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    Manifestantes contra el ex presidente de Guatemala, Otto Pérez, están cerca del palacio de justicia de Guatemala

    El movimiento social que provocó la caída de Otto Pérez continuará, dice experto

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    Crisis política en Guatemala (57)
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    La renuncia del presidente de Guatemala, Otto Pérez, y la luz verde a un juicio por corrupción que lo llevaría a prisión, es la victoria de un movimiento social inédito que sujetará al nuevo gobierno electo el próximo domingo, dijo a Sputnik Nóvosti el sociólogo independiente Bernardo Arévalo.

    El movimiento transversal de la sociedad que se movilizó en forma creciente durante 20 semanas hasta la caída de Pérez ha acentuado la tendencia al abstencionismo o el voto nulo, y ha llevado a un empate técnico de los tres punteros, según los sondeos conocidos antes de las elecciones, dijo el miembro del Grupo Semilla, integrado por intelectuales independientes.

    "Lo sorprendente es que la renuncia no se hubiese presentado antes, por la resistencia del presidente ante el clamor de la sociedad, cuando se supo que su participación en la red de corrupción ameritaba una intervención judicial", por el mismo caso que llevó a la cárcel a la ex vicepresidenta Roxana Baldetti.

    El voto unánime del Congreso le hizo ver al general en retiro Otto Pérez, de 64 años, que ya no era viable resistirse.

    "Es la victoria de una ciudadanía que ha salido de una abulia histórica para comenzar a incidir con energía en la vida pública", dijo el exdirector de estrategias participativas para la construcción de la paz y el desarrollo de la ONU en Ginebra (PNUD-Interpeace).

    El nuevo Ejecutivo"será electo legal y formalmente, pero con un récord de ilegalidades conectadas al pasado que lo harán ilegítimo, sumamente débil", dijo el autor de libros sobre solución de conflictos y control democrático.

    "El nuevo Gobierno nacerá enfrentado desde el primer día con una ciudadanía y una opinión pública –la que dio la espalda a Pérez– que no estarán dispuestas a aceptar abusos o corrupción", adelanta el investigador y exdiplomático.

    El problema no son ni los candidatos ni los partidos sino el sistema político, por lo que "las elecciones no van a traer una solución a esos problemas agudos sino inclusive los van a reafirmar".

    "La oferta electoral es patética, las figuras que podría tener algún mérito no tienen posibilidades de llegar al poder y los tres punteros son expresiones de la misma bancarrota del sistema", plantea Arévalo.

    No importa si es electo Manuel Baldizón (Lider), Jimmy Morales (FCN) y Sandra Torres (UNE), los tres punteros, la crisis política va a continuar: "el nuevo Gobierno nacerá con un alto nivel de ilegitimidad por el voto nulo y la abstención".

    La ciudadanía sentía que hasta esta semana el sistema y la clase política habían fallado: "desde la firma de los acuerdos de paz en diciembre de 1996 por fin se comienza a desmontar el Estado contrainsurgente; ahora surgen mecanismos democráticos para enfrentar los problemas del desarrollo pendientes", dijo el exasesor del Proyecto Sociedades Desgarradas por la Guerra (War Torn Societies Project).

    La clase política ha estado dedicada al enriquecimiento propio, lamenta: "los políticos han gestionado lo público como privado, la corrupción ha sido un mecanismo que provocaba pesimismo en un callejón sin salida".

    Sin embargo, a partir de abril pasado "ha habido un despertar ciudadano que supera la abulia que lo hacía tolerar todo tipo de inequidades".

    Los elementos que movilizan a la gente son tres: en primer lugar, la lucha contra la corrupción: "contra el uso y abuso de los recursos públicos en función privada de los grupos de privilegios".

    Un segundo elemento es la demanda por un recambio de la clase política, por "una reforma electoral para transformar o reemplazar a los partidos de franquicia, clientelares, patrimonialistas, por partidos programáticos con ofertas alternativas, y sacar a quienes se enriquecen con la política".

    El tercer factor impedir dejar sin vigilancia a la clase política: "institucionalizar formas de control social, para que la energía ciudadana sea canalizada de manera sostenible, sin necesidad de ir todos los sábados a las plazas".

    Pero el cambio de actitud no es sólo un problema solo de la clase política guatemalteca sino de una profunda cultura política clientelar que la tolera: "urgen reformas para romper el mecanismo que privatiza la política mediante el abuso del dinero sin control".

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    corrupción, Bernardo Arévalo, Otto Pérez Molina, Guatemala
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