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Nuestro sentido del olfato resulta ser un sistema de alerta rápida contra el peligro

Una mujer tapándose la nariz - Sputnik Mundo, 1920, 16.10.2021
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Normalmente son la vista y el oído los sentidos que consideramos ser nuestros salvadores en situaciones de peligro, pero un nuevo estudio revela que el olfato es igual de importante, e incluso más eficaz a la hora de ayudarnos a salir sanos y salvos de situaciones de riesgo.
Resulta que los nervios en lo más profundo de nuestra nariz empiezan a procesar los olores negativos en el momento en que los detectamos, lo que provoca una respuesta más rápida de nuestro cuerpo, indican los resultados de dos experimentos llevados a cabo por investigadores del Instituto Karolinska de Suecia.
Esto contrasta con nuestros sistemas visual y auditivo que envían las respuestas sensoriales a unidades especializadas dentro del cerebro para su procesamiento, lo que retrasa el tiempo que tarda el cuerpo en levantarse y moverse.
Los estudios realizados en roedores han demostrado que este conjunto de nervios que detecta olores, llamado bulbo olfativo, procesa la información de un modo muy similar al cerebro. Lejos de ser un mero buzón para los olores, este conjunto de neuronas puede clasificar activamente los estímulos en función de las respuestas aprendidas e innatas.
Esto es algo muy importante cuando se trata de situaciones potencialmente peligrosas. Cuando uno está a punto de mordisquear un bocado nocivo o, peor aún, de aspirar una bocanada de gases tóxicos, no puede perder valiosas fracciones de milisegundo calculando la respuesta adecuada.
Para ver si los hallazgos hechos en roedores podrían ser aplicados a los seres humanos, el equipo reclutó a 19 no fumadores que reportaron estar sanos para que olieran rápidamente seis aromas diferentes, algunos de los cuales eran más bien agradables mientras que otros eran menos atractivos.
Durante el experimento, los investigadores midieron la reactividad del bulbo olfativo mediante electroencefalografía. Esto no solo les proporcionó un cronometraje de las respuestas, sino que les permitió hacer un balance de dos tipos distintos de "ondas cerebrales" que producían los nervios.
Una de ellas eran las ondas gamma, de procesamiento rápido, de las que dependemos para la atención y la memoria. La segunda eran ondas beta, ligeramente más lentas, una oscilación de la actividad cerebral utilizada en los procesos de toma de decisiones deliberadas.
La presencia de ambas ondas cerca de nuestras neuronas nasales implica que en el momento en que una fragancia entra en contacto con nuestro bulbo olfativo está preparando otras partes del cerebro —como la corteza motora— para ponerse en marcha.
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En un segundo experimento con 21 voluntarios, el equipo comprobó si este calentamiento se traducía en una respuesta corporal real. En este caso también se emplearon olores agradables y desagradables. Después de olerlos, se midieron los movimientos de los voluntarios para saber cuánto tardaba el olor en hacerles reaccionar físicamente.
Si se juntan los datos, está claro que nuestro bulbo olfativo procesa los olores agradables y los amenazantes a diferentes velocidades. Ante un olor desagradable, solo tardamos medio segundo en apartarnos. Pero en ese medio segundo ocurren muchas cosas. En los 250 milisegundos siguientes a la llegada de un olor a la nariz, las dos ondas cerebrales se "acoplan" para coordinar una respuesta.
Si el olor se considera una amenaza, la señal se envía antes, tardando unos 150 milisegundos en llegar al córtex motor. En caso contrario, puede pasar mucho más tiempo antes de que se genere un mensaje. En otras palabras, si el olor no es tan malo, nos tomamos nuestro tiempo.
"Estaba claro que el bulbo reacciona específica y rápidamente a los olores negativos y envía una señal directa a la corteza motora en unos 300 milisegundos", dice Johan Lundström, biólogo del Departamento de Neurociencia Clínica del Instituto Karolinska.
En investigaciones sobre el tiempo de reacción auditiva y visual, desde la detección hasta el movimiento, los resultados fueron algo más rápidos: unos 150 milisegundos y menos de 200 milisegundos respectivamente.
Aunque tardemos un poco más en retroceder ante un mal olor, este tiempo de reacción podría ser bastante más largo si nuestro bulbo olfativo no estuviera ya procesando la señal.
"Los resultados sugieren que nuestro sentido del olfato es importante para nuestra capacidad de detectar peligros en nuestra proximidad, y que gran parte de esta capacidad es más inconsciente que nuestra respuesta al peligro mediada por nuestros sentidos de la vista y el oído", dice Lundström.
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