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    La movilización popular para boicotear las elecciones federales en cuatro estados del sur de México expresa una "insurgencia ciudadana" similar al alzamiento indígena zapatista de hace dos décadas en Chiapas, para "hacer visible el fracaso de las instituciones", dijo a Sputnik Nóvosti el reconocido defensor de DDHH Abel Barrera.

    "Se trata de una nueva insurgencia ciudadana, que apela a la protesta y a la toma de las plazas públicas, porque no hay formas de hacerse escuchar por el Estado", dijo el director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña de Guerrero Tlachinollán.

    La movilización popular con brotes de violencia, al destruir propaganda y sedes electorales, "no es irracional ni contra la ciudadanía, la racionalidad de la rebeldía ciudadana y de la ira está dirigida a increpar a las instituciones fracasadas que no atienden a una población desprotegida ante la violencia y el crimen organizado", dijo el líder ciudadano, laureado con el Premio Amnistía Internacional–Alemania en 2011.

    El asesor jurídico de los familiares de los 43 estudiantes de la escuela normal de maestros rurales de Ayotiznapa, desaparecidos tras una masacre perpetrada en septiembre por policías y narcotraficantes confabulados con un alcalde en la ciudad de Iguala, Guerrero, dijo en el día electoral que la acción está dirigida contra "un ritual vacío que no se puede llamar democracia, cuando hay más de 26.000 desparecidos, y se sigue matando gente por criminales en complicidad con agentes del Estado".

    Lo que pasó en 1994 cuando se levantaron las comunidades indígena de Chiapas con el encapuchado Subcomandante Marcos al frente, —inspiradas en el caudillo Emiliano Zapata, mártir de la Revolución Mexicana de 1910-, fue que "tomaron las armas para que los mexicanos voltearan a ver a los problemas que envilecen la vida de las comunidades empobrecidas y la infamia del Estado", dijo vía telefónica desde las montañas de Guerrero el reconocido dirigente humanitario.

    Cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se alzó con las comunidades indígenas "fue una manera de hacer visible lo que el resto del país no quería ver, que ahora se expresa en un sistema de poder con partidos infiltrados por el crimen organizado, en una democracia simulada, pactada entre mafias políticas", dijo Barrera.

    "La democracia mexicana con sangre no fortalece las instituciones ni garantiza un estado de Derecho donde las autoridades cumplan responsabilidades, se respete la ley y la vida", deploró el laureado dirigente del organismo ciudadano independiente.

    Los inconformes en Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, estados con predominio de empobrecidas comunidades indígenas donde han ocurrido acciones de boicot electoral desde hace una semana, "no actúan con una lógica irracional, sino que señalan a la sociedad y las autoridades que no hay condiciones suficientes para ejercer de manera libre y autónoma el ejercicio del voto", advirtió Barrera.

    La jornada nacional de protestas contra los comicios creará "un escenario poselectoral sin certeza jurídica ni política, sino de caos y turbulencia, porque las autoridades se niegan a atender el reclamo de una sociedad que no se siente representada, que no ve el procesos electoral cimentado en valores de seguridad, transparencia y limpieza", prosiguió el líder humanitario.

    "La realidad en México no es blanco y negro, entre quieren votar y quienes quieren impedir los comicios, hay muchos grises en las dos partes, esta jornada va a ser una gran lección de dignidad de la gente que no quiere ser no obligara a votar porque tiene miedo y no quiere saber nada de las elecciones", sostuvo Barrera, quien durante 20 años ha trabajado en la defensa de los DDHH en las montañas de Guerrero.

    La clase política de México "no puede ignorar el charco de la violencia y el fracaso institucional que la sociedad civil cuestiona, es un límite trágico donde la autoridad debe leer los signos de la rebeldía y la protesta, porque las instituciones no están funcionando democráticamente", argumentó.

    Los comicios pueden celebrarse donde no ocurren estas realidades, pero "no se puede ser rigoristas y rechazar la legítima insurgencia cívica, focalizada en los territorios donde la pobreza, la violencia y la militarización se mide en cruentas matanzas, desapariciones y represión del movimiento popular", dijo el director del organismo humanitario.

    Hay regiones en México, "donde lamentablemente se vive un clima de crispación, de ira colectiva y confrontación social, donde una parte de la ciudadanía se siente avasallada por la delincuencia y las fuerzas del orden y no se protegen las libertades básicos", puntualizó Barrera.

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    elecciones, Abel Barrera, Guerrero, México
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