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El escepticismo climático en España se alía con la cumbre de líderes políticos en Glasgow

© AFP 2021 / Daniel Leal-OlivasUna protesta contra la cumbre del clima en Glasgow a principios de noviembre de 2021
Una protesta contra la cumbre del clima en Glasgow a principios de noviembre de 2021 - Sputnik Mundo, 1920, 16.11.2021
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La celebración en esta ciudad inglesa de la COP26 ha vuelto a provocar opiniones enfrentadas. A las protestas de los activistas contra el calentamiento global se le han unido comentarios en redes sociales que niegan la responsabilidad del hombre.
"No podemos hacer absolutamente nada contra el cambio climático", asegura Daniel José Santomé Lemus, más conocido como Dalas, en un vídeo titulado La verdad sobre el cambio climático: te mintieron en la escuela. El famoso youtuber español lo publicó el 28 de septiembre para sus más de 10 millones de seguidores. A lo largo de 16 minutos, va desgranando datos de este problema "inevitable" y avisando de que hay muchas organizaciones no gubernamentales que, gracias al calentamiento global, "te roban tu dinero y te hacen sentir culpable" por algo que "no se puede remediar".
Tales afirmaciones, acompañadas por conclusiones fácilmente digeribles y datos descontextualizados, ya acumulan más de 758.000 visualizaciones y casi 7.300 comentarios. En algunos intentar matizar sus ideas. En otros, aplauden el hecho de que diga "la verdad" o de que les aclare este complejo tema. Muchos coinciden con sus tesis: el cambio climático existe, pero el ser humano no puede detenerlo. Es un proceso ajeno con el que, encima, se atemoriza y se coarta a la población.
Para colmo, la gente ve cómo se les acusa de favorecer el aumento de las temperaturas desde despachos o encuentros internacionales aderezadas por un gran despliegue de medios. La grabación subida por este usuario de redes sociales, por ejemplo, se adelantaba a la COP26, cumbre contra el cambio climático celebrada entre el 31 de octubre y el 12 de noviembre en Glasgow. Hasta la ciudad inglesa se han trasladado líderes políticos de decenas de países, responsables de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) y empresas con el objetivo de adoptar medidas para paliar esta catástrofe.
A raíz de esta cita ha proliferado el escepticismo. Y, como si fuera una causa que defender o repudiar, ha vuelto la polarización y la demagogia. El artista español Miguel Bosé, embadurnado últimamente en polémicas por su militante negacionismo del COVID-19, fue otro de los que calificó de “farsa” esta reunión: "¿Cómo se puede creer en el cambio climático cuando acuden a la Cumbre 120 jets de magnates o personas como Biden con una corte de 40 coches, contaminando los aires?", preguntaba el cantante en una entrevista de televisión. "Luego nos echan a nosotros la culpa", agregaba.
Si bien es cierto que los acuerdos adoptados y que los fastos ceremoniales no han contentado a casi nadie, no hay dudas en que ciertas cifras existen. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), compuesto por profesionales de todo el mundo, los últimos siete años han sido los más cálidos en la Tierra, con un aumento desde la década de los 80 de 1,1 grados centígrados y poniendo en peligro hasta un millón de especies. Además, afecta a la calidad del aire (con el riesgo en la salud de los seres vivos que esto conlleva) y a la estabilidad de ciertas poblaciones a las que les acecha la subida del nivel del mar o la sequía.
Con la intención de que en 2030 no se llegue al aumento de 1,5 grados centígrados de temperatura, que desembocaría en mayores catástrofes naturales y sociales, la COP26 ha sentenciado que hay que hacer esfuerzos más drásticos y reducir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, pero no han endurecido normas o condiciones para lograrlo. Y eso mantiene esas sospechas hacia los líderes y hacia las verdaderas causas de estas circunstancias. El razonamiento, a grandes rasgos, es: si las grandes empresas no acatan ninguna ley, ¿por qué tengo que preocuparme yo de separar la basura?
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María Serra, activista y miembro de la plataforma Fridays For Future en España, no quiere pronunciarse aún sobre el desenlace de la cumbre, porque está muy a flor de piel, pero sí piensa que la negación a este problema es escasa. "No sé hasta qué punto diría que sigue existiendo el negacionismo climático como tal, al menos en Europa", cavila a Sputnik, "lo que hay son opiniones contra la ciencia financiadas por lobbies fósiles, y a eso no le llamo negacionismo necesariamente, porque le da validez como opinión; lo que está claro es que la gente tiene límites, incluidos los activistas".
Ver cómo estas cumbres acaban "en desastre", continúa Serra, "desgasta a nivel físico y emocional". La integrante del movimiento encabezado por la sueca Greta Thunberg cree que su generación "está preocupada" y que "las otras poco a poco también se han contagiado de una cierta preocupación". "Es verdad que estamos todos, en general, muy desensibilizados de todo, y como generación sobreinformada, que lleva desde niños recibiendo noticias catastrofistas, es difícil no volverse inmune al tema", alega, "también es importante poner los discursos de culpa dónde tocan, y no es en la sociedad de calle".
Al respecto, expresa, la narrativa de culpabilizar a la gente de la calle -por no reciclar, no cambiar bombillas, etcétera- no tiene sentido. "Cien empresas, ellas solitas, liberaban el 70% de las emisiones, tan tranquilas, sin que nadie hiciera nada. Si queremos ganar esta lucha, tenemos que señalar los verdaderos culpables, y eso pasa por conectar la lucha climática con la de clases, y hacer justicia por el sur global", añade, abogando por la educación y concienciación de todos: desde los más pequeños hasta "los de arriba", los CEO, los trabajadores, los padres y las madres.

"Son ellos los que tienen el poder de cambiar las cosas ahora, y los que van a ver su vida afectada a nivel laboral y familiar en menos de 10 años. Si queremos que la población acepte medidas climáticas drásticas, tenemos que hacerles entender por qué son necesarias", concluye Serra.

El divulgador Andreu Escrivà plantea uno de los problemas que pueden alentar este negacionismo: el enfocar el problema del clima como una apuesta de futuro y no como de conservación. "Para impulsar a actuar sobre el cambio climático, hay que hablar del pasado sin sonar a lamento y del futuro sin fatalismo, pero con esperanza", sintetiza a Sputnik. El autor del ensayo ¿Y ahora qué hago?, publicado por Capitán Swing, ve dos enemigos en esa disidencia sobre el asunto. Uno es la incapacidad de trasladar su dimensión y otro la proliferación de noticias falsas o información parcial.
"La mayor noticia falsa que se intenta propagar es que no hay consenso científico. En España, por ejemplo, según un estudio del Real Instituto Elcano, solo la mitad de la gente cree que hay consenso en que existe un cambio climático. Ojo, que esto contrasta con que hay un porcentaje muy grande que asegura que lo tiene claro. Es decir, que saben que existe, pero piensan que los expertos no se aclaran. Y eso es fundamental, porque la confianza en los expertos es uno de los mayores resortes de contención. Cuando tú vas a hacer algo y ves que no hay consenso o que ni siquiera los que saben están de acuerdo, pasas. Y hay interés en desprestigiar a los científicos", arguye el doctor en biodiversidad.
Sobre los mensajes que restan importancia a nuestra responsabilidad, Escrivà cree que es una forma de "eludirlo" o "negarlo". "Pensamos: 'yo lo haría, pero esta empresa lo hace fatal y no sirve de nada, no puedo luchar contra eso'. Tendríamos que intentar cambiar muchas partes de nuestro día a día y lo que hacemos son ponernos excusas que terminan siendo escudos contra la acción climática. Pero lo que hay que hacer es ver que son excusas. Es más doloroso, más difícil y más incómodo, pero hay que hacerlo para lograr ese futuro más humano y más vivible", concluye.
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