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Alemania, ¿en manos de un autómata?

© REUTERS / Guglielmo MangiapaneOlaf Scholz, canciller de Alemania
Olaf Scholz, canciller de Alemania - Sputnik Mundo, 1920, 22.12.2021
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La era de Angela Merkel ha concluido. El nuevo gobierno de coalición de Alemania ha tomado el relevo, poniendo así fin a 16 años ininterrumpidos de liderazgo conservador. No es una ruptura demasiado dramática porque la política alemana se basa en la estabilidad y la creación de consenso.
Este nuevo gobierno, una coalición tripartita forjada a través del compromiso, es un excelente ejemplo de ello para muchos estados vecinos europeos.
El nuevo canciller Olaf Scholz encabeza un Ejecutivo tricolor o "semáforo", llamado así por el color de cada formación política: el rojo de los socialdemócratas (SPD), el amarillo de los liberales y el verde de los Verdes.
La hoja de ruta de la coalición incluye medidas llamativas, como reducir la edad para votar a 16 años o legalizar la marihuana, con otras indudablemente progresistas como ampliar los derechos de ciudadanía, invertir en viviendas asequibles o acelerar algunos de los compromisos climáticos del país, la locomotora de Europa.
Suena bien, aunque no es revolucionario. Pero un cambio modesto sigue siendo un cambio. Si la coalición, fruto de un extraño matrimonio político, cumple sus propuestas, eso tendrá efecto en todo el continente.
Scholz y y su partido ganaron por estrecho margen las elecciones federales de septiembre de 2021. Anteriormente se desempeñó como vicecanciller (número dos) y ministro de Finanzas de Merkel. Ninguno de los dos grandes partidos, el SPD o la Unión Demócrata Cristiana, quería formar una gran coalición (que había existido durante 12 de los 16 años de Merkel como canciller), lo que significaba que tres partidos tendrían que unirse, un fenómeno bastante raro que no había sucedido desde 1949. Pero la votación ciudadana hizo posible los liberales y los ecologistas pudieran elegir con quién querían trabajar. Eso les dio mucha influencia, ya que básicamente podrían ungir al próximo canciller.
La coalición encontró formas de unir las grandes prioridades de todos. Cada uno obtuvo algo, si no todo, de lo que quería, lo que les permitió vender este acuerdo a sus respectivas bases y que estas lo aprobaran.
El reparto de carteras supuso un duro hueso en el proceso de negociación. El SPD, por supuesto, obtuvo la cancillería, junto con ministerios importantes como Interior. Los Verdes recibieron el Ministerio de Asuntos Exteriores, que será dirigido por la colíder del partido Annalena Baerbock, quien adoptó una política exterior más centrada en los derechos humanos, especialmente cuando se trata de Rusia y China. Los liberales se quedaron con el codiciado Ministerio de Finanzas encabezado por el líder del partido Christian Lindner.
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El talante de las negociaciones, realizadas en un "ambiente amistoso pero intenso, un ambiente lleno de confianza", según el propio testimonio de Scholz, y la constatación de que la coalición no era un último recurso sino una elección buscada hacen presagiar que se mantendrá vivo el acuerdo a tres bandas hasta 2025 a pesar de las grandes diferencias ideológicas que subyacen entre ellos.
Y a pesar de esas distancias, los tres partidos están unidos en torno a grandes asuntos. Son bastante progresistas socialmente, por ejemplo, en temas como los derechos del colectivo LGBTI. Aunque pueden tener ideas divergentes sobre lo que significa el progreso, parecen unidos alrededor de la idea de que Alemania tiene que avanzar un poco más, y más rápido, para abordar desafíos globales como el cambio climático. Hay voluntad política y sentido del Estado, lo que no abunda en otras latitudes europeas más meridionales.
Es posible que se produzcan grandes cambios en la política interna, y algunos menores en el plano de la política exterior, especialmente en las relaciones bilaterales con China y Rusia.
En la hoja de ruta de 177 páginas del acuerdo de coalición hay menciones específicas de temas como Taiwán, Xinjiang y violaciones de derechos humanos, entre otros. El tono de la retórica en el documento es mucho más agresivo, lo que, según parece, tiene que ver con las acciones emprendidas por el Gobierno de Pekín.
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Merkel fue muy pragmática en lo que a política internacional se refiere. En algunos casos, demasiado. Que se lo digan a los griegos. Ahí se puede notar su ausencia. Pero todavía falta por ver cómo se acometerán esos cambios o si serán solo cosméticos. Es muy posible que Scholz no controle ni guíe como ella hacía, con tanto rigor, los asuntos exteriores ni las delicadas relaciones con la Unión Europea. Eso daría más poder a Baerbock.
Aunque la política de la UE no estuvo muy presente en la campaña electoral, Scholz y Baerbock tendrán que poner a prueba muy pronto sus habilidades diplomáticas, especialmente con la crisis que se cierne sobre Ucrania. También es plausible que el nuevo Ejecutivo germano se enfoque mucho más en los problemas de casa, especialmente en la resolución de la pandemia, en la recuperación económica y en su agenda de política social.
Scholz no es Merkel, ni mucho menos, pero es tan ambicioso como ella. También le definen la sobriedad dialéctica y un extremado autocontrol tanto en el comportamiento como en los gestos faciales. Sacarle de quicio parece una tarea ardua. Y en su primera conferencia de prensa como flamante canciller confirmó esas características. De hecho, sus discursos y respuestas suelen ser como robóticas: demasiado medidas y planas. De ahí que la prensa alemana le pusiera hace años, allá por 2004, el apodo de "Scholzomat", al mezclar su apellido con la palabra "autómata". Eso, en un país tan metódico y frío como Alemania, no representa en absoluto un insulto, Y a él no le ha ido tan mal. En cualquier caso, habrá que comprobar en los próximos meses cuál es su nueva programación…
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK
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