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¿Por qué nuestras preferencias de sabor cambian con el tiempo?

CC0 / Unsplash / Una muchacha come un dulce
Una muchacha come un dulce - Sputnik Mundo, 1920, 17.10.2021
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No es raro que a un niño no le guste la espinaca al probarla por primera vez. Con el tiempo, sin embargo, puede empezar a tolerar su sabor e incluso pasar a disfrutarlo. Es más, después de la infancia, las preferencias de sabor de una persona pueden seguir evolucionando. ¿Por qué sucede eso ?
Son varios los factores que determinan nuestras preferencias de sabor, desde la evolución hasta la genética. Además, estas preferencias son bastante maleables y cambian de acuerdo con los sabores a los cuales nos exponemos y también cuándo, con qué frecuencia y en qué contextos lo hacemos.

La evolución

Hasta cierto punto, la evolución humana es lo que determina por qué nos gusta más uno u otro sabor en ciertas etapas de la vida.
A lo largo de la infancia hasta mediados de la adolescencia, los humanos demuestran una mayor preferencia por los sabores dulces. Luego, cuando el crecimiento de la persona comienza a ralentizarse, alrededor de los 14 a los 16 años, la preferencia por los dulces generalmente disminuye, explica Live Science.
Este amor por los dulces en las fases tempranas de la vida también se observa en otros primates. Esto se debe a que la dulzura suele ser un indicativo de un alimento rico en caloría, algo clave para el crecimiento, el desarrollo y la supervivencia, explica la biopsicóloga Julie Mennella, miembro del Centro Monell de los Sentidos Químicos en Filadelfia (EEUU). En comparación con los adultos, a los niños también les gusta más la sal, un mineral esencial para la función cerebral y muscular.
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Mientras lo dulce y lo salado son interpretados como señales de alimentos buenos, el sabor amargo podría denotar algo venenoso o en mal estado, sostiene Mennella. Así, los bebés muestran una mayor sensibilidad a los sabores amargos, en comparación con los adultos. Esta es una manera del organismo asegurar que los niños en crecimiento ingieran muchas calorías a la vez que evitan las toxinas.

La madre

Sin embargo, no solo la evolución es la culpable. Nuestras preferencias alimentarias empiezan a determinarse cuando todavía estamos en el vientre de nuestra madre. A partir del momento en que los sentidos del gusto y el olfato se desarrollan, los fetos comienzan a aprender a saborear diferentes alimentos, apunta Mennella.
Un estudio llevado a cabo en 2019 mostró que los alimentos y bebidas consumidos por las mujeres durante el embarazo "dan sabor" a su líquido amniótico. Al exponerse a los sabores, los fetos reciben la información acerca de cuáles son seguros para consumir. Las moléculas de sabor también llegan a la leche materna y enseña los sabores a los bebés de manera similar.

La exposición

Nuestras primeras experiencias con los alimentos ayudan a determinar nuestras preferencias, pero la exposición a los sabores también desempeña un papel importante en ello.
"A través de la exposición repetida a nuevos alimentos, nuestro paladar se expande", subraya LS.
Un estudio del 2019 encontró que experiencias alimentarias tempranas pueden tener un impacto directo en la aceptabilidad de ciertos alimentos a lo largo de la vida. La investigación mostró que bebés de entre cuatro meses y dos años que prueban una verdura todos los días durante ocho a 10 días pueden aumentar su aceptación de ese alimento en el futuro, por ejemplo.

Las experiencias

Las comidas que consumimos en la infancia también crean recuerdos "emocionalmente potentes", los cuales son posteriormente evocados justamente a través del sabor. Este peso emocional asociado con un alimento también puede hacer que su sabor nos guste más que otros.
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Las memorias relacionadas con el sabor que se crean en la infancia dejan una impresión duradera en nuestras preferencias alimentarias a lo largo de la vida. Esto no significa, sin embargo, que el proceso de aprender a disfrutar de sabores nuevos no continúe durante la edad adulta.
"No me parece que esta ventana [de oportunidad para ampliar el paladar] se cierre", considera Mennella, quien pone de relieve que "todos podemos aprender a disfrutar de nuevos alimentos".
Sin embargo, los malos recuerdos asociados con ciertos alimentos pueden ser difíciles de superar, según la especialista. Un episodio intenso de intoxicación alimentaria, por ejemplo, puede hacer que una persona se sienta mal ante el mero pensamiento de la comida que le hizo daño.

La edad

Otro factor que puede tener un impacto importante en nuestras preferencias alimentarias es nuestra edad.
"Nuestros gustos pueden cambiar a medida que envejecemos debido a cambios en nuestra capacidad para sentir sabores y olores", apunta LS.
En la juventud, el gusto y el olfato son más agudos, por lo que los sabores se sienten de manera más intensa. Las disminuciones en las capacidades de sentir los gustos y olores puede cambiar las preferencias alimentarias de las personas en la vejez.
No es raro que las personas mayores pasen a comer menos por no sentir tan bien el gusto de las cosas. Por otro lado, es posible que les empiecen a gustar alimentos con sabores más pronunciados, como manera de compensar la pérdida parcial de los sentidos. Por esta razón, el consumo de alimentos superdulces y salados tiende a aumentar en la vejez.
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Otras características de los alimentos, como su apariencia visual, textura y lo convenientes que son para prepararlos y comerlos, también pueden influir en las preferencias alimentarias de las personas, concluye LS.
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