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    ROMA (Sputnik) — Alemania se enfrenta con nuevas exigencias para que compense las matanzas masivas cometidas hace más de un siglo en África y reconocidas como genocidio por la ONU.

    Cuando uno piensa en las compensaciones alemanas por las atrocidades cometidas en el pasado, lo primero que se le ocurre son los pagos por los crímenes y las destrucciones de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, Berlín reconoció su responsabilidad, por ejemplo, por el Holocausto y pagó sumas importantes a los sobrevivientes de los campos de exterminio nazis.

    Sin embargo, además de la trágica experiencia del último conflicto mundial, en la historia del país centroeuropeo hay otras páginas oscuras, como, por ejemplo, la colonización alemana en África que duró poco más de tres décadas, pero se saldó con centenares de miles de muertes.

    Pasado colonial alemán

    En 1884 Berlín acogió una conferencia internacional, en la cual las potencias europeas establecieron las reglas de la así llamada Carrera por África. En cuestión de pocos años el continente quedó dividido entre el Reino Unido, Francia, Portugal, Bélgica, Italia y España.

    El Imperio Alemán se apoderó de cuatro colonias: África Oriental (actuales Burundi, Ruanda y la mayor parte de Tanzania), África del Suroeste (ahora Namibia), África Occidental (actual Camerún y parte de Nigeria) y Togolandia (ahora Togo y parte de Ghana). Un par de décadas después, los alemanes se enfrentaron con la resistencia de la población local.

    Los primeros en sublevarse fueron las tribus de herero y namaqua en la África del Suroeste. Tras aniquilar a los combatientes en una batalla en 1904, los alemanes pasaron al exterminio de los demás miembros de las tribus. "Todo herero que se encuentre dentro del territorio alemán, armado o desarmado, con ganado o sin, será fusilado", declaró Lothar von Trotha, comandante de las fuerzas alemanas.

    A los hombres se les mataba, a las mujeres y los niños los expulsaban en el desierto, donde morían de hambre y sed. Se estima que en tres años fueron exterminados unos 65.000 hereros (dos tercios de la población total) y 10.000 namaquas (la mitad de la tribu).

    Paralelamente, las tropas alemanas combatían contra las tribus sublevadas en África Oriental. La rebelión Maji Maji que estalló en 1905 y duró dos años, se saldó con la muerte de 23 alemanes y entre 75.000 y 300.000 rebeldes.

    Reconocimiento del genocido

    En la época colonial las matanzas masivas no eran una rareza y no causaban mucho estupor en las sociedades europeas, donde eran pocos los que ponían en duda el concepto racista de la superioridad del hombre blanco. En la historia de las primeras décadas de la dominación europea en África abundan episodios aterradores, como la batalla de Omdurman de 1898, en la cual los británicos aniquilaron a 10.000 sudaneses con ametralladoras, o la conquista francesa del reino de Wadai (actual Sudán), que costó la vida a unos 8.000 africanos. Sin embargo, el aplastamiento de las insurrecciones en las colonias alemanas fue brutal incluso para los criterios de entonces.

    Tras la derrota en la Primera Guerra mundial, Alemania perdió su imperio colonial: en virtud del Tratado de Versalles de 1919, sus antiguas posesiones pasaron en las manos inglesas, francesas y belgas. Pero la memoria de las insurrecciones de principios del siglo no cayó en el olvido, y en 1986 la ONU calificó de genocidio el exterminio de los herero y namaqua.

    Exigencias de compensaciones

    En 2004 los representantes de herero exigieron al Gobierno alemán una compensación de 4.000 millones de dólares. Trece años después las autoridades namibias declararon que se dirigirían a la Corte Internacional en la Haya para obligar a Alemania a pagar 30.000 millones de dólares.

    Este año, quizás bajo la influencia del movimiento 'Las vidas negras importan', las autoridades de otras antiguas colonias siguieron el ejemplo namibio. El Senado de Burundi creó una comisión de expertos que evaluó el daño causado por la colonización alemana y la sucesiva dominación belga en 43.000 millones de dólares.

    Tanzania todavía no ha anunciado sumas concretas, pero, igual que otras excolonias alemanas, insiste en que su antigua metrópoli reconozca la responsabilidad por los crímenes de hace un siglo. Además, Tanzania exige la restitución de los artefactos y los restos de los homínidos que fueron llevados a Europa y hoy en día se exponen en varios museos alemanes.

    Reacción alemana

    Frente a estas exigencias, Alemania está dispuesta a reconocer su responsabilidad y pedir perdón a los pueblos de Namibia. Sin embargo, para las autoridades alemanas se trata de una cuestión moral y no política, lo cual complica las perspectivas de obtener una compensación material para los países africanos.

    Además, las partes no se ponen de acuerdo ni sobre el monto de los eventuales pagos, ni sobre cómo llamarlos. El pasado agosto el presidente de Namibia, Hage Geingob, rechazó la propuesta alemana de pagar 11,6 millones de dólares como compensación por el genocidio e indicó que, a la hora de discutir las compensaciones, el Gobierno alemán debería definirlas no como "sanación de heridas", sino como "reparaciones".

    Las negociaciones entre los dos países empezaron en 2015, pero hasta ahora no se ha logrado llegar a un acuerdo. Los namibios exigen disculpas incondicionadas y reparaciones, los alemanes reconocen su responsabilidad, pero subrayan que ya destinaron millones de euros en programas de desarrollo en el país africano.

    No existe una solución simple para el problema. Por una parte, el genocidio es un hecho histórico y es justo que uno pague reparaciones por las atrocidades cometidas, aún si datan de más de un siglo. Por otra, de satisfacer las exigencias namibias, Alemania podría crear un precedente, al que podrían referirse otros pueblos que sufrieron injusticias en el pasado, lo cual provocaría una avalancha de exigencias y envenenaría las relaciones entre muchos países. Conservar el equilibrio entre la justicia histórica y las necesidades del presente no es una tarea fácil.

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