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El sueño cumplido de Nilofar: la jugadora afgana que llegará a España con una oferta profesional

© AFP 2021 / Lillian SuwanrumphNilofar Bayat, jugadora afgana de baloncesto en silla de ruedas
Nilofar Bayat, jugadora afgana de baloncesto en silla de ruedas  - Sputnik Mundo, 1920, 20.08.2021
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Un club de Bilbao ofrece a esta mujer en silla de ruedas la posibilidad de jugar con el equipo paralímpico de baloncesto después de su petición de auxilio tras la llegada de los talibanes (movimiento terrorista, proscrito en Rusia y otros países). Gracias al Bidaideak y a la mediación de varias personas, ya está con su marido de camino a Madrid.
Ocurre a veces eso que llamamos "magia". Se invoca en silencio, mentalmente, o en redes sociales, pulsando un botón del teclado como quien lanza un anzuelo a río revuelto. Y, cuestión de azar o de talento, surge el chispazo. La historia de Nilofar Bayat se entronca en este tipo de relatos, teniendo en cuenta sus circunstancias especiales. Esta mujer de 28 años es afgana y juega en silla de ruedas con la selección de baloncesto paralímpico. Además, trabaja en el Comité Internacional de la Cruz Roja de su país.
Con el regreso de los talibanes al poder, su vida planeaba bajo una perspectiva sombría: fueron ellos quienes la dejaron postrada: cuando tenía dos años, un misil impactó en su médula espinal y mató a su hermano. Bayat quiso probar suerte: pidió un auxilio virtual que ha logrado su objetivo. En unas horas, ella y su marido, Ramish, aterrizarán en Madrid, poniéndose a salvo del régimen que atemoriza Afganistán y pudiendo continuar sus tareas deportivas gracias al Bidaideak, un equipo de Bilbao (al norte) que la ha ofrecido entrar en la plantilla.
Pero no ha sido tan sencillo subirse al avión que el Gobierno español ha fletado en Kabul con 110 pasajeros afganos. Han hecho falta varios rebotes previos a la canasta definitiva. El primero, ese grito digital en plena agonía. El segundo, la repercusión de sus palabras por el altavoz mediático. Y el tercero, que unos profesionales a punto de volar hacia Tokio se prestaran a echar una mano.
Empecemos por el inicio. Cuando Bayat vio cómo los talibanes ganaban fuerza en su país e iban tomando el control de las ciudades, escribió a Antonio Pampliega, periodista español que ha viajado allá varias veces y con el que mantiene una amistad. La deportista y estudiante de Derecho fue al grano: "No puedo salir y sé que no estoy segura aquí. Me matarán. No les gustan las mujeres como yo. Tengo miedo porque hasta hace 20 años ellos gobernaban y fue cuando me hirieron y quedé en sillas de ruedas".
Antonio Pampliega contó su situación en Twitter y se puso en contacto con la Federación Española de Baloncesto. Le ayudó la periodista Paloma del Río, de RTVE. La medallista paralímpica española Gema Hassen-Bey se unió a la petición: a Nilofar ya la habían dicho desde el Comité Internacional de Cruz Roja como desde sus círculos más próximos que no saliera de casa.
Tras esta cadena de mensajes prendió la llama. El presidente del Bidaideak Bilbao de baloncesto en silla de ruedas, Txema Alonso, no dudó ni un minuto: "Si quiere, nosotros le abrimos nuestra casa, le ofrecemos un sitio para que se encuentre cómoda. Un club como el nuestro solo tiene sentido desde los valores", indicó poco antes de volar a los Juegos Paralímpicos de la capital nipona.
Se comunicaron con Pampliega para que le trasladara a Bayat la oferta. Mientras, Jorge Garbajosa, presidente de la Federación Española de Baloncesto, se lo fue comentando al Consejo Superior de Deportes. Hasta que en el ministerio respondieron afirmativamente: Nilofar y su marido se registrarían en el listado que saldría desde Kabul el 20 de agosto.
Antes, sin embargo, quedaban algunos flecos por resolver. Ambos sufren una discapacidad que les complicaba llevar los documentos solicitados al aeropuerto. Además, la entrada a este espacio se restringía tras el alud de gente intentando salir del país y el avance talibán. Al alcanzar el punto donde presentar papeles, no había nadie de la delegación española.
Decía Txema Alonso antes de partir a Asia que lo último que sabía era que "la delegación consular alemana le había abierto un hueco en uno de sus aviones" al no encontrar a nadie de España. "Todavía no habían salido, estaban esperando a que llegara la aeronave", declaraba al diario El País. Entonces surgió la mediación de Pampliega:
"Antonio, me voy a Alemania. Si me quedo a esperar al avión de España me van a echar del aeropuerto porque no llega hasta mañana. Y no quiero volver a tener que pasar por lo mismo de hoy con los talibanes. Me voy. Hablamos desde Fráncfort", le escribió Bayat.
La afgana estaba desesperada. Aparte de con el periodista español, había hablado con la cadena SER, narrando su experiencia pasada y su miedo al futuro: “Ellos, los talibanes, gobernaban Afganistán. Y fue entonces cuando me hirieron y quedé en sillas de ruedas. Son los peores recuerdos de mi vida. Yo sé, y todo el mundo sabe, que nunca aceptarán a las mujeres en la sociedad. No lo permitirán y no nos darán los derechos que tenemos. No nos dejan ir a la escuela, al trabajo o hacer deporte”.
"No nos dan derecho a comportarnos como queramos, no permiten que las mujeres llevemos la ropa que queremos, trabajemos o vayamos a la compra. Sí, tengo miedo... No se puede confiar en lo que dicen. En cualquier momento pueden incumplir sus promesas", confesaba Bayat.
La Federación Española de Baloncesto vio la urgencia y empezó a tramitar un desplazamiento a España desde Alemania. No hizo falta: Bayat y su marido fueron localizados por personal de la Embajada española en Kabul y les asistió, aunque con unas horas de espera, hasta el avión. Aún queda por concretar si se unirá al Bidaideak. Alonso lo tiene claro:
"Si ella quiere jugar al baloncesto, aquí tiene un hueco para que se sienta bien con el calor de la gente que no conoce. Será decisión suya si quiere quedarse o no con nosotros".
Bayat podrá continuar parte de su rutina y seguir mejorando en el baloncesto, una meta que le hacía estar "segura y ocupada". "Tenía muchas cosas de las que sentirme orgullosa, para las que vivir y de las que ser feliz. Y ahora estoy preocupada por todos los logros que voy a perder", lamentaba antes de estas eventualidades. Un proceso con el que cumple su sueño y cuyos implicados celebran. "Yo no he hecho nada, solo fui un contacto", explica Pampliega a Sputnik después de colgar una foto de los protagonista en el avión y enmarcar entre corazones dos palabras mágicas: "¡Están dentro!"
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