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    MONTEVIDEO (Sputnik) — Las primeras investigaciones realizadas por el equipo de medicina forense del Ministerio Público de Honduras apuntan a que el arma con la que fue asesinada la activista Lesbia Yaneth Urquía era un hacha o un machete, publica el medio local La Tribuna.

    En la tarde del miércoles, Lesbia Yaneth Urquía, activista e integrante del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh), fue hallada muerta cerca del vertedero del municipio de Marcala, en el departamento de La Paz (suroeste), con un trauma encéfalo craneal abierto.

    El informe del Ministerio Público indica que Urquía tenía más de 20 heridas punzo-cortantes en la cabeza y cuerpo, además de golpes, añade La Tribuna.

    Urquía era una activa militante en la defensa de los bienes comunes de la naturaleza y los derechos indígenas, y luchaba en contra de la construcción de la represa hidroeléctrica Aurora I en San José.

    El miércoles por la mañana, la activista salió de su casa en bicicleta y, al no regresar a la hora habitual, su familia salió a buscarla.

    Horas más tarde la encontraron muerta cerca del mencionado vertedero.

    La Policía hondureña baraja tres posibles hipótesis por las que Urquía podría haber sido asesinada y que estarían más ligadas a la criminalidad común que afecta al país centroamericano que a un asesinato por ser una activista con liderazgo local.

    La primera es que no hubiera pagado algún soborno del que habría sido víctima; la segunda, que tuviera problemas con algún pleito por herencia familiar, mientras que la tercera sería el robo de la bicicleta, según informa La Tribuna.

    En los últimos meses en Honduras no han cesado los asesinatos de activistas y ambientalistas.

    Al crimen de Urquía se suma el de la reconocida dirigente indígena Berta Cáceres, quien fue asesinada a balazos el 3 de marzo en el interior de su casa, pese a las medidas cautelares vigentes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), un mecanismo de protección que se aplica a personas amenazadas.

    Cáceres intentaba proteger el territorio de las comunidades indígenas lencas del proyecto de la empresa DESA, que pretendía construir una central hidroeléctrica en el noroeste de Honduras.

    Tan solo 12 días después del crimen de Cáceres fue asesinado Nelson García, destacado miembro del Copinh.

    Datos de otras organizaciones no gubernamentales estiman que entre 2010 y 2015 fueron asesinados en el país centroamericano 109 ambientalistas.

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    Etiquetas:
    asesinato, Lesbia Yaneth Urquía, Honduras
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