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    Una promesa de diálogo hizo volver la calma a la localidad de La Oroya, en los Andes centrales de Perú, luego de los choques que dejaron un muerto y 60 heridos entre fuerzas de seguridad y habitantes que reclaman la reapertura de un complejo metalúrgico que está entre los más contaminantes del mundo, informan medios locales.

    En una consulta popular de la que participaron 300 habitantes, 98 por ciento aprobaron el cese del bloqueo a la carretera que pasa por La Oroya, punto neurálgico para el transporte de carga del país.

    En la madrugada de este viernes la carretera ya se encontraba despejada y los manifestantes volvieron a sus hogares con la esperanza de que la fundición vuelva a funcionar, indicó el periódico local La República.

    Las autoridades instalaron en Lima un comité técnico que evaluará las posibilidades de que el complejo metalúrgico, que no opera desde 2009, vuelva a la actividad luego de que la empresa estadounidense que lo manejaba, Doe Run, se retiró en el marco de un litigio con el Estado y con graves problemas financieros.

    El comité deberá presentar sus sugerencias a una junta de acreedores de Doe Run, que habían encargado a la administradora concursal Profit una subasta del complejo que se declaró desierta, pues las empresas interesadas alegaron que los estándares ambientales del Gobierno hacían inviable el negocio.

    Por eso la principal discrepancia entre los pobladores de La Oroya y el Gobierno radica en esos estándares ambientales que se impondrían a la planta para que vuelva a operar.

    Según el ministro del Ambiente, Manuel Pulgar Vidal, la única opción es subastar solamente los circuitos de refinación y fundición de zinc y plomo del complejo, que cuentan con una planta para el tratamiento de las emanaciones de dióxido de azufre bajo estándares autorizados, y dejar afuera el de cobre, que es el más contaminante.

    Sería una "locura" permitir que se vuelva a operar con los niveles de contaminación que se permitieron en 1997 con una privatización que fue "delictiva", dijo el ministro.

    Ese año, el complejo minero-metalúrgico pasó del Estado a manos privadas y poco después La Oroya llegó a ser la quinta ciudad más contaminada del mundo, señala el portal de noticias RPP.

    Pero habitantes de La Oroya insisten en que el Gobierno reconsidere las restricciones al cobre, que hacen que la explotación no sea redituable, y aseveran que siempre se habló de contaminación pese a que los problemas de salud nunca existieron en la zona.

    El alcalde de La Oroya, Carlos Arredondo Mayta, llegó a afirmar a RPP esta semana que "hay poquísimos niños que están en tratamiento" por contaminación con plomo.

    La huelga comenzó luego de que fracasara la subasta a principios de agosto. Si no hay solución para el complejo metalúrgico también deberían dejar de funcionar dos minas cercanas.

    Etiquetas:
    contaminación, Doe Run, Perú, La Oroya
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