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    En su más reciente libro 'La muerte del verdugo', la investigadora Sévane Garibian explora la incómoda cuestión de qué hacer con los cadáveres de los criminales de masa. En Sputnik recordamos el destino de los cadáveres de dos de los dictadores más brutales de América Latina: Jorge Videla y Augusto Pinochet.

    Jorge Rafael Videla falleció por muerte natural a las 6:25 de la mañana del 17 de mayo de 2013. Tenía 87 años. El exdictador argentino fue encontrado muerto en el penal de Marcos Paz, donde cumplía una condena de cadena perpetua.

    Su pueblo natal, Mercedes, rechazó que su cuerpo fuera enterrado allí. Activistas de derechos humanos colgaron carteles en el acceso al cementerio con los nombres de 22 vecinos desaparecidos durante el régimen militar que presidió Videla.

    Para evitar destrozos por parte de sus detractores y culto por parte de sus seguidores, el dictador fue sepultado en secreto. El cuerpo yace debajo de una lápida bajo el nombre de la familia Olmos, en el cementerio Parque Memorial de Pilar.

    Hasta el día de su muerte, Videla justificó el terrorismo de Estado que impuso en Argentina durante su dictadura. Jamás quiso reconocer el número de muertos y desaparecidos bajo su Gobierno. Los organismos de derechos humanos hablan de 30.000, él disputaba la cifra y decía que eran 7.000.

    En su último libro, Garibian toca el tema de qué sucede con los cadáveres de hombres como Osama bin Laden, Milosevic, Videla y Pinochet. "Las modalidades de la muerte del verdugo, el tratamiento 'post mortem' de su cuerpo y el asunto de la patrimonialización frente a las exigencias de justicia y de reparación, constituyen objetos esenciales de investigación. Trabajar esas cuestiones permite comprender mejor y, a la vez, desmitificar", dijo la investigadora en una entrevista con el sitio 'Swissinfo.ch'.

    Sévane Garibian, quien nació en el seno de una familia que escapó al genocidio armenio, es profesora del Fondo Nacional Suizo (FNS) en la Facultad de Derecho de Ginebra y dirige el proyecto científico 'Right to Truth, Truth(s) through Rights: Mass Crimes Impunity and Transitional Justice' (Derecho a la verdad a través del Derecho: Impunidad en los crímenes de masa y justicia transicional).

    Al momento de su muerte en 2006, Augusto Pinochet se encontraba en el Hospital Militar de Santiago, donde había ingresado tras sufrir un infarto. Entre 1973 y 1990, el dictador encabezó un Gobierno de terror que eliminó y reprimió a miles de opositores. Por eso, a la hora de su muerte, contaba con una orden de detención y más de 400 querellas en su contra por violaciones de los derechos humanos.

    Michelle Bachelet, presidenta de Chile por aquellos años, dictaminó que el fallecido dictador no tuviera un funeral con honores de Estado ya que no había sido elegido democráticamente como primer mandatario. Se autorizó, sin embargo, que fuera sepultado con los honores militares correspondientes a su condición de excomandante en jefe del Ejército. Tampoco se decretó duelo oficial por su muerte.

    El coche fúnebre que trasladaba el cadáver fue escoltado por motos y autos policiales. Fue necesario disponer de buses con efectivos antidisturbios en puntos estratégicos del recorrido.

    Al velatorio acudieron unas 60.000 personas. Muchas de ellas no fueron a expresar sus condolencias sino repudio. Francisco Cuadrado Prats, nieto del general Carlos Prats, escupió el féretro. Pinochet mandó a asesinar a su abuelo en 1974 en Buenos Aires.

    Entre los visitantes que acudieron a despedir al dictador había presencia de juventudes neonazis.

    Los restos de Pinochet fueron cremados en el Cementerio Parque del Mar de Concón y sus cenizas trasladadas a la parcela Los Boldos, casa de veraneo de la familia. 

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    Etiquetas:
    dictadura, Jorge Rafael Videla, Augusto Pinochet
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