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    Familiares de los estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa

    Dolor por los desaparecidos es “difícil de comprender”, dice defensora de DDHH en México

    © REUTERS / Edgard Garrido
    América Latina
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    Trabajar con familiares de víctimas de desaparecidos es estar cerca de "un dolor difícil de comprender", dijo a Sputnik Nóvosti, Stepahine Erin Brewer, directiva del jesuita Centro de DDHH "Agustín Pro SJ", con motivo del Día Mundial de los Detenidos Desaparecidos.

    El sufrimiento de las madres, padres de una persona desaparecida "es un sufrimiento único que no es posible comprender plenamente si no has vivido el tormento de esa incertidumbre diaria", advierte la responsable del centro que lleva el nombre de un sacerdote jesuita acusado de terrorismo y fusilado sin juicio en 1927.

    "Es preguntarse a toda hora sobre aquella persona de tu sangre, sobre cómo está, si se encuentra con vida o no", dice Brewer una activista de DDHH de origen estadounidense con muchos años acompañando a víctimas de desaparición forzada en México.

    "Una madre se pregunta si su hijo o hija está siendo objeto de tortura en ese momento en que lo recuerda, si le dan de comer es una presencia constante en todo momento de la vida de esas personas que no se va nunca", relata la abogada responsable del área internacional del organismo fundado por la Compañía de Jesús.

    Acompañar a los familiares es una lucha que no tiene paralelo, es una lucha incansable de 24 horas al día, de buscar incluso en viajes a lugares insólitos en busca de un milagro.

    Y poco a poco, la madre o el padre de un desaparecido encuentran las fuerzas para ir sustituyendo a las autoridades poniendo en riesgo su vida.

    Al final, las madres comienzan a perder la fe en la Justicia, esa incredulidad llega hasta el propio sistema interamericano, porque hay madres que han perdido a sus cuatro hijos: es el caso de una madre que perdido a sus hijos en Michoacán, todos miembros de la familia Guzmán Cruz.

    Cuando una abogada humanitaria conoce de una tragedia de esa magnitud, espera que haya una reacción, que se convierta en una prioridad absoluta para el Estado, "pero eso no ha ocurrido".

    En febrero pasado de este año 2015 la responsable de asuntos internacionales del organismo viajó a Ginebra para acompañar a algunos padres de los 43 desparecidos del caso Ayotzinapa a la sede del Comité de DDHH de la ONU.

    Tema: Desaparición de estudiantes en México

    "Me di cuenta que ellos no duermen, viven en una vigilia permanente" relata Estephanie.

    Para mitigar el dolor, los familiares de un desaparecido están todo el tempo realizando actividades, van a reuniones, asisten a marchas, ofrecen entrevista, viajan a cualquier lugar en busca de una pista o de un público que los escuche…"pero nunca duermen, siempre están pensando en sus hijos".

    Una anécdota retrata el mundo de los padres de un desparecido: "Cuando llegamos al edificio de la ONU en Ginebra, en el punto de revisión de los guardias nos informaron que por políticas de seguridad no podíamos ingresar al gran salón con las lonas de la fotos grandes de sus hijos".

    Aquel fue un momento terrible para los padres en la sede del máximo organismo mundial en defensa de los derechos humanos.

    "Para ellos traer desde sus humildes pueblos en las remotas montañas de Guerrero aquellas fotos reproducidas en carteles de sus hijos era una forma sencilla de hacerlos presentes y de sentirse acompañados por ellos", recuerda la abogada humanitaria.

    Finalmente lograron que ingresaran algunas fotografías, pero no las lonas: "aquella fue la mezcla más intensa de amor y de dolor".

    "Creo que esas personas que trabajan en aquellos grandes salones de Ginebra viven en otro mundo, totalmente, no solamente no han experimentado la incierta desaparición de un familiar, sino que ignoran la realidad cotidiana de pobreza y violencia que sufren esas familias, es una brecha enorme de realidades", concluye Brewer.

    El caso de los familiares de los estudiantes revela el fin de las ilusiones de una vida mejor de unas familias humildes que dieron todo para que sus hijos llegaran a una escuela rural de maestros para tener una vida digna distinta a la ruda existencia de los campesinos pobres de México.

    Por esa razón no hay resignación posible: hay dos repuestas a esa reacción: "porque el dolor no se desvanece si estas en medio de un fuego de las llamas que te queman, es un dolor al cual nunca te acostumbras".

    La segunda es que esas madres y padres "están determinados no solo a buscar a sus seres queridos sino a cambiar su realidad de injusticia que han comprendo de manera inesperada; y finalmente, como sus hijos, están listos a morir", puntualiza.

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    Etiquetas:
    derechos humanos, desaparición, Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, Agustín Pro SJ, México
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