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Secuelas de las masacres de 2019 todavía dificultan la paz en Bolivia

© Sputnik / Sebastián OchoaLos comités cívicos de los nueve departamentos habían establecido que este domingo 10 de octubre se realizarían movilizaciones en todo el país "contra la dictadura del MAS", el Movimiento Al Socialismo, partido del presidente Luis Arce. La oposición se manifestó en conmemoración del Día de la Democracia, porque en la misma fecha de 1982 había acabado una dictadura. Con esta argucia, los "pititas" negaron que en noviembre de 2019 Bolivia haya sufrido un golpe de Estado. Y destacaron que el Gobierno de facto de Jeanine Áñez habría sido constitucional.
Los comités cívicos de los nueve departamentos habían establecido que este domingo 10 de octubre se realizarían movilizaciones en todo el país contra la dictadura del MAS, el Movimiento Al Socialismo, partido del presidente Luis Arce.

La oposición se manifestó en conmemoración del Día de la Democracia, porque en la misma fecha de 1982 había acabado una dictadura. Con esta argucia, los pititas negaron que en noviembre de 2019 Bolivia haya sufrido un golpe de Estado. Y destacaron que el Gobierno de facto de Jeanine Áñez habría sido constitucional. 
 - Sputnik Mundo, 1920, 19.11.2021
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LA PAZ (Sputnik) – Hace dos años, la pequeña parroquia San Francisco de Senkata se convirtió en morgue, hospital y refugio de las víctimas de uno de los episodios más violentos del golpe de Estado que conmovió a Bolivia.
Las secuelas de la masacre todavía marcan a los pobladores de esa populosa zona de El Alto, ciudad contigua a La Paz, que buscan tanto justicia y reparación de daños como un cambio de estructuras políticas y conductas que les permita vivir de nuevo en paz y tranquilidad, según el sacerdote de ese templo católico, Guillermo Revelín.
Senkata es el sitio donde ocurrió una de las tres operaciones policiales y militares de represión que provocaron más de una veintena de civiles muertos en los primeros días del Gobierno transitorio de Jeanine Áñez, instalado tras el derrocamiento de Evo Morales.
El 19 de noviembre de 2019, cinco días después de que la represión a una manifestación antigolpe dejara al menos 11 campesinos muertos en Sacaba (Cochabamba, centro), las fuerzas movilizadas por Áñez arremetieron contra vecinos cerca de la planta de almacenamiento de combustibles de Senkata, provocando otros tantos fallecimientos y más de un centenar de heridos.

Indignación

"Lo que más me dolía es que las autoridades decían que los vecinos se habían disparado entre ellos. Eso no es verdad. ¿Cómo pueden decir que entre los vecinos se dispararon? Ellos solo tenían piedras", recordó el 19 de noviembre Revelín, en diálogo con la Agencia Sputnik y un medio local.
"Yo viví de cerca esa jornada de mucha violencia. Observamos cómo llovían proyectiles desde el cielo con helicópteros y aviones de guerra y disparos desde tierra con carros y soldados contra los manifestantes, y ahora compartimos el reclamo de justicia y de paz", dijo.
Revelín consideró "inaceptable y sin ningún fundamento" la versión del Gobierno de Áñez de que la operación militar-policial pretendía proteger la planta de combustibles de manifestantes que supuestamente querían "hacerla volar".
"Por el contrario, yo asistí a reuniones de vecinos días antes de la masacre y soy testigo de que allí se debatía cómo proteger la planta ante un ataque que se temía de grupos de choque que los vecinos decían que estaban llegando de Santa Cruz [este], en apoyo al nuevo gobierno", dijo.
Las demandas de justicia de los familiares de las víctimas apuntan principalmente a la expresidenta Áñez, pero ella todavía no está acusada formalmente porque los tribunales deben decidir si el caso va por vía ordinaria o por un juicio de responsabilidades.
En cambio, hay cinco exjefes militares y policiales bajo procesos que solo han avanzado hasta ponerlos en detención preventiva.
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"En dos años no ha habido avances, hay unos pocos militares procesados pero los culpables son muchos más, no sabemos realmente quién ha asesinado, no vemos que la justicia ayude a establecer la verdad, y de parte del Gobierno esperamos que cumpla la reparación integral recomendada por el GIEI [grupo de expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos]", lamentó Revelín.
El GIEI cerró el debate sobre el carácter de las represiones ocurridas en Senkata y Sacaba calificándolas como "masacres", inclusive con episodios tipificados como "ejecuciones sumarias".
Con este informe, más otro del parlamento y sus propios testimonios, los representantes de las víctimas esperan que Áñez y sus colaboradores sean condenados.
"Con mucha indignación, Senkata espera justicia y reparación, porque lo que pasó es grave, se vulneraron todos los derechos humanos. Aquel día como párroco no podía quedarme de rodillas ante el Santísimo, mirando al cielo, sino que tuve que bajar a ayudar, a socorrer a la gente herida que estaba sufriendo en ese momento, a recoger a los fallecidos", relató el sacerdote.
Resumió que el pequeño templo de San Francisco, en Senkata, "se convirtió ese día en morgue, hospital, hospedaje para marchistas y refugio para los perseguidos, como casa de buen samaritano que refleja el amor de Dios misericordioso".
El mismo templo fue utilizado por el GIEI para presentar su informe en agosto pasado, alentando la esperanza de las víctimas de que lograrán justicia, anotó Revelín.

Paz posible

El párroco remarcó que compartía plenamente la indignación que todavía sufre Senkata, por la lentitud de la justicia y los escasos avances de las gestiones con el Gobierno en busca de una adecuada reparación.
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"La justicia y la reparación de daños deben ser las bases de reconstrucción de una vida de paz y reconciliación. No necesitamos más amedrentamientos, amenazas, violencias, sino avanzar humanamente a nivel social, con madurez, inteligencia, sabiduría, para salir sin repetir la violencia", sostuvo.
Ese cambio es posible, dijo, tanto por la abundancia de recursos materiales como por la fortaleza espiritual demostrada especialmente por los sectores más empobrecidos de la población.
"Los vecinos de Senkata son muy católicos, muy creyentes, eso lo veo a diario, y ésta es una de las bases para construir una Bolivia unida, digna y pacífica. Todos creemos aquí en un Dios de justicia, de liberación, que nos puede sacar adelante y no dejarnos enfangados en estos problemas", añadió.
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