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El trompetista que resiste a las amenazas de expulsión de un parque de Madrid

© Sputnik / Alberto García PalomoMiguel, trompetista en El Retiro, principal parque de Madrid
Miguel, trompetista en El Retiro, principal parque de Madrid - Sputnik Mundo, 1920, 15.01.2022
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Miguel es un rumano de 57 años que toca delante de una biblioteca pública en El Retiro, pulmón de la ciudad. Hace unos días le pidieron que se moviera unos metros por el ruido que causa y le han retirado el banco donde se sentaba, pero los vecinos y viandantes apoyan su labor.
Pepita, de 87 años, pasea cada mañana por El Retiro, principal parque de Madrid. Cuando va de regreso a su casa, a unas cuadras del lado oriental, se detiene a escuchar canciones de su época. "Las lentas, las que bailábamos de jóvenes", detalla. Melodías de Frank Sinatra, de Nat King Cole… las de apretujarse en la pista. Se las proporciona Miguel, un señor rumano que coloca un altavoz y entona su trompeta para animar las horas en este pulmón verde y sacarse unas monedas.
Desde hace unas semanas, sin embargo, su puesto y su futuro están comprometidos: los responsables del parque han retirado los dos bancos donde solía sentarse y la directora de la biblioteca pública situada en ese rincón —la Eugenio Trías, emplazada en la llamada Casa de Fieras por su anterior función de zoo— le ha pedido que se mueva unos metros. Alegan que su música molesta a los estudiantes y que algunos vecinos también se han quejado.
No será Pepita, que rememora sus guateques adolescentes o los viajes al Mar Negro gracias a Miguel: "Qué mala ralea", exclama, "pero, como decía el torero, hay gente pa tó". Tampoco se opondrá Guillermina, otra residente en el barrio, de 93 años, que reposa al sol después de un rato en movimiento. "A mí este sitio me tiene enamorada", dice, asegurando que no se pierde una mañana observando a los que caminan, patinan o corren por sus circuitos. Justo lleva días preguntándose qué pasaba con los bancos de la biblioteca. "Me extrañaba que hubieran desaparecido", piensa.
La hipótesis de que ha sido para tratar de alejar a Miguel queda en interrogante tanto para esta señora como para una pareja de barrenderos que patrullan esa parte ajardinada y hablan sobre el tema. "Nos enteramos de que le querían echar, pero sigue volviendo". Efectivamente: Miguel continúa sus jornadas frente a este edificio, a pesar de las quejas. Ahora lo hace con una silla plegable que trae desde su casa, en Vicálvaro, un distrito de las afueras. Aún se empeña en tomar el metro durante una media hora, arrastrar el carro donde se aloja el bafle y soplar sus temas favoritos.
© Sputnik / Alberto García PalomoMiguel, trompetista en El Retiro, principal parque de Madrid
Miguel, trompetista en El Retiro, principal parque de Madrid - Sputnik Mundo, 1920, 14.01.2022
Miguel, trompetista en El Retiro, principal parque de Madrid
"Es para alegrar a la gente. Quita la tristeza. No hago nada malo: ni robo, ni vendo drogas. ¿Por qué no puedo estar aquí?", se defiende en castellano. Según comenta a regañadientes, lleva 15 años en España y uno en este rincón de la capital. Nunca, insiste, ha tenido ningún problema por tocar música. Al revés: su destreza hizo que le incluyeran en una actuación callejera de Raphael. Un vídeo que pide buscar y en el que su figura introduce los primeros fotogramas.
Interpretaba My way, de su querido Sinatra, como lo hace en repetidas ocasiones durante unos minutos, compaginando la trompeta con descansos para fumar con tranquilidad un cigarro. En esos huecos prosigue su historia: Miguel aprendió música en la escuela nacional de Bucarest, su ciudad natal, y dio clases durante 25 años. Además de este instrumento, sabe de piano y acordeón. En todos es capaz de lanzarse con una balada, con algo más movido o con su pasión, el jazz. En este género trata de emular a sus referentes, Louis Armstrong y Dizzy Gillespie.
A principios del siglo XXI, en 2006, decidió marcharse con su mujer y sus dos hijos, niño y niña. Eligieron España, donde sobreviven con el dinero que les procura la música y con alguna otra tarea puntual. "Mi mujer pide y mis hijos están en la limpieza o lo que sea", resume. Él suele conformarse con 10 o 15 euros al día. Lo suficiente, alega, para comer, cuidar su diabetes y pagar el alquiler del piso, de 700 euros. "Me gusta estar aquí. La gente me ayuda, se portan bien", razona, mirando un imponente reloj como si el deber le reclamara y pulsando un mando con el que maneja el altavoz.
Una vez decide las notas que le acompañan, aproxima el metal a los labios y ejercita el moflete. No escatima en dar las gracias cuando alguien suelta una moneda o en sonreír si alguien le saluda o le reconoce. "Eres famoso, que te he visto en la tele", le comenta un paseante enterado de la polémica. Una controversia que él prefiere no alimentar. "Creo que estoy bien aquí. No me iría a otros sitios porque no los conozco", esgrime mientras ajusta el volumen, carraspea y da rienda suelta a la serenata.
© Sputnik / Alberto García PalomoMiguel, trompetista en El Retiro, principal parque de Madrid
Miguel, trompetista en El Retiro, principal parque de Madrid - Sputnik Mundo, 1920, 14.01.2022
Miguel, trompetista en El Retiro, principal parque de Madrid
En la biblioteca, los trabajadores explican brevemente que se le expresó la posibilidad de que cambiara de sitio para no perturbar el silencio del inmueble. Un silencio que, por cierto, resiste a los sonidos de fuera gracias a sus muros y sus ventanales. La directora, Estela Gonzalo, desarrolla más el problema. "Simplemente le dijimos que se moviera unos metros. Aquí hacemos charlas, encuentros… incluso traemos a ancianos con un programa contra la soledad o a niños con algún tipo de discapacidad y la música les repercute", indica a Sputnik.
Gonzalo incide en que no es algo personal —"yo ni lo conozco"—, sino por los cerca de 1.000 usuarios que acuden a la biblioteca a diario. "Queremos que esto sea más que un sitio de estudio o de préstamo de libros, con presentaciones, clases o exposiciones, y es que además todo el tiempo está con el mismo repertorio", se queja. "Reconozco que toca y canta muy bien, pero a la tercera vez que le oyes ya estás un poco cansado. No hay problema en que esté ahí, pero que se ponga a 100 metros", coincidía con ella Javier de la Puente, presidente de la asociación de Amigos de los Jardines del Buen Retiro, en declaraciones al diario El País.
Para Ignacio Bazarra, periodista y responsable de la web Retiromania.com, hay más cuestiones subterráneas. El amante de este parque, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en julio de 2021 junto al Paseo del Prado, se refiere a la cercanía de las oficinas del director del parque. "Es un dato curioso: están al lado", señala, poniendo en entredicho la versión de que incordia en la biblioteca y de que incumple la ley. "La norma de actuaciones callejeras es bastante flexible. Se supone que no se necesita ninguna autorización, pero que no se puede poner amplificadores. Sin embargo, hay unos títeres que actúan en el estanque y no pasa nada", reflexiona.
Bazarra califica el asunto de "aporofobia": "Hay un trasfondo de rechazo al pobre", sostiene, "y crea un precedente inquietante". Sería, concluye, no solo expulsar a un músico sino a una persona que intenta ganar algo para mantenerse. "En El Retiro pasó con un grupo que ensayaban percusión enfrente del estanque y eran muchos, pero nada más. Aparte, ¿quién decide lo que molesta?", pregunta. A dos estudiantes de Ciencias Sociales, por ejemplo, les encanta: "Dentro no se oye nada. Es más: con las pisadas, las clases que hay a veces o el ruido de los que llevan cascos no se escucha lo de fuera. Y este señor es la alegría cuando hacemos un descanso. Si se va él, nos vamos nosotras".
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