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    El pasado viernes Brasil daba un paso de gigante en política exterior con la inauguración por la presidenta, Dilma Rousseff, del edificio principal del nuevo astillero para la construcción de submarinos nucleares en Itaguai, en el estado de Río de Janeiro.

    Con este gesto Brasil inicia el proceso para entrar en el selecto club del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La potencia nuclear permitirá a Brasil codearse con sus aliados del bloque BRICS, China y Rusia, y de paso erigirse como punto de equilibrio con Francia y el Reino Unido pero muy especialmente Estados Unidos.

    Dilma Rousseff reafirmó durante el acto que "Brasil continuará siendo un país pacífico" y enfocó la construcción de los submarinos, así como la renovación de los equipamientos militares en general como "instrumentos a favor del desarrollo industrial del país".

    El proyecto del primer submarino nuclear brasileño no es un asunto menor, en su construcción se han invertido 28.000 millones de reales (10.269 millones de dólares) y emplea a tiempo completo a 131 ingenieros del Centro Tecnológico de la Marina de Brasil en el que ha sido calificado como "el programa más importante de la Marina contemporánea" por el almirante, Julio Soares de Moura Neto.

    En 2025, Brasil deberá disponer al menos de un submarino de propulsión nuclear y de otros 4 submarinos convencionales, el primero de los cuales deberá ser botado para 2017.

    Pero si el gasto en la Marina parece ambicioso no lo será menos el empleado por las Fuerzas Aéreas de Brasil (FAB) que gastarán 5.400 millones de dólares en la adquisición de 36 cazas Gripen New Generation, construidos por la empresa sueca SAAB y que serán equipados con tecnología Wide Area Display (WAD), lo que encarecerá la compra en nada menos que 900 millones de dólares.

    La novedosa tecnología WAD será desarrollada por el empresa brasileña AEL y permitirá a los pilotos brasileños acceder a todos los datos de vuelo y combate desde una única pantalla panorámica instalada en el cockpit, una característica que únicamente poseen los cazas F-35 Lightning II de las Fuerzas Aéreas estadounidenses y que hizo a Brasil decantarse por los Gripen NG, en lugar de los F-18 de Boeing o los cazas Rafale de la empresa francesa Dassault.

    Los Gripen producidos en Brasil volarán en el hemisferio sur a partir de 2019, pero esto podría ser solo el principio, tras la jubilación de los 60 aviones Mirage y de la limitación de los actuales F-5, el presidente de la Comisión Coordinadora del Programa de Aeronave de Combate (COPAC), José Augusto Crepaldi, anunció en una conferencia en Londres que las Fuerzas Aéreas de Brasil estudian adquirir nada menos que 108 aviones caza.

    La clave para el desarrollo de producción de las nuevas armas del S.XXI en Brasil será la protección de los complejos industriales en los que serán fabricados, por lo que en junio de 2015 el Ministerio de Defensa de Brasil cerrará con Rusia la compra de tres baterías antiaéreas de media altitud

    Pantsir-S1 y dos de baja altitud Igla por 2.562 millones de reales(939 millones de dólares).

    Con capacidad para destruir misiles y drones entre los 3 y los 15 kilómetros de altitud, las tres baterías Pantsir-S1 se distribuirán entre los tres cuerpos de las Fuerzas Armadas (Ejército, Marina, Aeronaútica) y se instalarán en tres lugares estratégicos para la defensa de Brasil, de esta manera la primera de ellas se instalará en Brasília para proteger la sede del gobierno, la segunda protegerá el complejo industrial de Sao José dos Campos en Sao Paulo donde se construirán los cazas Gripen NG y la tercera defenderá las instalaciones de los submarinos en Río e Janeiro.

    De esta manera, Brasil igualará las medidas de protección antiaérea de Venezuela, que hasta ahora era el único país de Latinoamérica con la tecnología "Pantsir-S1", y las completará en el caso de la Marina con la adquisición de los misiles "Sea Ceptor" de tipo CAMM(Common Anti-air Modular Misile) a la empresa europea MBDA y que serán montados en las corbetas de tipo "Tamandaré" igualando en equipamiento antiaéreo a las marinas de Nueva Zelanda y el Reino Unido.

    Con un gasto aproximado del 2% del PIB en Defensa(unos 42.000 millones de dólares), Brasil se ha colocado en 2014 a la cabeza, junto a Colombia y Ecuador, en el gasto en Defensa en los países de Latinoamérica apostando fuertemente por los intercambios de tecnología militar con Rusia, Suecia y Francia (en el caso del submarino nuclear), en el caso de Rusia reforzados por los acuerdos alcanzados este año entre ambos gobiernos en la VI Cumbre de los BRICS en Fortaleza, y el desarrollo de una fuerte industria nacional militar referencia en el ámbito Sudaméricano.

    Etiquetas:
    Pantsir-S1, BRICS, Consejo de Seguridad de la ONU, Brasil
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