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Jugo de hígado de pollo y otras extrañas recetas de la antigüedad para aprovechar la vitamina A

CC0 / Unsplash / Ingredientes para una sopa
Ingredientes para una sopa - Sputnik Mundo, 1920, 19.08.2021
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Desde el antiguo Egipto, pasando por Grecia y hasta la Primera Guerra Mundial, las personas buscaron aprovechar al máximo los beneficios de la vitamina A. Sin embargo, fue solo un día como hoy, pero en 1947, que químicos holandeses lograron sintetizar esta sustancia vital para el ser humano.
Hoy en día conocemos, al menos a grandes rasgos, los beneficios y la importancia de una dieta balanceada que nos proporcione todos los micronutrientes que necesitamos. La vitamina A (puede ser en forma de retinol o de ácido retinoico) es una de esas sustancias imprescindibles, capaz de estimular al sistema inmunológico, ayudar a la visión y hasta de prevenir la anemia.
A pesar de que solo se logró descubrir su función en el cuerpo humano en el siglo XX, desde la antigüedad las personas buscaban, sin saberlo, aprovechar este micronutriente. Así, los antiguos egipcios curaban la ceguera con lociones de jugo de hígado de pollo, que ahora se sabe es una de las mejores fuentes de vitamina A.
En la antigua Grecia, las enfermedades cutáneas eran tratadas con compresas de hígado, así como con el consumo de este órgano. Incluso, durante la Primera Guerra Mundial, los especialistas aseguraban que la xeroftalmía, o el ojo seco, se debía a una falta de mantequilla, alimento rico en esta vitamina.
Solo ahora sabemos que el ojo seco, algunos tipos de ceguera y algunas patologías de la piel se deben a una deficiencia de retinol.
No obstante, el descubrimiento de esta vitamina llegó siglos después y tras muchos hallazgos que pavimentaron el camino. En 1913, dos equipos de investigadores, sin acuerdo previo, llevaron a cabo experimentos esencialmente similares. Elmer McCollum y Margaret Davis, de la Universidad de Wisconsin, y Thomas Osborne y Lafayette Mendel, de la Universidad de Yale, utilizaron ratones de laboratorio para entender la deficiencia de ciertas sustancias y sus consecuencias.
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Ambos equipos de científicos dividieron a los ratones en dos grupos. El primer grupo fue alimentado con caseína, grasa, lactosa, almidón y sal pura. Al segundo grupo se le añadió a esta dieta mantequilla, aceite de hígado de bacalao y huevos.
Los ratones del primer grupo murieron dos meses después, mientras que los del segundo grupo sobrevivieron. Los científicos se dieron cuenta de que, además de las grasas, las proteínas y los carbohidratos, el ser humano necesita algo más, algunas sustancias que se encuentran en los alimentos y que eran desconocidas anteriormente.
En 1920, el bioquímico británico Jack Cecil Drummond rebautizó las vitaminas de acuerdo con la notación del alfabeto latino, la vitamina encontrada en 1913 recibió la clasificación A.
Los descubrimientos continuaron y así, en 1931, el químico suizo Paul Karrer describió la estructura química de la vitamina, además logró establecer que el betacaroteno es el principal precursor de la vitamina A. Sus hallazgos le llevaron a ganar el Premio Nobel de Química.
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En 1946, los holandeses David Adriaan van Dorp y Jozef Ferdinand Arens publicaron un estudio en la revista científica Nature sobre la síntesis de vitamina A. En 1947, completaron la primera síntesis completa del compuesto de vitamina A al convertir el ácido en alcohol. Este descubrimiento no estaba destinado a la producción comercial, pero fue significativo en la comunidad científica.
Más tarde, el bioquímico George Wald descubrió el papel de la vitamina A en la visión, por lo que recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina.
La vitamina A, que se puede encontrar también en las zanahorias, pimientos, cebollas verdes, lechuga, calabaza y tomates gracias a los betacarotenos, es una sustancia esencial para la salud humana. Gracias a este micronutriente, el cuerpo puede combatir fácilmente infecciones y problemas en la piel. Esta vitamina es necesaria para que el cuerpo regule la síntesis de proteínas, el metabolismo normal, la formación de huesos y dientes y el crecimiento de nuevas células.
No solo esto, es básica para mantener una buena visión. Incluso, su uso se ha intensificado en los últimos años en la cosmética y el cuidado de la piel. Es común observar la vitamina A en forma de retinol en casi todas las cremas antiarrugas y para combatir el acné.
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