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    CIUDAD DE MÉXICO (Sputnik) — Las cifras de violencia delincuencial alcanzaron un pico en México, por primera vez en el mandato del presidente de México Enrique Peña Nieto (2012-2018) y, según diversas opiniones de analistas, desnudan el fracaso de su estrategia de seguridad pública.

    Las estadísticas oficiales sobre homicidio dolosos en ocho meses de 2016, un amento anual de 20%, son sombríos: "una problema medular ha sido la insistencia en una estrategia de una sola vía, que ha sido el predominio del uso de la fuerza, en forma reactiva, y sostenida en las Fuerzas Armadas durante 20 años", dijo a Sputnik Edgar Cortez, director del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (IMDHyD).

    El énfasis en el despliegue militar en tareas de seguridad pública, refugiado en el prestigio y el poderío de las Fuerzas Armadas, comenzó en 1996, y ha sido ejecutada con pequeñas modificaciones, por los presidentes Ernesto Zedillo, Vicente Fox, y Felipe Calderón, hasta la actual administración, reseña el investigador.

    La violencia cotidiana llega con episodios traumáticos, como la mortífera emboscada con fusilería, granadas y equipo antitanques de 60 sicarios, lanzada contra un convoy de 18 militares que trasladaban a un capo del narco herido, en la capital de Sinaloa, Mazatlán, quien fue rescatado de una ambulancia.

    Los delincuentes mataron a cinco soldados, hirieron a once más, y destruyeron dos vehículos militares tipo Hummer hace una semana. Son el tipo de eventos que sacuden a la vida pública mexicana: "muestra que estamos frente a un problema complejo y fuera de control", dice el experto.

    El presidente hizo una visita a los sobrevivientes, para expresarle a los soldados un mensaje que despertó más polémica que aplausos: les dijo que se ven "muy enteros y muy echados para adelante, con gran ánimo; resintiendo la pena de haber perdido compañeros de armas, pero ya deseosos de regresar nuevamente al trabajo".

    Los soldados "son ejemplo de fortaleza, de la gran templanza y el valor que tienen quienes integran nuestras Fuerzas Armadas, son inspiración para sus compañeros de armas. Hay que tener un gran valor, una enorme valentía y un gran coraje para seguir al frente y cumpliéndole a México en estas difíciles tareas", dijo Peña Nieto en el hospital militar.

    Ante ese clima, urge una nueva estrategia —prosigue el experto que ha dado cursos de derechos humanos a las fuerzas policiales—, que debe tener un conjunto de renglones, en "un esfuerzo prolongado, continuo y consistente".

    "En primer lugar, profesionalización de la policía; y en segundo, un combate claro a la corrupción, para frenar al mismo tiempo los abusos de autoridad", sintetiza.

    En tercer orden, debe "agudizar el trabajo de inteligencia, para penetrar y hacer el mayor daño posible al acceso a los recursos financieros y bélicos de las organizaciones criminales.

    En cuarto renglón, promover una forma nueva de participación de la ciudadanía en temas de estrategia y prevención, no para tutelar sino para "estimular la generación de ideas desde lo local, desde las víctimas, para producir una inteligencia social de seguridad".

    Militarización y corrupción

    La percepción nacional de inseguridad revelada este jueves por el Instituto Nacional Estadística y Geografía (INEGI), indica la deprimente percepción de inseguridad en todo el país latinoamericano, que alcanzó un pico histórico de 72% de personas que no se sienten seguras.

    ¿Alguien se acuerda de las promesas del entonces candidato presidencial (en 2012) de desmilitarizar la lucha en contra del crimen organizado, no hablar del combate al narcotráfico y apostarle a los programas de prevención?, interrogó en un análisis Ana María Salazar, autora de "Las Guerras por Venir".

    El poderío del narco y el ascenso de la inseguridad despertó por fin al gobierno federal para "reconocer no solo la peligrosidad del crimen organizado, pero también el hecho de que no existe una real estrategia para enfrentar organizaciones altamente violentas en el país", dijo este jueves en una columna en Político.mx la autora de origen mexicano, asesora política en la Casa Blanca de 1995 a 1997, en asuntos internacionales antinarcóticos.

    La prensa se volcó a señalar fallas en la inteligencia militar, sin mencionar la corrupción y colusión de funcionarios con el crimen organizado: "Y es que el problema real de la seguridad en México tiene que ver también con la corrupción de la clase política y de los funcionarios", sentencia Salazar

    De nada sirven los multimillonarias inversiones en perseguir al crimen organizado, o leyes para facilitar el trabajo de las fuerzas armadas y las policías, dijo la también autora del libro "Seguridad Nacional Hoy: Reto de las Democracias".

    Todo esfuerzo está condenado a fracasar "si no se tiene la voluntad de, no solo reconocer la corrupción de los funcionarios, pero sobre todo perseguir penalmente como prioridad de Estado, a los corruptos coludidos con el crimen organizado", sentenció la experta en narcotráfico.

    Documentar el pesimismo

    Al asumir el poder, Peña prometió sacar de la agenda pública el tema del narco y la violencia, temas que fueron centrales para el presidente Calderón (2006-2012), pero no terminó con la oscura realidad de esos problemas: los homicidios dolosos de enero a agosto del 2015 fueron 12.339 y en el 2016 de 14.549, es decir 2.210 más, o un aumento de casi 20%, según datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

    Hay consenso entre los especialistas de que este gobierno podría terminar con un número similar o mayor de homicidios dolosos registrados en la era de Calderón.

    Peña Nieto dijo que la estrategia del anterior estaba equivocada y fracasada, que llegaba con el plan correcto: "Estaba basada en mayor inteligencia y coordinación entre las fuerzas de todos los niveles de gobierno, pero esta estrategia también fracasó", dijo a Sputnik Rubén Aguilar Valenzuela coautor de los libros "La guerra fallida" y "Los saldos del narco".

    "Todas las distintas estrategias, que en realidad son la misma con alguna variante, no han dado resultado; ahora nadie sabe cuál es el camino para resolver el problema, pero urge cambiar el rumbo", se rinde el experto.

    Hartazgo ciudadano

    Este jueves también circularon dos cartas abiertas de redes de organizaciones civiles tras la escalada de ataques, secuestros extorsiones y robos del crimen: "El combate frontal al narcotráfico y la estrategia de seguridad han tenido efectos devastadores en toda la sociedad mexicana", dice la carta difundida por la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los DDHH, fundada en los años 1980.

    Esa misiva, no sólo se solidariza con las familias de los militares caídos, sino que exige a la fiscalía federal "que informe sobre el estado de la investigación penal de los más de 209 casos de elementos militares fallecidos durante enfrentamientos y de los más de 4.000 casos de personas civiles que han fallecido en enfrentamientos con las fuerzas armadas mexicanas desde enero de 2007".

    La otra carta abierta, promovida por la organización Ciudadanos por una Causa en Común y un centenar de ONG denuncia que el gobierno de Sinaloa (noreste, cuna de celebres capos del narco) "tardó alrededor de dos horas" en apoyar a los militares, y exigieron "deslindar responsabilidades y si hubo alguna omisión o complicidad".

    La fragmentación de las políticas de seguridad pública en ciclos electorales, desincentiva a las corporaciones y a los ciudadanos, ante políticos que buscan dividendos, dice Edgar Cortez a Sputnik.

    "En México no predomina el afán de cooperación en acciones estratégicas de nación", lamenta el también exsacerdote jesuita.

    Lo que determina la acción gubernamental "es la rivalidad política y la disputa por sobresalir; ahora todo está contaminado, con las ambiciones de quienes aspiran a ser el próximo Presidente de la República, y el genuino interés nacional no existe", termina el director del IMDHyD.

    Etiquetas:
    narcotráfico, policía, corrupción, violencia, Ana María Salazar, Enrique Peña Nieto, Edgar Cortez, México
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