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Aborto, homosexualidad, inmigración: la bronca en el Congreso de España se traslada a la calle

© Europa Press / TwitterManifestación neonazi en Chueca, Madrid
Manifestación neonazi en Chueca, Madrid - Sputnik Mundo, 1920, 03.10.2021
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Grupos como Vox recurren a menudo a asuntos con posturas muy enfrentadas para marcar agenda y polarizar a la población. Los efectos se pueden ver en clínicas de interrupción del embarazo o en manifestaciones como la de Chueca, en Madrid.
Meritxell Batet, presidenta del Congreso de los Diputados de España, tuvo que alzar la voz el 28 de septiembre y lamentar que, en "demasiadas ocasiones", la libertad de expresión de los parlamentarios "ha acabado siendo utilizada de manera inadecuada, proyectando insultos y ofensas a personas e instituciones". "No nos lo podemos permitir como representantes de toda la sociedad española", esgrimió, reflexionando sobre la imagen que dan fuera del hemiciclo y pidiendo "más respeto y educación" cuando se tome la palabra.
Este aviso tenía un ejemplo reciente: el diputado José María Sánchez, de Vox, llamó "bruja" a una diputada del PSOE. Y, poco después, su compañera Macarena Olona se encaró en los pasillos del edificio con una periodista. La crispación no es nueva: el ejercicio político en el país está repleto de acusaciones a lo largo de las últimas décadas. Sin embargo, el momento actual tiene un matiz propio del contexto: los discursos populistas, con soflamas incendiarias sin poso, y el hartazgo de la epidemia enardecen los instintos más viscerales.
De ahí que, años después de que se azuce el miedo a los okupas, se criminalice a los inmigrantes, se señalen como anómalas distintas orientaciones sexuales o se ponga en agenda un tema como el aborto, ya debatido hace tiempo en España y con una ley que entró en vigor en julio de 2010, sin cambios desde entonces. La agenda mediática termina girando en torno a estos asuntos, poniéndolos en relieve cuando no hay ningún motivo: no hay una variación cuantitativa o cualitativa en los datos que los conviertan en noticia.
Y, sin embargo, ese renacer de temas que provocan posturas muy opuestas sí acaba teniendo consecuencias en la calle. Durante los últimos meses se han registrado agresiones homófobas que han llegado a la muerte o se han grabado escenas de acoso a mujeres que pretendían interrumpir legalmente su embarazo en una clínica. Hace unas semanas, se hizo viral una manifestación donde se gritaba "¡Fuera maricas de nuestro barrio!" en Chueca, exponente de la diversidad sexual. Supuestamente, una asociación vecinal había convocado la marcha, en contra de las Agenda 2030 y 2050 propuestas por el Gobierno, y se unieron grupos ultra como España 2000. Su líder, José Luis Roberto, incluso llegó a dirigirse a Santiago Abascal en el mitin final como "cloaca oportunista".
© Sputnik / Alberto García PalomoParada de metro de Chueca, en Madrid, con la bandera arcoiris
Parada de metro de Chueca, en Madrid, con la bandera arcoiris - Sputnik Mundo, 1920, 01.10.2021
Parada de metro de Chueca, en Madrid, con la bandera arcoiris
Con motivo del Día de Acción Global por el acceso al Aborto Legal y Seguro, celebrado el 28 de septiembre, también hubo declaraciones sobre este traumático proceso. Una difícil decisión que se acentúa por la existencia de personas contrarias acosando a quien se dispone a llevarla a cabo. Asociaciones como Derecho a Vivir, Más Futuro o Sifra, con raíces religiosas, tildan de asesinas a las pacientes. Sputnik no ha obtenido respuesta de ninguna de ellas. "Desde que la ley del aborto entró en vigor han sido exterminados 2.387.543 seres humanos. Y ahora quieren multiplicar esa cifra criminal con otra ley del aborto más letal", exponen en su página.
Un cálculo inconcreto, sin referencias, que se reduce a algo menos de un millón en la estadística del Ministerio de Sanidad a partir de 2010. Aun así, estas agrupaciones generan ruido. En correlación con Hazte Oír, experta en campañas de brocha gorda (igual aboga por un monumento "a los héroes caídos en Melilla" que contra el "adoctrinamiento en las aulas") suelen copar titulares y provocar reacciones dentro y fuera del Congreso. Y ejercen de altavoz para mensajes impulsados por Vox, con quienes comparten afiliados.
Otra cosa es el caso de los movimientos más extremistas. Como los de la protesta de Chueca, donde entran facciones fascistas juveniles, tipo Falange, y otras más establecidas, como Hogar Social o la citada España 2000. En este caso, el riesgo de trifulca es mayor, como se ha visto en ciudades como Valencia. Desde allí, donde radica la sede, atienden a Sputnik para "aclarar" que ellos no convocaron nada y que solo les invitaron a asistir. "Nadie ha dicho que antes de nada hubo dos personas que salieron al salón y se sacaron el pene", esgrime la interlocutora, que no da su nombre y que esquiva más preguntas diciendo que de política no sabe.
La que sí conoce los efectos de estas acciones es Sonia Lamas. Responsable de comunicación de la clínica Dator, asegura a Sputnik que el acoso en centros como el suyo no es nuevo: "Los discursos en el ámbito de la política muchas veces se quedan ahí. La sociedad española es muy civilizada y democrática, y a veces salpican. Son víctimas aunque desafortunadamente sí afecta el ruido: muchas mujeres preguntan si es seguro, si les va del estigma, y eso que los derechos de las mujeres siempre se van a poner en cuestión".
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A veces, el mensaje no es tan claro. No hay alusiones directas a las "brujas", a los que tienen que ir al médico por problemas de salud mental o a los famosos menas. La reivindicación se mezcla con la ideología. Y bajo supuestas proclamas críticas con la subida de la luz, los desahucios o la tasa de desempleo se imbrican arengas nacionalistas y antiinmigración. Es el caso de Hogar Social, con espacios okupados donde reparten comida "a los españoles". Sputnik no pudo acceder al último abierto en Madrid, pero su muro de Facebook destila este credo xenófobo.
"Volvemos a ocupar la antigua sede de RTVE en Joaquín Costa, reivindicando el absoluto abandono y despilfarro del Gobierno de Pedro Sánchez que, mientras tiene gigantescos edificios sin uso, abandona y deja a su suerte a miles de españoles que en medio de esta crisis económica no pueden hacer frente al pago de una hipoteca o de un alquiler, que se ven abocados a la crueldad de un desahucio y a no saber cómo darán de comer a sus hijos".
© Sputnik / Alberto García PalomoUna calle del barrio de Chueca, en Madrid, con la bandera arcoiris
Una calle del barrio de Chueca, en Madrid, con la bandera arcoiris - Sputnik Mundo, 1920, 01.10.2021
Una calle del barrio de Chueca, en Madrid, con la bandera arcoiris
E incluyen una coda inequívoca: "Además, a la vez que incumplen sus obligaciones con el pueblo español y dilapidan, cada vez más, la posibilidad de tener una vida digna, el Gobierno emplea sus esfuerzos en ofrecer vivienda gratuita y ayudas económicas a inmigrantes refugiados, haciendo gala, una vez más, del desprecio que sienten hacia nuestra gente y el servilismo que ejercen, sin embargo, con quienes vienen de fuera".
Tratar de encontrar el germen de esta exaltación es sumergirse en diferentes parámetros sociales que van desde la economía hasta la modificación de hábitos informativos. Toni Aira, profesor de comunicación política de la UPF-BSM y autor del ensayo La política de las emociones (Arpa), resume a Sputnik parte de esta oleada extremista.
"Pasan muchas cosas. Una es que las nuevas tecnologías y las redes sociales hacen que haya más colectivos y partidos que se puedan expresar y que el mensaje llegue de punta a punta del planeta. Y eso es positivo, pero lo negativo es que esta cualidad no es propia de quien tiene un proyecto estándar, sino también de quien tiene un discurso de odio", adelanta.
"Las redes sociales no han servido solo para aprender más y mejor discursos clásicos, sino que se ha dado eco a opciones políticas en torno al odio o la estigmatización de ciertos colectivos", argumenta Aira, "y, además, genera un efecto enganche con los medios de comunicación clásicos".
Hay momentos, sostiene el experto, en que la prensa escrita, la televisión o la radio han sido "muros de contención", pero otros en los que, "cuando tiene la suficiente fuerza como para generar debate", se multiplican, a pesar de "no ser, por decirlo así, noticiables".
"Las formaciones de extrema derecha han entendido muy bien el lenguaje de los medios de comunicación clásicos y el de las redes, que se retroalimentan. Saben que el impacto emocional cuaja", concluye Aira.
En circunstancias de crisis continuada, comenta Aira, "estos mensajes abarcan capas de la población que terminan desencantándose y buscan respuestas sencillas a problemas complejos. A la vez, se traslada a otras que se polarizan aún más, que extreman sus miedos y que acaban encontrando representación en estos grupos". "Es como un perro que se muerde la cola: más crispación en la política puede llevar a más crispación en la sociedad", zanja el profesor universitario. Justo lo que indicaba Batet: conviene evitar las faltas de respeto y la mala educación para ser un modelo de puertas afuera. Habrá que ver si siguen sus peticiones.
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