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La española que cruzó la URSS al borde de su final

© Foto : Cortesía de Sara GutiérrezSara Gutiérrez en las escaleras en las que se filmó 'El acorazado Potemkin' en Odesa (Ucrania)
Sara Gutiérrez en las escaleras en las que se filmó 'El acorazado Potemkin' en Odesa (Ucrania) - Sputnik Mundo, 1920, 08.08.2021
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Sara Gutiérrez guarda en 'El último verano de la URSS' su experiencia en el país. El viaje de una estudiante de oftalmología desde el mar Báltico hasta el mar Negro. Lo realizó meses antes del final de la URSS.
El viento se cuela por el auricular del teléfono móvil. Es la brisa marina que sopla desde las aguas del Cantábrico. Frente a su inmensidad charla Sara Gutiérrez. Ella es deudora de su Asturias natal, pero también añora el hecho de poder subirse a un avión. "Ojalá volver a viajar con normalidad", lamenta. Se define a sí misma como una persona curiosa. Incluso, inquieta. A nivel profesional, no le tembló el pulso para transitar de la medicina a la comunicación. Tampoco para enfrentarse a la traducción de obras de la literatura rusa. Ni para agarrar la pluma. Tras varios libros de reportajes, su primera obra propia es un relato de sus vivencias. Por supuesto, una aventura.
A finales de los ochenta, Gutiérrez acababa la carrera de Medicina. En sus planes no entraba quedarse en Asturias. Ni siquiera en España. "Quería buscar algo un poco extraordinario", señala a Sputnik Mundo. Tenía claro que quería especializarse en oftalmología. Buscó y encontró una oportunidad. La URSS le ofreció una beca para ir a estudiar. No dudó en aceptarla, atraída por la fama de la medicina soviética y el conocer de primera mano los efectos de la Perestroika de Gorbachov. "Me pareció una oportunidad excelente. No pude decir que no", afirma la médica, autora de El último verano de la URSS.
© Foto : Cortesía de Sara GutiérrezPortada de 'El ultimo verano de la URSS'
Portada de 'El ultimo verano de la URSS' - Sputnik Mundo, 1920, 06.08.2021
Portada de 'El ultimo verano de la URSS'
Para ella, como para parte de la población española, la URSS era un misterio. Fascinaba por su exotismo, a la par que aterraba a muchos de los habitantes que vivían al otro lado del Telón de Acero. "Hubo gente que no lo entendía. Si les hubiese dicho que me voy a Estados Unidos, seguramente les hubiese dado igual, porque se consideraba la vía natural para mejorar tu formación. Pero, yo soy muy curiosa, sobre todo con aquello a lo que es difícil acceder. A Estados Unidos podía ir cuando quisiera. A la URSS no", puntualiza.
Con 26 años, Gutiérrez hizo la maleta y se subió al avión que la llevaría a Europa del Este. El 7 de noviembre de 1989 aterrizó en Moscú, aunque su destino final sería Járkov, ciudad situada en la República Socialista Soviética de Ucrania. De las verdes praderas de Asturias a un paraje de árboles salpicado de inmensos bloques de hormigón. Su lugar de trabajo fue el hospital provincial de oftalmología. "Fue de las primeras sorpresas. Jamás había visto un centro dedicado a una única especialidad", relata. En sus pasillos, se codeó con la élite médica del país. "No solo era bueno el nivel, sino también la competitividad intelectual que había. No había competitividad económica, por lo que los compañeros se mataban por saber más que el de al lado. Por supuesto, yo me uní a esa dinámica y es algo sumamente enriquecedor", continúa.
© Foto : Cortesía de Sara GutiérrezIlustración de Pedro Arjona, incluida en 'El ultimo verano de la URSS'
Ilustración de Pedro Arjona, incluida en 'El ultimo verano de la URSS' - Sputnik Mundo, 1920, 06.08.2021
Ilustración de Pedro Arjona, incluida en 'El ultimo verano de la URSS'
Fuera del ámbito médico, Járkov también le impresionó. Una ciudad de amplias avenidas y grandes construcciones. Pero, fue la forma de vida lo que captó su atención. La existencia de cartillas de racionamiento y el desabastecimiento en las tiendas marcaron su estancia en la URSS. "Me recordaba mucho a lo que mi abuela me había contado sobre la posguerra en España", indicó. Sin embargo, reconoce que jamás vio un nivel de solidaridad como el que compartían sus habitantes. Compartían todo lo que tenían. Siempre se sintió arropada en Járkov. "Me preguntaban por cómo me encontraba, si tenía frío… Era un cariño a mi parecer sincero. En la desgracia común, es cuando nos empezamos a mirar las personas", añade.
La economía de la URSS no vivía sus mejores momentos a finales del siglo XX. Pero, el gris futuro de la curva de déficit se combatía de la mejor manera posible: la celebración. Tras finalizar el turno en el hospital, Gutiérrez y sus compañeros juntaban botellas de cognac, paté o bombones para brindar. "Parecía que cada día había un cumpleaños", ríe. Por la noche, en la residencia de médicos especialistas donde vivía, se reunían en grupos para cenar. Todos traían lo que tenían a la velada. Entonces, comían, bebían y cantaban. Era su válvula de escape de la realidad.

"La gente no es fría, como algunos piensan. Es más, se parecen mucho a nosotros, que solucionamos todo alrededor de en una mesa. Yo me encontré muy en casa".

Sara Gutiérrez
Escritora

De mar a mar

Járkov no fue el único lugar que pisó la oftalmóloga en la URSS. Antes de regresar en unas vacaciones de verano a España en 1991, Gutiérrez se embarcó en una aventura de miles de kilómetros a través de la parte europea del país. "Aproveché los trenes nocturnos que unían las capitales de las repúblicas. Allí no pedían documentación, ya que para moverte por dentro del país necesitabas una serie de invitaciones que tenían que ir aprobadas por la comisaría de turno", explica Gutiérrez. A bordo de los convoyes, al calor de una conversación, se teje la historia soviética.
La escritora aprovechó el único vuelo interno que le permitía su visado para alcanzar Leningrado, la actual San Petersburgo. Recaló en la ciudad acompañada de una compañera del trabajo de origen uzbeco. Ambas partieron de la ciudad de los zares hacia las repúblicas bálticas. Pasaron por Tallin, Riga y Vilna. Ciudades en las que se entremezclaba el estilo arquitectónico europeo con el soviético. En la capital letona presenció las barricadas del movimiento independentista. Los primeros signos de agotamiento de la URSS. "En las repúblicas bálticas noté deseos de separarse del resto del país", asevera.
© Foto : Cortesía de Sara GutiérrezPlano de viaje de Sara Gutiérrez por la URSS
Plano de viaje de Sara Gutiérrez por la URSS - Sputnik Mundo, 1920, 06.08.2021
Plano de viaje de Sara Gutiérrez por la URSS
Desde las costas del mar Báltico, la pareja de viajeras atravesó Bielorrusia hasta llegar a las ucranianas Lvov y Kiev. Acabaron ante las aguas del Mar Negro, en Odesa. De ahí volvieron a Járkov. En su paso por la capital de la república de Ucrania, las médicas fueron testigo de más protestas. "Jamás pensé que Rusia y Ucrania se fueran a separar. Me sorprendió mucho, ya que comparten muchas costumbres. Más me sorprende que estén enfrentadas", rememora.
Al volver de sus vacaciones en España, Gutiérrez asistió a los últimos meses de la URSS. En Járkov no se vivieron con alteración. "Si Gorbachov firmó la disolución de la URSS un 25 de diciembre, al día siguiente estábamos trabajando como si nada. Prácticamente no hubo comentarios ni el trabajo. Y eso que acababa de caer un imperio", comparte la escritora. Desde su punto de vista, la población quedó paralizada al conocerse la noticia.

"Pensábamos que la Comunidad de Estados Independientes (CEI) iba a ser la heredera de la URSS. La gente no llegó a entender en un principio que el país se disolvía. Quedó en shock. Es como si ahora las comunidades autónomas de España se convirtiesen en estados. Habría algunos que saltarían de alegría y otros ni se lo creerían. Por ejemplo, en las repúblicas bálticas sí que había deseos de independencia. En las otras no tanto. Era más una cosa de autoridades que del propio pueblo".

Sara Gutiérrez
Escritora
Hasta mayo de 1992, la oftalmóloga siguió en la ya independiente Ucrania. No notó ningún cambio significativo, excepto uno: el cambio de lengua. "Mucha gente empezó a hablar en ucraniano. A nivel personal, notaba que algunas personas remarcaban ligeramente el hecho de ser yo de aquí y tu no. Pero, las rutinas eran las mismas".
Su eterna curiosidad la llevó de Járkov a Moscú. Gutiérrez vivió en la capital rusa durante toda la primera legislatura de Boris Yeltsin. Trabajó en el Instituto de Microcirugía Ocular Fiodorov, un centro puntero en técnicas oftalmológicas. En la ciudad asistió al ataque al Parlamento en 1993. La embajada española en Rusia le ofreció regresar. Pero, ella se quedó. "Me atrapó la vida del país. Necesitaba vivir su historia hasta el final", revela.
© Foto : Cortesía de Sara GutiérrezSara Gutiérrez en una manifestación en Kiev (Ucrania)
Sara Gutiérrez en una manifestación en Kiev (Ucrania) - Sputnik Mundo, 1920, 06.08.2021
Sara Gutiérrez en una manifestación en Kiev (Ucrania)
Pero, toda aventura tiene un final. Gutiérrez abandonó Moscú en 1996, en dirección a París. "Llegué el día 14 de julio, día de la toma de la Bastilla. A la URSS lo hice el 7 de noviembre, día en el que arrancó la Revolución Rusa (25 de octubre según el calendario juliano)", comenta entre carcajadas. En febrero de 1998, la oftalmóloga volvería a establecerse en España.
Los años han pasado desde su larga estancia en tierras de Europa Oriental. "Quedé fascinada por Rusia y Ucrania", asiente. Volvería a pisar suelo ruso en 2007. Entonces, vio un Moscú distinto al que dejó. La inquietud de los años 90 se había transformado en una explosión de lujo. Las calles vacías de vehículos habían sido tomadas por deportivos de alta gama. "Me dio la sensación de que todos los días eran Nochevieja", admite.
© Foto : Cortesía de Sara GutiérrezSara Gutiérrez en San Petersburgo
Sara Gutiérrez en San Petersburgo - Sputnik Mundo, 1920, 06.08.2021
Sara Gutiérrez en San Petersburgo
En 2018, viajaría de nuevo a la capital. Se encontró con una urbe alegre y restaurada. "Ni era la uniformidad soviética, ni aquel lujo extremo. Era una ciudad atractiva en todos los sentidos. No sé si es porque las inversiones se concentran allí al ser el escaparate hacia el mundo, pero me pareció una capital que cualquier persona querría conocer", transmite. En el mismo viaje, estuvo en San Petersburgo. "Era la ciudad puntera de Rusia en los noventa, pero ahora, creo, que se ha quedado un poco atrás. No tiene esa brillantez de la que goza Moscú", resalta la escritora.
Las páginas de Gutiérrez son un viaje por la historia sin pretenderlo. Mientras habla desde orillas del océano, se acuerda de los años en las llanas tierras del otro extremo del continente. "Volvería a vivir allí. Lo complicado es tener la oportunidad. En Rusia, Ucrania o cualquier otra república. Son países que tienen que aportar mucho al mundo todavía. Siguen explosionando", sentencia. A través del móvil se cuela el susurro del Cantábrico. Pero, se siente la caricia de Báltico y Negro.
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