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Investigadores andaluces y rusos buscan alternativas a la industria del dolor

© Foto : Pixabay / geraltUna persona con dolor
Una persona con dolor - Sputnik Mundo, 1920, 31.10.2021
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Un equipo de la Universidad de Jaén junto a la Academia de Ciencias Rusas elabora protocolos para lidiar con el dolor sin fármacos. Proponen prácticas adaptadas al perfil psicológico de los pacientes para desprenderse del tratamiento con opiáceos que no para de crecer y de generar mayores problemas y adicciones a nivel global.
¿El dolor es igual para todo el mundo?, ¿se puede vivir con dolor?, ¿hay que evitarlo a toda costa? Estas preguntas rondan a la comunidad científica desde siempre, pero las respuestas son más acuciantes desde que las sociedades desarrolladas ven como los remedios al dolor se han convertido en un problema mucho mayor.
La crisis de los opioides de Estados Unidos es el final de un viaje que nadie quiere hacer. Dolores de muelas que son tratados con opioides. Moscas a cañonazos. No hay caries, pero sí adictos y, por lo tanto, un gran negocio.
Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) estadounidenses, casi medio millón de personas murieron por sobredosis relacionada con sustancias opioides, tanto ilegales como recetadas de 2009 a 2019.
"En Estados Unidos tienen una crisis más severa que los propios dolores. Los opiáceos crean más problemas adicionales, cronificando trastornos y creando adicciones", explica a Sputnik el catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Jaén (UJA), Gustavo Reyes del Paso.
La UJA acaba de presentar un estudio en colaboración con la Academia de Ciencias de Rusia que ofrece un novedoso enfoque para desligar el tratamiento exclusivo del dolor con fármacos y, en última instancia, los opiáceos y sus conclusiones son aparentemente sencillas: adaptar el tratamiento al paciente y buscar alternativas que "distraigan" la percepción del dolor.
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No es que el estudio abogue por el falso "si quieres puedes" y que te mentalices de que, por ejemplo, la fibromialgia no te está pasando factura con dolores insufribles. No, no es eso. "Se trata de convivir con el dolor, de aceptar la realidad. Imagina a dos personas con el mismo dolor: una de ellas permanece en la cama sin poder hacer nada, aislándose de su entorno y perdiendo la esperanza. La otra, sin embargo, consigue asistir a su trabajo, encontrando estímulos que le ayudan a sostenerse e incluso, superar la enfermedad", ejemplifica Reyes.

Lidiar con el dolor, cuestión de carácter

El estudio se ha basado en mujeres pacientes de fibromialgia. Parte de la premisa de que, en España, el dolor es el principal motivo que nos hace visitar al médico y en un 60% de los casos se trata con fármacos.
Pero en paralelo a esa realidad hay una nueva tendencia, "hemos detectado que en Europa el 70% de pacientes con dolor buscan alternativas no farmacológicas". El mundo busca acercamientos distintos para lidiar con el dolor, desprendiéndose de la dependencia monolítica de analgésicos, antidepresivos, ansiolíticos, de sus efectos secundarios… y por supuesto, de los opiáceos.
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Las alternativas que proponen los investigadores pueden sonar ilusorias: hablamos de técnicas de yoga, mindfullnes, nuevos hábitos físicos tan sencillos como paseos o técnicas de respiración o incluso cambios alimenticios… y todo ello, frente a dolencias como la fibromialgia, migrañas, artritis o incluso, los dolores malignos –con actividad tumoral– vinculados al cáncer.
Pero, en este caso, no es tan importante qué hacer, sino quién lo hace. "El dolor es una emoción que todos queremos evitar, hemos descubierto variables que influyen en la percepción del dolor, como la atención que le prestamos, si la persona afectada catastrofiza o no, o si tiene ansiedad o miedo".

¿Y yo?, ¿qué hago para evitar el dolor?

El estudio se ha basado en "técnicas de distracción que permitan desengancharse del dolor". El dolor asciende a nuestro cerebro a través de la médula espinal, lo que los investigadores tratan de contrarrestar con inputs que bajan del cerebro hacia la médula para "inhibirlo y que llegue menos cantidad de dolor". Ahí es cuando entran en juego las técnicas mencionadas, como mindfulness, escuchar música o pasear.
Los investigadores dejan claro que su hallazgo radica en la adaptación de tratamientos alternativos a la personalidad de cada paciente, que es la que determinará un tipo u otro de tratamiento.
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Si la persona afectada por dolores crónicos tiene rumiaciones depresivas y catastrofiza, tendrá un tratamiento distinto al de alguien optimista y enérgico. "Imagina un paciente introvertido y otro extrovertido, como rasgo de personalidad. A la extrovertida se le aplican técnicas que le ayuden a salir de la realidad por la vía de la introspección, con arte de meditación, con músicas rítmicas o tribales o incluso con rezos".
Para una persona introvertida, en cambio, Reyes propone actividades que le "conectan a la realidad sensorial, dar un paseo, el mindfulness, o música más melódica que rítmica".

¿Somos una sociedad condenada a negar el dolor?

Gustavo Reyes lleva desde 2013 en contacto con el profesor Dmitry M. Davydov, de la Academia de Ciencias de Rusia, colaborando en el estudio del dolor. "La disciplina rusa es diferente en cuanto a metodología, por las distintas tecnologías y procedimientos, pero de un nivel alto". Sus investigaciones conjuntas han permitido un importante contrato con una empresa que colabora con el smartwatch de la multinacional norteamericana Apple. Precisamente, de Estados Unidos emana el reto a solucionar.
La pesadilla norteamericana es reflejo del Crimen del Siglo que algunas farmacéuticas vienen promoviendo en las últimas décadas. La aparición primero de la oxicodona como tratamiento primero y después del fentanilo son atentados sanitarios y, hoy por hoy, retos globales.
Las víctimas de los opiáceos no dejan de crecer y los estadounidenses, que representan solo el 5% de la población mundial, consumen el 80% de los opiáceos existentes en el planeta según algunos cálculos.
Estas tendencias tienen eco global. Europa es el segundo consumidor global según la OCDE, y en España, prácticamente doblamos el consumo de dosis diarias por cada 1.000 habitantes de opiáceos, de 10,02 (2010) a 19,94 (2020). Eso tiene implicaciones peligrosas: nos hemos convertido en uno de los productores globales de opiáceos ilegales, según Naciones Unidas.
¿Y qué tiene que ver el tráfico de drogas con las recetas médicas? Pues que hay una mala canalización del dolor. Muchas de las personas que padecen dolores crónicos no son derivadas y atendidas en las Unidades de Dolor, dónde aún así, faltan medios: solo una de cada tres cuenta con asistencia psicológica.

"El dolor es una emoción de la que el ser humano tiende a huir. Pero no olvidemos que es también un mecanismo de supervivencia", reflexiona Gustavo Reyes. Como sociedad evolucionada hemos dado la espalda al dolor, pero obviamos que el dolor forma a veces parte de un proceso de superación. Los opiáceos y su crisis sociosanitaria evidencian que no todos los remedios son una solución.

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