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"Si no respira es que ha fallecido": el malentendido de urgencias que le costó la vida a Carmen

© Foto : Cortesía de Beatriz SánchezCarmen Ponce con su hija, Beatriz Sánchez
Carmen Ponce con su hija, Beatriz Sánchez - Sputnik Mundo, 1920, 26.11.2021
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Una equivocación en la llamada al servicio de emergencias de Madrid supuso un retraso en el envío de una ambulancia. Esos minutos quizás fueran la clave para que una mujer de 72 años no falleciera.
Beatriz Sánchez no quiere que su testimonio empañe la reputación del SUMMA 112, el servicio de emergencias de Madrid. Sabe que su trabajo es "maravilloso" y que los empleados deben de estar "desesperados", pero en su caso, un malentendido al pedir una ambulancia le costó la vida de su madre. Y es lo que ha provocado la denuncia. No contra la entidad sanitaria (gremio del que forma parte) sino contra lo que considera una negligencia con un desenlace fatal y contra "la falta de empatía" por parte de la persona que la atendió.
La negligencia consiste en haber equivocado su auxilio por el de otra persona. Y la incapacidad de ponerse en su lugar tiene que ver con el poco tacto con el que fue atendida. Ambas cosas se pueden comprobar al escuchar la grabación de unos segundos angustiosos en los que Beatriz pregunta por la ambulancia y la persona al otro lado de teléfono llega a decir que si su madre no respira "es que ha fallecido". "Señora, es que su madre se está muriendo, ¿vale?", reiteran al otro lado de la línea.
© Foto : Cortesía de Beatriz SánchezCarmen Ponce, en una foto de archivo
Carmen Ponce, en una foto de archivo - Sputnik Mundo, 1920, 26.11.2021
Carmen Ponce, en una foto de archivo
Esto se produce un 26 de enero de 2020 en varias secuencias. La primera sería a las 10.46 de la mañana. Beatriz y un amigo están en casa de su madre, una mujer de 72 años y una enfermedad crónica del corazón, y ven que se ahoga. Agarran el teléfono y avisan al 112, el número de urgencias. Les toman los datos y activan, supuestamente, un protocolo de auxilio. Al ver que no llega nadie, vuelven a intentarlo. Son las 10.59, 13 minutos después. Es cuando se produce un diálogo que parecería un sketch si no fuera por las trágicas consecuencias.
"Mire, he hablado con un compañero suyo", inicia Beatriz, después de dar los buenos días. "Conmigo, señora, conmigo", le espeta la responsable del SUMMA112. Entonces empieza una batalla verbal asombrosa, con Carmen de fondo, agonizando. "Ya venían de camino, pero es que mi madre no respira", comenta Beatriz en alusión a la ambulancia. "Pues si no respira, señora, es que ha fallecido", responde. "No, no ha fallecido, se queda sin respirar y al ratito vuelve en sí...", alega Beatriz. "Vamos a ver, señora, con la información que usted me ha dado se le ha asignado un médico que todavía no está de camino, señora, ¿vale?", contrataca.
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Así se pasa a otro plano del problema. La empleada del SUMMA 112 le dice que Carmen es una paciente en cuidados paliativos y que, "si hace pausas de apnea", está falleciendo. Intentando resolver el entuerto, Beatriz insiste en que se están confundiendo: su madre es una cardiópata con tres válvulas que se asfixia, pero no está terminal. Dándose cuenta del error, la oyente resuelve: "Pues perdone, señora, a lo mejor ha habido un error y estaríamos hablando de otra paciente... Le enviamos una UVI inmediatamente".
Dicha ambulancia llega seis minutos después, a las 11.05, desde el hospital Gregorio Marañón. Demasiado tarde: Carmen Ponce ha dejado de respirar permanentemente. La hija y su amigo, al que se le oye gritar "que manden una puta ambulancia de una puta vez", se quedan atónitos. "Aparte de lo que le pasó a mi madre, es que parecía que nos habían regañado", comenta Beatriz, de 44 años, a Sputnik, "y aunque hubiera sido de paliativos, yo no creo que nadie merezca eso".
Con el sepelio y las ceremonias fúnebres terminadas, Beatriz tuvo claro que lo siguiente era denunciar. "Se lo dije a mi hermano y estaba conforme", rememora. Sin saber cómo empezar, buscó en "San Google" y dio con el defensor del paciente y el abogado Carlos Sardinero. "Desde un primer momento comenzamos con trámites, pedimos las grabaciones, etcétera", arguye. En la demanda se piden 72.000 euros por el error, asumido por la Comunidad de Madrid.
"Pero el dinero nos da igual. Solo queremos que se haga justicia y que no vuelva a ocurrir", aclara, incidiendo en que no culpa al servicio de emergencias, sino a una persona concreta. "No quiero que el garbanzo negro fastidie todo el cocido", explica.
Una posible negligencia que la Comunidad de Madrid "lamenta profundamente", así como "el error humano que se produjo en la actuación de este caso". Sin embargo, alegan que de esta demora "no se puede inferir el fallecimiento". Según la administración, Beatriz llama a las 10.48, dos minutos después. En la posterior llamada, "el segundo médico comprueba que por error se han intercambiado las fichas de este caso con uno atendido anteriormente de una paciente que estaba en cuidados paliativos, en ubicación muy próxima y muy similar por sintomatología y características, pero con una necesidad de tipo de recurso y de prioridad en la atención distintas".
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Finalmente, relatan, "se activa el recurso adecuado, una UVI móvil, que tarda seis minutos desde la segunda llamada en personarse en el domicilio, sin que, lamentablemente, el equipo sanitario pueda hacer nada por salvar la vida de la paciente". En total, 18 minutos. "Dicho tiempo de respuesta se encuentra dentro de los márgenes aceptables contemplados en este servicio", aducen, matizando que "el error sí genera un retraso de unos minutos, pero de ese retraso no se puede inferir el fallecimiento".
"Resulta imposible predecir cuál habría sido el resultado final si la ambulancia hubiera sido enviada en el primer momento, máxime cuando la paciente presentaba pluripatologías previas y se desconoce cuánto tiempo llevaba inconsciente", agregan. Nadie sabe, reconoce también Beatriz, qué hubiera ocurrido. Quizás la conclusión sería similar. Pero ella no deja de darle vueltas.
"Y además la queja es por el trato inhumano", anota. Es cierto, alega, que su madre tenía una dolencia cardiaca desde hacía una década, pero eso no significaba esa catástrofe súbita. "Ella se había puesto tres válvulas diez años antes y se hacía revisiones. La última vez que le cambiaron una fue en 2019. Justo cuando recogía la casa, vi unos análisis y me llamó la enfermera para darme cita con el médico. Cuando le dije que había muerto me contestó que la había visto la semana anterior y que todo estaba correcto", expone, asegurando que ella iba casi cada día a verla y la llamaba todas las noches: "A las diez, sin falta".
Su madre, además, no pasaba desapercibida en el ambulatorio del barrio de Vicálvaro, donde residía. "Como sabía de repostería, siempre llevaba tartas o pasteles. Imagínate: la adoraban", narra, describiendo más aspectos de su personalidad, como lo "cabezota" que era. Beatriz agradece la atención mediática que ha provocado su lance, adelantado por el diario El Mundo, pero sabe que ya "no hay vuelta atrás". "Ojalá me devolvieran a mi madre, pero sé que no puede ser. Por eso queremos justicia y que algo así no le pase a nadie más", concluye.
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