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Atajar otra posible pandemia: España plantea un mayor control en el consumo de opioides

© AFP 2021 / Eric BaradatPastillas de Oxycodon, un opioide recetado en Estados Unidos (referencial)
Pastillas de Oxycodon, un opioide recetado en Estados Unidos (referencial)  - Sputnik Mundo, 1920, 13.10.2021
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La toma de estos analgésicos para el dolor se ha incrementado constantemente en los últimos años. Previniendo lo que ocurre en países como Estados Unidos, donde la adicción ha causado medio millón de muertos en un cuarto de siglo, el Ministerio de Sanidad quiere establecer un visado para su prescripción.
Patrick Radden Keefe afirma en su último libro, El imperio del dolor, que los opioides son un remedio útil contra el sufrimiento en determinados tipos de enfermedad, pero que han de tratarse con cuidado. "No creo que deban ser recetados para cualquier cosa. Deberían utilizarse para algo severo. También creo que el paciente tiene derecho a saber cuáles son los riesgos de tomarlos y que los médicos tienen que pensárselo mucho antes de utilizarlos como tratamiento", comenta a Sputnik después de narrar la historia de este tipo de calmantes a través de la familia Sackler. Dinastía que introdujo al por mayor estas sustancias en el sistema de salud estadounidense hace varias décadas.
Según explica el periodista de The New Yorker, unos dos millones de estadounidenses son adictos al fentanilo u otros derivados como la morfina. Más de medio millón de personas, de hecho, han muerto en el país norteamericano por culpa de estos analgésicos a lo largo de los últimos 25 años. En 2019, el 72,9% de los 70.630 decesos por sobredosis estaba relacionado con este tipo de medicamento. Una pandemia que ya ocupa documentales y ensayos como el mencionado y que en España se está intentando atajar. El Ministerio de Sanidad ya ha elaborado un plan para controlarlo, después de que el país ocupe el tercer puesto de mayor consumo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE​), tal y como resalta el informe anual de 2020 de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE).
La idea del proyecto consiste, básicamente, en que su uso se limite a los pacientes oncológicos con "dolor irruptivo", esto es, "de aparición súbita y con mucha intensidad". Y descartar aquellas ocasiones en las que el destinatario no responde a ese perfil: actualmente, tal y como recoge el borrador publicado, uno de cada cuatro consumidores no es enfermo de cáncer. Para esta "optimización de la utilización de analgésicos opioides", como se titula el documento, se recurrirá a la fórmula del visado. Las recetas prescritas por los médicos tendrán que ser revisadas antes de ser dispensadas. Lo hará un inspector, evitando que lleguen a otro paciente.
Una decisión que se ha tomado después de un ascenso continuado del consumo. Tal y como ha expuesto la Agencia Española del Medicamento, entre 2010 y 2017 subió un 79%. La causa, alegan a Sputnik, es que se trata mejor. Según cuentan desde el organismo, se ha resaltado un problema que, en realidad, se debe a otra lógica que tiene poco que ver con Estados Unidos: en España hay un seguimiento directo de los pacientes debido al carácter público de la sanidad y además la esperanza de vida mayor hace que se requiera más este tipo de medicamento. En el borrador se registra que el consumo de opioides mayores ha aumentado entre 2013 y 2019 de 3,57 a 5,42 dosis diarias definidas por 1.000 habitantes (la medida más habitual para un medicamento). El fentanilo, de liberación rápida nasal u oral y con una potencia hasta 50 veces mayor que la heroína, es el mayoritario, situándose en torno al 60% del total.
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Este sistema de control, sin embargo, es controvertido: puede conllevar que haya quien se quede sin remedio para su dolor, incluso si es el más adecuado. Según el propio ministerio, entre un 11% y un 17% de la población sufre dolor crónico no relacionado con el cáncer, y las causas más frecuentes son la artrosis (56%), el dolor lumbar (31%), el dolor cervical (27%) y la migraña o dolor de cabeza (5%).
Desde la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) explican cómo es el proceso médico actual con estas sustancias y por qué hay que ver la situación en cada contexto. "La primera aclaración sería la diferenciación de opiáceos y opioides. Opiáceos son sustancias que derivan del opio y, la denominación se ha hecho extensible a aquellas que químicamente derivan de la morfina. Opioides son aquellas sustancias con efectos semejantes a la morfina y que tanto pueden administrarse desde el exterior (fármacos) como ser producidos por el propio organismo (endorfinas). No todos los opiáceos son opioides (la papaverina es un espasmolítico y la noscapina es un antitusivo y ambos se extraen de la adormidera), ni todos los opioides son opiáceos (opioides sintéticos como el tramadol)", detallan los doctores Alberto Freire y Juana Sánchez a Sputnik.
Dentro de los opioides habría dos grupos principales: los débiles, como la codeína o el tramadol, y los potentes, como la morfina, el fentanilo o la oxicodona, utilizados para dolores severos. "La intensidad moderada o intensa la determina el médico a través de una evaluación clínica y otras mediciones", esgrimen, añadiendo que la prescripción se lleva a cabo de manera electrónica o, si es manual, con un segundo documento específico conocido como Receta Oficial de Estupefacientes y va con una numeración e identificación única donde se detallan pormenorizadamente los datos del paciente, del médico prescriptor o la posología.
Y, aducen, hay más "mecanismos de seguridad" que distinguen a España del panorama estadounidense. "Es muy importante señalar que el periodo máximo a recetar es de tres meses antes de renovar la prescripción, lo que permite una revaluación para detectar un mal uso de los fármacos o mejoría del cuadro para el que fueron prescritos y, por tanto, la reducción de dosis buscando la dosis mínima efectiva o incluso su retirada", insisten Freire y Sánchez, que lamentan que el método en ciernes desestime a los pacientes no oncológicos (que suelen estar relacionados, tal y como se ha mencionado, con dolencias osteoarticulares).
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Falta un análisis donde se compruebe si el aumento de prescripciones se debe a un mejor tratamiento, arguyen ambos profesionales. La adicción, señalan los miembros de la SEMG, proviene de "un mal uso de este tipo de fármacos, no respetando la posología prescrita" y no difiere de otras, como la de los que tratan la ansiedad o el sueño. Más que un visado, Freire y Sánchez abogan por la receta electrónica, que ya incluye la identificación del paciente. También sostienen que para las personas con cuadros más complejos ya se contemplan derivaciones al denominado "circuito específico de adicciones" con programas de desintoxicación, cambio por metadona o rotación de opioides.
"Estos fármacos son los analgésicos más potentes existentes y se deben de prescribir para los cuadros clínicos para los que están indicados", inciden los expertos, "pero no dejan de ser un elemento más dentro del plan terapéutico individualizado para cada paciente diagnosticado de dolor". Dentro de ese plan "multidisciplinar" entraría una mayor comunicación entre doctor y paciente, el ejercicio físico, la rehabilitación o el apoyo psicopedagógico, que evitan esa adicción de Estados Unidos, donde una síntesis rápida de la coyuntura pasa por que los pacientes, ya enganchados, buscan sus propias dosis fuera del sistema y terminan con sustancias cada más potentes.
Algo que difiere de lo que ocurre en un sistema con seguimiento personalizado como es España, donde "no se sufrirá una crisis de opioides parecida a la americana ni reproducirá la ‘'epidemia' de heroína de los ochenta", según escribía David Pere en un informe de 2019 de la agrupación Episteme y el Ministerio de Sanidad. "Cabe la posibilidad que en cierta medida se difundan los consumos de heroína u otros opioides, especialmente de fentanilo, pero, aunque así fuera, los problemas serían sustancialmente diferentes a los padecidos hace unas décadas", aseguraba. Se refería a los años ochenta y a los estragos que produjo la droga en una época de aperturismo tras la dictadura.
El control es la clave, anotaba el investigador, en consonancia con Patrick Radden Keefe. Para el periodista, Estados Unidos siempre es "mucho más exagerado". "Es todo llevado al extremo. Tenemos una sociedad muy automedicada. Y creo que hay una idea general de que se puede tomar una pastilla para cada cosa. Hay gente que las ingiere para dormir, para despertarse, para el dolor, para tener sexo, para concentrarse, para no tener hambre… Se está llegando a un punto de no retorno, y creo que no es funcional, salvo en un sistema que se base en el beneficio", opina. España, quizás, prime con este plan la salud.
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