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La fiebre del pistacho en España: una comunidad lidera el sector por goleada

© Sputnik / Alberto García PalomoSelección de pistachos en la nave de Green Pistachio, en la provincia de Toledo
Selección de pistachos en la nave de Green Pistachio, en la provincia de Toledo - Sputnik Mundo, 1920, 27.11.2021
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Este cultivo se ha multiplicado por más de 40 en total en el país, pero es en Castilla-La Mancha donde se acumula el 81% de la superficie cultivada. Su calidad y precio, unidas a las favorables características del entorno, hacen que muchos agricultores cambien su producción por este fruto.
Varios sacos con el rótulo de cáscaras esperan en la entrada de un polígono industrial de Borox, en Toledo. La recepción a esta nave no tendría ninguna indicación si no fuera por esas bolsas enormes de esterilla blanca. Dentro se resuelve el enigma: estamos en la sede de Green Pistachio, una compañía dedicada a procesar y distribuir este fruto. La montó Ricardo Planas en 2014 junto a otro socio y combinándola con un trabajo de asalariado, pero desde el año pasado se dedica exclusivamente (y solo) a ella.
Su trayectoria es una consecuencia paralela a lo que ocurre en esta comunidad autónoma donde tiene la empresa. Castilla-La Mancha alberga el 81% de producción nacional de pistacho. En el total del país, el cultivo de este fruto ha crecido exponencialmente durante la última década. Las cifras son asombrosas: se ha pasado de 1.212 hectáreas en 2011 a 44.244 en 2020. Y más de 36.000 pertenecen a esta región que se estira a los cuatro puntos cardinales desde el centro del mapa. La fiebre por plantar este árbol responde a un cúmulo de factores y va en camino de lograr algo inaudito: que España sea la primera productora de Europa y esté entre las cinco del ranquin mundial.
"Hay un bum", reconoce Planas, de 49 años, en su despacho, donde no deja de atender llamadas a su móvil personal y de trabajo. El pistacho, dice a Sputnik sentado entre carpetas y bolsas de su negocio, ha dado mucho rendimiento económico en los últimos años y, aunque tiende a estabilizarse, aún le queda recorrido. Este madrileño mudó su sede de Valdemoro a este pueblo hace unos meses. Desde aquí, a unos 45 kilómetros de la capital, exporta a otras latitudes y mayoristas autóctonos. Lo hace gracias a la labor de unas 30 familias y a una plantilla de cinco personas. "Se ha creado una pequeña industria. Nos falta generar la confianza en lo que se denomina la Horecas (hoteles, restaurantes y cátering)", reflexiona.
Para afianzar eso que cataloga como "pequeña industria" hay que mezclar distintos ingredientes y echar la vista atrás. Habría que irse hasta finales de los años 80 y ampliar el foco a factores no tan palpables. Empecemos por el más tangible. Castilla-La Mancha, como otros lugares de la mitad sur del país, se enfrentaba a una intermitente sequía. Desde la región se predecía el calentamiento global, con un descenso de lluvias y un paulatino aumento de temperatura. No lo notaban simplemente en los datos, sino en el día a día: aparte de la reducción del invierno, enclaves tan célebres como Las Tablas de Daimiel o las lagunas de Ruidera se vaciaban o atravesaban catástrofes cíclicas.
© Sputnik / Alberto García Palomo

Ricardo Planas, fundador de la empresa Green Pistachios, situada en Castilla-La Mancha

Ricardo Planas, fundador de la empresa Green Pistachios, situada en Castilla-La Mancha - Sputnik Mundo
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Ricardo Planas, fundador de la empresa Green Pistachios, situada en Castilla-La Mancha

© Sputnik / Alberto García Palomo

Procesamiento de pistachos en la compañía Green Pistachio, situada en Castilla-La Mancha (España)

Procesamiento de pistachos en la compañía Green Pistachio, situada en Castilla-La Mancha (España) - Sputnik Mundo
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Procesamiento de pistachos en la compañía Green Pistachio, situada en Castilla-La Mancha (España)

© Sputnik / Alberto García Palomo

Campo de pistachos en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha (España)

Campo de pistachos en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha (España) - Sputnik Mundo
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Campo de pistachos en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha (España)

© Sputnik / Alberto García PalomoSelección de pistachos en la nave de Green Pistachio, en la provincia de Toledo
Selección de pistachos en la nave de Green Pistachio, en la provincia de Toledo - Sputnik Mundo
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Selección de pistachos en la nave de Green Pistachio, en la provincia de Toledo
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Ricardo Planas, fundador de la empresa Green Pistachios, situada en Castilla-La Mancha

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Procesamiento de pistachos en la compañía Green Pistachio, situada en Castilla-La Mancha (España)

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Campo de pistachos en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha (España)

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Selección de pistachos en la nave de Green Pistachio, en la provincia de Toledo
Influían también los diferentes trasvases de agua y la merma en su acuífero principal. Mucha de esa reducción provenía de los cultivos de la zona. Igual que lo que acontecido en el Mar Menor de Murcia, el campo manchego retenía gran proporción de este recurso. Los viñedos o las plantaciones tradicionales de melón, cebolla o maíz acaparaban con su regadío este bien limitado. Y se empezaron a investigar alternativas. Ya había algunas, como los cereales o los almendros, pero había que dar un salto mortal.
Desde el Gobierno autonómico se pusieron en marcha diferentes líneas de estudio y varios organismos de desarrollo en el sector. Uno de ellos, el más importante, fue el Centro de Investigación Agroalimentario El Chaparrillo, en Ciudad Real. José Francisco Couceiro, el técnico principal, recuerda a Sputnik cómo iniciaron esta exitosa singladura. “Queríamos buscar cultivos alternativos, que resistieran las elevadas temperaturas y que pudieran ser rentables con poca agua. Entre varios leñosos [sin necesidad de replantar después de cada cosecha] y herbáceos comenzamos a realizar continuos descartes y, con el transcurrir del tiempo, comprobamos que el pistacho encajaba como un guante para Castilla La-Mancha", indica.
© Sputnik / Alberto García PalomoPanorámica de uno de los campos de cultivo en la provincia de Toledo (España)
Panorámica de uno de los campos de cultivo en la provincia de Toledo (España) - Sputnik Mundo, 1920, 24.11.2021
Panorámica de uno de los campos de cultivo en la provincia de Toledo (España)
Según explica Couceiro, el pistacho daba a la perfección con el contexto de la zona, de clima seco y frío. “Si plantas un árbol en un suelo poco profundo, su nutrición va a ser más desfavorable que si se pone cualquier otro cultivo herbáceo anual, salvo que te vayas a marcos amplios y a portainjertos de bajo vigor", especifica. "Este cultivo posee un excepcional poder de absorción de agua en un suelo aparentemente seco y, en la actualidad, las heladas tardías han desaparecido y la oscilación térmica en el periodo de injerto ha disminuido significativamente en relación a la que ocurría hace 10 años, con lo que el injerto en campo está siendo un éxito a nivel nacional", señala. El experto calcula que en 2021 hay unas 15.000 hectáreas nuevas, por lo que se alcanzarán las 50.000.

"A veces es un salto al vacío del agricultor, porque hasta el sexto o séptimo año no da frutos", confiesa Couceiro.

Uno de los mayores obstáculos que se encuentra este cultivo es, precisamente, ese: algunos agricultores prefieren continuar con sus cosechas tradicionales y no arriesgar con algo que tiene más de inversión que de lucro inmediato. "A pesar de eso, ya hay más atrevimiento porque se ve estable", aclara Couceiro. Desde El Chaparrillo, agrega, hay ya una clasificación en curso de las variedades del pistacho y de las posibles plagas. Sara Rodrigo y Stefano Armadoro, otros dos miembros del centro, detallan a Sputnik esas tareas contra los insectos enemigos y avanzan cómo se está intentando certificar y caracterizar las variedades de pistacho.
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"Turquía, Estados Unidos, China e Irán son los principales productores", advierte Couceiro, que ve capaz a España de desplazar a alguno de estos países y tocar el podio. Las variedades que se producen aquí, de hecho, son de esos lugares. Preponderan las denominaciones Larnaca o Kerman en un cultivo que se ha tornado "imprescindible", en palabras de Francisco Martínez Arroyo, consejero de Agricultura, Agua y Desarrollo Rural de Castilla-La Mancha. Desde el Gobierno, tal y como remarcaron en un acto de febrero, "se está trabajando de la mano con el sector para valorizar este cultivo, mayoritariamente ecológico".
Francisco Martínez Arroyo, además, cree que es una manera de que los habitantes de estos pueblos permanezcan por esta "riqueza" y "transformación" del medio rural. Esta afirmación tiene que ver con otro de los factores que han causado el auge del pistacho. Tras un éxodo imparable de la denominada España vaciada", la agricultura sigue como único anclaje a las raíces. Y como flotador en épocas de incertidumbre. Se ha observado en lo que llevamos de siglo XXI. Primero con la crisis económica de 2008 y ahora con la pandemia.
"A mí me tocó porque soy hijo de pistachero, pero mucha gente no lo quería. Y empezar de cero es inviable", sentencia Paulino Santos a Sputnik. Este agricultor surte a Green Pistachio con sus 20 hectáreas en la provincia de Toledo. Lo suyo viene de familia. "Si no, es muy difícil dedicarse a esto. Hay gente que lo retoma, pero son muy pocos", señala. Con vides y otros cultivos, sí que ha ido ampliando el de pistacho. "Se compra mucho y la ventaja es que necesita menos mano de obra, porque aunque haya paro, pocos se quieren venir al campo: es muy esclavo", insiste.
Mirando no hace mucho, sin embargo, se comprueba cómo las labores en la agricultura eran desdeñadas por los herederos. Veían en el ladrillo u otra actividad parecida una mayor prosperidad. Pero cuando explotó la burbuja, fue su asidero más seguro. Igual que lo siguió siendo en los años siguientes, marcados por la precariedad y el estancamiento de salarios. Además, el revés de la epidemia de COVID-19 giró de nuevo el espejo hacia estas actividades esenciales: mientras el globo se confinaba y un enorme número de gremios lamentaba su posible extinción, la tierra se erigió como el salvamento a una crisis.
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Ricardo Planas concibe estos parámetros, aunque añade otro más prosaico: "Es verdad que con la pandemia se ha tendido a lo local, por facilidad para transportar y hacer acopio en horas sin estar pendientes de fronteras, pero también se le ha dado mucho bombo", ataja. "Pistacho hay en Andalucía, en Zamora o en Huesca, pero en Castilla-La Mancha se han hecho muchos talleres, muchos premios y se nota", advierte, sin menospreciar el incremento y la fama repercusión obtenidos por el empuje oficial.
"Ahora se está hablando de las eurosemillas, y aunque no tengamos todavía la producción para abastecer el consumo español, ya se valora la calidad de nuestro producto", concede quien ha logrado el sello ISO 22000 de seguridad alimentaria: "Hemos sido la primera de esto, y es porque creemos que la calidad no es solo el sabor, también es el esfuerzo y los cuidados".
El empresario acompaña su reflexión con un paseo por la fábrica. En ella se ve cómo los empleados (y los visitantes) trabajan con un serio protocolo de higiene y cómo se concreta cada etapa del proceso. Una máquina expulsa los pistachos recolectados y hay una primera criba para separar los cerrados de los abiertos. Luego se dividen por tamaños y se preparan para ser distribuidos. Su marca es ecológica, puntualiza, y eso significa que el coste medio del kilo está entre los 11 y los 15 euros. Si no, se puede pagar al agricultor entre cuatro y ocho.
"Yo garanticé muy buenos precios en 2020 y me arruiné porque bajó el mercado", sonríe quien confía en remontar estos años. En 2021 ya ha vendido unas 160 toneladas. "Hay que tener en cuenta que estos años estamos vendiendo la cosecha de 2014, que había 3.000 hectáreas. Según avancemos habrá mucha más producción", expone, diferenciando entre la venta a tostaderos, en grano o en crema, utilizada generalmente en repostería. ¿Y las cáscaras? "Van para biomasa", revela Planas. Lo hace rodeado de columnas dúctiles levantadas con lo que cubre al fruto más deseado en la Comunidad Autónoma: el pistacho.
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