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    Alberto Bailleres Gonzales y Manuel Medina Mora

    Un enigmático magnate mexicano debuta en la industria petrolera

    © AP Photo / Remy de la Mauviniere
    América Latina
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    Víctor Flores García
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    Un magnate misterioso desembarca en la industria petrolera en el año de la reforma energética de México, creando la primera empresa privada nacional dedicada exclusivamente a explotar hidrocarburos: Alberto Bailleres, un "amante de las sombras" lo define su biógrafa Blanche Petrich, en entrevista con Sputnik Nóvosti.

    La historia del nombre de Bailleres es mucho más antigua en la lista de las grandes fortunas históricas de México, arraigada en la economía mexicana, pero también mucho más discreta, casi un enigma, a sus 83 años es la segunda mayor fortuna de México –detrás de Carlos Slim–.

    "Es un hombre que ha tejido sus influencias económicas y políticas, nacionales y transnacionales, prácticamente a la sombra, es un hombre muy misterioso, muy desconocido", anticipa Petrich, Premio Nacional de Periodismo de México, entre muchos galardones.

    El nuevo buque insignia de la casa, empujado por los débiles vientos de los precios del crudo –pero con la certeza de que tarde o temprano repuntarán– ha sido bautizado con la unión de dos palabras poderosas: Petróleo y Bailleres, la nueva Petrobal.

    ¿Cómo se han construido los gigantes consorcios privados de esos magnates mexicanos, sobre todo en la minería y los recursos naturales, como los Bailleres?

    "Pues provechando las privilegiadas relaciones en la puerta que gira hacia adentro y hacia afuera, entre poder político y el poder del dinero de los negocios, por eso no quedan rastros", dice Petrich, coautora de libro de investigación Los Amos de México, sobre una docena de magnates.

    Una vida sin rastros

    "Si tú te vas a los archivos de hemerotecas, vas a encontrar muy pocas referencias a Bailleres y su clan", comienza por advertir la biógrafa, quien rastreó los orígenes hasta finales del siglo XIX, en una hacienda de Silao, Guanajuato, en el centro minero del México colonial de la Nueva España.

    A principios del siglo XX, a sus 20 años, Petrich lo describe así: "era un hombre sin mayor bagaje académico que el ejemplo del padre para hacer dinero", quien para 1941 ya había comprado la vieja Cervecería Moctezuma, bautizada con el nombre del último emperador azteca.

    Pero la mayor fortuna es producto de Peñoles, la empresa dedicada a la más antigua industria de México: la minería.

    Blanche escribió el libro junto con un equipo de periodistas de investigación, basado en perfiles de empresarios, coordinado por Jorge Zepeda Paterson (actual columnista de El País de España): "Pero nunca logré acercarme a él", se lamenta.

    "Me tocó el empresario que nadie quería investigar, porque era quizá el más desconocido y del que menos información pública existe en este país", ataja Petrich, una de las fundadoras del diario mexicano de izquierdas La Jornada.

    "Las personas cercanas a él –explica la biógrafa no autorizada– son muy reacias a hablar a cerca de él, muy reservadas, me costó mucho trabajo ofrecer unas pinceladas sobre su personalidad y su cerrado entorno personal y familiar", recuerda.

    Poco a poco, recurriendo a algunas socialités Blanche logró enterarse de algunos cuantos chismes del hombre que detesta los escenarios: "y eso fue todo".

    En cuanto a entrevistas periodísticas, con Balleres, solo existe una bastante superficial y a modo, hecha como promoción por el empresarial Grupo Expansión, muy vieja. Y no hay más, el propio libro de perfiles data de 2007.

    En las bibliotecas y hemerotecas del propio Instituto Tecnológico Autónomo de México, el elitista ITAM, su tanque de pensamiento de filántropo, "mi invernadero de semillas",dijo, son mínimas las referencias que existen de él.

    El empresario ideal de un presidente

    En los años recientes, ya septuagenario, el escurridizo empresario comienza a tener un perfil más notorio con la llegada del centroderechista Felipe Calderón a la Presidencia (2006-2012).

    "Pero más que estar ligado al Gobierno de Calderón, fue el expresidente quien buscó ligarse al grupo de Bailleres", señala Petrich.

    Porque como "todos los hombres de dinero en México, no obedecen a ninguna filiación partidista".

    En realidad, todo comenzó cuando Calderón quiso estudiar Derecho en la estatal UNAM y fue rechazado: "No pasó los exámenes, eso me lo contó un rector del ITAM", relata la investigadora.

    Entonces, el joven que llegaría a la presidencia de México como sucesor del ranchero Vicente Fox, hizo sus exámenes para entrar al ITAM: "Y tampoco fue aceptado porque no hablaba inglés", relata Petrich.

    Rechazado y sin futuro claro, los padres de Calderón lo mandaron a EEUU para aprender inglés; y solo después de aquella estancia pudo ingresar al ITAM.

    Así se entiende que el gabinete económico y financiero de Calderón estuviese formado básicamente por exalumnos del ITAM: "no solamente es la matriz ideológica de Felipe Calderón sino que Bailleres es su tipo de personaje ideal, era su modelo al cual aspirar en su carrera".

    Bailleres se convirtió en "el hombre fuerte a la sombra de toda la estrategia política calderonista", resume Petrich.

    No fue casualidad para la clase acomodada mexicana que las tiendas de marcas internacionales del anciano magnate representan una aspiración: ser gente Palacio, "Totalmente Palacio", como dice su eslogan.

    El color del petróleo

    Para un hombre que sabe el valor de la entrañas de la tierra, la minas y el agua después de todo, el color del petróleo debió estar en sus sueños, pero en México, desde la nacionalización de 1938, había sido –hasta este 2015– un intocable monopolio del Estado.

    "Esta inversión petrolera comenzó a diseñarla incluso antes de su años al lado de Calderón –quien impulsó una fallida reforma energética, apenas para una nueva refinería que nunca se construirá–, porque las alianzas políticas de Bailleres no tienen nada que ver con los partidos".

    El instinto del negocio petrolero puede tener acento extranjero: "Creo que se comienza perfilar hacia esta aventura desde que la presión estadounidense por abrir el sector energético a las inversiones extranjeras empieza a hacer mella en los planes de los Gobiernos mexicanos", dice Petrich con perspicacia.

    "No me extrañaría nada que desde entonces el grupo Bailleres estuviera al tanto de esas negociaciones" que desembocaron en las reformas de Enrique Peña, que para mala fortuna llegaron cuando el boom petrolero de una década se extinguía.

    Petrich descarta que se trate de una tardía salida del closet: "su estrategia sigue siendo muy discreta, muy en las sombras, es un movimiento de fichas bastante lógico y calculado".

    Resulta lógico pensar que es un movimiento pensado desde hace muchos años, antes de la aprobación de la reforma energética del presidente Peña.

    La teta del estado

    "Pero lo que casi no se ha mencionado, es cómo su vida es la de un estratega empresarial que ha aprovechado los resquicios de todo signo en las privatizaciones de los recursos naturales nacionales", señala la autora.

    Petrich ofrece un ejemplo: en una etapa muy temprana, con el izquierdista y dos veces candidato a la presidencia Andrés Manuel López Obrador como jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Bailleres vio la oportunidad e invirtió en empresas privadas del agua en la capital.

    Es un indicador de cuáles son los resquicios que aprovecha, su estilo de infiltrarse por las fisuras que se abren al sector privado en la explotación de riquezas naturales de la vasta geografía mexicana.

    Pero no solo ha aprovechado esas rendijas, sino a los talentos formados en el seno del Estado: ahora ha puesto a su servicio, al frente de Petrobal, al hombre que más sabe de cuáles son, dónde están y cuánto valen los reservas de hidrocarburos más prometedores de México.

    Se trata del exdirector de Exploración y Producción de Pemex, Carlos Morales Gil, con una carrera de 30 años como petrolero estatal y una década al pie de los taladros y las plataformas en la tierra, las ricas y los mares someros y profundos.

    "Creo que en México, Morales Gil no es el primero ni el último de los funcionarios públicos que se pasan a servir en posiciones estratégicas de la iniciativa privada", luego del corto año que la ley les pide abstenerse después de dejar el cargo.

    "Esa es la puerta revolvente, de ida y vuelta, que hay entre los dos sectores público y privado –ilustra Blanche– la forma más ilustrativa para demostrar el conflicto de intereses entre política y negocios".

    Esto es así sobre todo en un medio como el mexicano: "aquí no existe para nada el precepto de preservar los recursos públicos de los conflictos de intereses privados".

    Desde el punto de vista del negocio, por supuesto es invaluable: "qué mejor opción que incorporar a los cuadros que más saben del negocio en el país, formados en el corazón del Estado".

    Estos personajes que ahora son ejecutivos y antes fueron funcionarios públicos "trasladan de manera ilegitima invaluable información privilegiada del sector público a los corredores privados, y en México a esa anomalía no se le otorga importancia alguna".

    Etiquetas:
    petróleo, Blanche Petrich, Alberto Bailleres, México
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