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"Somos traidores y quieren matarnos": la desesperación de un intérprete afgano por salir a España

© REUTERS / Jim HollanderUna cartel "Talibán" en Afganistán (imagen referencial)
Una cartel Talibán en Afganistán (imagen referencial) - Sputnik Mundo, 1920, 18.08.2021
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Mustafa Ayoob trabaja con militares, diplomáticos o periodistas de habla hispana en el país de Oriente Medio y está escondido en Kabul, aguardando una posible salida.
Mientras en España se anuncia el aterrizaje de un vuelo oficial a Kabul, Mustafa Ayoob sigue oculto en su piso, a las afueras de la capital afgana. Espera con miedo e intranquilidad cualquier mensaje que le sirva para huir del país. Desde que los talibanes, grupo proscrito en Rusia, alcanzaron de nuevo el poder, en cuestión de días y tras la reciente marcha de las tropas estadounidenses, este intérprete de español no puede salir de esas paredes. Lo protegen junto a su familia de los nuevos líderes, que hace dos décadas impusieron el terror y acaban de retomar los puestos de mando.
Ayoob, de 39 años, no es el único que se ha escondido. Millones de afganos están expectantes y desesperados, como puede verse en las imágenes del aeropuerto o las calles de diferentes ciudades de la nación. Sin embargo, el temor de este licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Kabul se agrava debido a su trabajo: desde hace dos décadas, y en especial cuando las fuerzas de seguridad españolas acudieron en misión militar, ejerce de traductor para soldados, diplomáticos o periodistas.
"Para ellos, eso es peor que ser extranjero, haber estado en el ejército o ser empleado estatal. Somos traidores y quieren matarnos", expresa Ayoob a Sputnik, pendiente de cualquier información que le allane el futuro. "La situación es muy complicada y no sabemos nada", repite el profesional. Ahora mismo, describe, la mayoría de los compatriotas está inquieto, sin atreverse a moverse demasiado.

"Hacemos la vida cercana, a lo que hay a nuestro alrededor, evitando andar fuera", responde, indicando que muchas tiendas han cerrado, que el colegio de momento funciona a ratos y que la incertidumbre se acumula tras el cierre de fronteras.

Su esposa es maestra y duda sobre asistir al aula: con el régimen talibán, grupo proscrito en Rusia, los derechos humanos se restringen hasta el punto de prohibir la educación a las mujeres. Mustafa Ayoob tiene, además, dos hijas y un hijo. "Todos estamos nerviosos y desconocemos qué ha pasado. Mi niña mayor va a ir a la universidad dentro de un año, la pequeña tiene cuatro años y el niño 13, y suena muy mal lo que vemos", incide, evitando pronunciarse sobre las causas o los culpables de la coyuntura presente.
En una semana, Afganistán ha copado las noticias internacionales por este regreso de los extremistas, que ya sembraron el terror entre 1996 y 2001. Desde aquel año, tras los atentados a las Torres Gemelas neoyorkinas, el país ha librado una guerra entre una alianza occidental, encabezada por Estados Unidos, los talibanes y el Ejército nacional. Al replegar el número de efectivos extranjeros, su figura volvió a ganar terreno. Desde hace una semana fueron interviniendo distritos y urbes como Kandahar o Kabul, en la que tomaron el palacio gubernamental con la huida de Ashraf Ghani, el presidente.
La conquista ha sido, según Ayoob, sin necesidad de batallar con sangre: "No sabemos cómo ha sido, pero de repente muchos puestos de nuestro ejército se iban y ellos, los talibanes, han dicho que simplemente llenaban ese hueco". En los vídeos que circulan desde esta entrada en los edificios institucionales se les ve en actitud lúdica. Incluso han llegado a afirmar que "la transición será pacífica" y han asegurado que "todos serán perdonados" o que "las mujeres vivirán muy felices" bajo la ley islámica o sharia.

"No nos creemos lo que dicen. Circulan otras imágenes donde ya se les ven revisando casas. Pero esta vez a lo mejor no quieren sacarlo para la alerta internacional. Lo que está claro es que nuestra vida está en peligro. Nos van a asesinar a la vista de todos o a escondidas, está claro. Aunque luego hagan que parezca un accidente", lamenta el intérprete, que prefiere, por tanto, no aparecer en ninguna foto.

Con este revés inesperado, Ayoob ni siquiera ha tenido tiempo de ir a Panjshir, su región. Es la única que los talibanes no han controlado y donde reside parte de su familia. "Mi madre está conmigo y lo está sufriendo mucho, porque no van a tardar en entrar y registrar las viviendas, como solían hacer", apunta quien cursó filología hispánica por su amor a esta cultura y en 2014 ya solicitó asilo a España. "Probé en otros países y me derivaron allí, que era con quien más había trabajado. Y en la embajada me contestaron que esperara", lamenta, deseando que ese avión oficial le saque de allí.

Retroceder medio siglo

Igual que Mustafa Ayoob, millones de afganos tiemblan con el regreso talibán. Subot Kohi, director del Comité Cultural Asociación de Afganos en España, declaró en una charla con Efe que es "una pena" cómo, después de dos décadas con la actuación de Estados Unidos o la OTAN, "se vaya atrás 50 años".
"Estamos preocupados por los inocentes, las mujeres, los niños, los periodistas, los médicos y los intelectuales", esgrimía Kohi.
Roya Subot, su mujer y también miembro de la organización, manifestaba que no puede dormir por las noches, que sigue lo que echan en la televisión y que cuando ha contactado con algún familiar allí les han transmitido la enorme preocupación. "No salen de casa hasta saber qué pasará. Hay que esperar a ver qué hacen con las mujeres y los niños", suspiraba ante los testimonios que recordaban las consecuencias de esta vuelta al extremismo.
Han aflorado en los últimos días por distintos medios. Khalida Popal, estrella del fútbol afgano, instó en redes sociales a salir del país: "Huyan de sus casas, de los vecinos que saben que son pioneras del deporte e intenten borrar su historial. Eliminen sus cuentas de redes sociales, destruyan sus fotos y escóndanse", aconsejaba desde Dinamarca, donde reside como refugiada.
Nilofar Bayat, capitana de la selección paralímpica de baloncesto y empleada en el Comité Internacional de la Cruz Roja, ha pedido auxilio: "No me puedo quedar aquí, nos van a matar", le confesaba al periodista Antonio Pampliega, experto en la zona, después de haberse quedado en silla de ruedas por un misil talibán en 1992.
"Estoy totalmente bloqueada. He ido siguiendo lo que ocurría y ahora no sé cuál será el futuro", confiesa Nadia Ghulam, escritora afgana afincada en Barcelona desde 2006. Esta mujer de 36 años atiende a Sputnik entre gestiones con embajadas u organismos internacionales para conseguir "salvar" a su familia.
"Hay mucha gente armada y me piden ayuda. Y no es verdad que haya sido un control rápido o fácil: llevamos dos décadas de guerra", afirma la autora de tres libros traducidos hasta en 14 idiomas.
Ghulam describe una realidad dramática en las calles, sin luz ni agua y con un pánico latente. "Los talibanes y otros grupos se pasean armados por todos lados, entran en las casas y las registran, e incluso roban. Hay mucha inseguridad y los afganos tenemos mucho miedo de la Guerra Civil", arguye, incidiendo en el dolor por sus seres queridos y demás habitantes de Afganistán. En Twitter, la escritora, que perdió a un hermano y fue herida en los noventa, ha lanzado una urgente súplica de auxilio: "Nos están torturando. Mi familia pide ayuda y se siente impotente, con mucho miedo y dolor por nuestro país y, sobre todo, nuestra gente. ¡No miréis hacia otro lado!".
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