. Se trata de organizaciones sin fines de lucro que forjan alianzas con empresas que procesan o venden comida para evitar que los productos terminen en el basurero. Un ejemplo es el Banco de Alimentos Perú (BAP), que desde su creación en 2014 ha logrado nutrir a miles de personas con "más de 1.000 toneladas" de comestibles rescatados de su destrucción, dijo a Sputnik Fiorella Cordero, analista de Planeamiento Social de la entidad.

    El BAP opera con productores agrícolas, industriales y supermercados, que proveen los alimentos a punto de caducar pero aún aptos para el consumo humano. La acción de rescate tiene un impacto "social, económico y ambiental". Por un lado, se logra "aliviar el hambre de las personas"  a la vez que se llega a "evitar el desperdicio de los alimentos", expresó Cordero.

    La representante del BAP indicó que en Perú "el 21% de la población vive bajo la línea de la pobreza", con un 7,5% de peruanos que están subalimentados y no reciben la alimentación adecuada según sus necesidades", además de un "14,6% de niños sufren desnutrición crónica". "En contraste con esta información, la cantidad de desperdicios de alimentos son 7 millones de toneladas al año", añadió

    Argentina desaprovecha 16 millones de toneladas de alimentos, un 12,5% de su producción, la mayoría —40%— frutas y verduras. En México, un 37% de los alimentos se desperdicia, es decir, un total de más de 12 millones de toneladas. En Brasil son 41.000 las toneladas de alimentos que se descartan a diario. En este último país hay iniciativas parlamentarias para regular la donación de alimentos.

    La FAO indica que el 25% de los cereales, el 40% de las raíces o tubérculos, el 55% de las frutas y hortalizas, el 20% de las carnes, el 20% de los lácteos y el 33% de los pescados y mariscos provenientes de la región se pierden o desperdician.

    A nivel global son 1.300 los millones de toneladas de alimentos que terminan desperdiciados, equivalente a un tercio de la producción total.

    Perú aprobó una ley de donación de alimentos para revertir la situación que se daba: para las empresas era más barato destruir lo que no pudieron vender que donarlo. La norma prevé que "dentro de tres años las empresas no van a poder destruir estos alimentos", explicó Cordero. No obstante, la norma pone un tope de 10% en las deducciones sobre la renta neta. "Ha habido algunos avances en materia legal, pero todavía hay mucho por recorrer. Hay algunas partes de la ley que no han quedado muy claras eso todavía se tiene que ir especificando", puntualizó la integrante del Banco.

    Uruguay está discutiendo en su Parlamento un proyecto de ley para frenar el despilfarro en supermercados e industrias alimentarias, similares a los existentes en Francia o en Italia. Según explicó a Sputnik Adrián Peña, el diputado impulsor de esta iniciativa, se trata de "un primer avance" para combatir un problema que requiere un aprendizaje y un cambio cultural.

    "Debemos llegar a que cada uno de nosotros en nuestros hogares compre de manera racional y equilibrada. Las políticas comerciales y de educación sobre todo deben llevar a que cambiemos nuestros hábitos. Esto tiene que ser fruto de un proceso", dijo el legislador uruguayo del Partido Colorado.

    El proyecto de ley establece que ningún establecimiento comercial podrá destruir o tirar alimentos que se encuentren en condiciones de ser consumidos. Esos alimentos deberán ser destinados a ONGs o entidades que presten servicios a personas en situación de pobreza o indigencia. El diseño de norma cuenta con el apoyo de la central sindical uruguaya, el PIT-CNT, así como de la Asociación de Supermercados del Uruguay, indicó el legislador.

    Según Peña, a pesar de que "en Uruguay no hay una cuantificación" de cuánto se desperdicia porque "no se mide", el país está desaprovechando "una parte importante" de sus alimentos. Actualmente se está tratando en la comisión de Población y Desarrollo. De aprobarse, Uruguay se uniría a países que ya han sancionado leyes similares, como Francia —pionera en el asunto— e Italia.

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    Etiquetas:
    desperdicio de alimentos, Banco de Alimentos Perú, FAO, Fiorella Cordero, América Latina
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