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Dormir con calor puede ser mortal: los efectos de las noches tropicales

© AFP 2021 / Cristina QuiclerPersonas sentadas fuera de su domicilio en Bollullos de la Mitaciуn (Sevilla)
Personas sentadas fuera de su domicilio en  Bollullos de la Mitaciуn (Sevilla) - Sputnik Mundo, 1920, 08.07.2021
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Las noches tropicales y tórridas pueden llegar a ser mortales. La imposibilidad de dormir por calor provoca estrés térmico prolongado que puede desembocar en problemas cardiovasculares o respiratorios. Un estudio indica que la mortalidad aumenta un 16% en España cuando se alcanzan temperaturas elevadas nocturnas.
El verano no es solo playa y terraza. La llegada del buen tiempo viene unida a la subida de las temperaturas. En algunos casos, el mercurio entra en ebullición durante los meses de julio y agosto. Una situación que puede perdurar más allá de la caída del sol. Entonces, conciliar el sueño se transforma en una tarea que roza la épica. Aire acondicionado y ventilador son consuelo y aliados frente a dar vueltas en una cama empapada en sudor. La meteorología define a este fenómeno como noches tropicales. Aquellas veladas en las que los termómetros no bajan de los 20ºC.
Pasar calor en horario nocturno parece ser sinónimo de estío, sin embargo, se trata de una característica incorporada durante los últimos años. Según los registros del sistema de observación europeo E-obs Copernicus, las noches tropicales han ganado terreno en los últimos años. Cada vez son más frecuentes, intensas, duraderas y tocan otras estaciones, como la primavera o el otoño. "Las temperaturas mínimas están aumentando de forma considerable. En la península ibérica pasamos de una media de cinco noches tropicales en el periodo entre 1971-1990, a una media de 11 noches entre 1991-2020", indica el climatólogo Dominic Royé a Sputnik Mundo.
Un ejemplo es Barcelona, una ciudad afectada por el efecto del Mediterráneo, que en verano está más caliente y favorece que las noches sean más cálidas. Esta particularidad potencia el pronunciado incremento del número de noches tropicales en la capital catalana. Así, el Observatorio Fabra, ubicado en las montañas del Tibidabo, estableció una media de entre 10 y 20 de media en la primera mitad de los ochenta. En 2018, el centro anotó 70. En el corazón de la urbe, en el distrito de Ciutat Vella, ese mismo año, apuntaron 101. De estas, 12 fueron consideradas noches tórridas, al no bajar la temperatura mínima de los 25ºC. La más dura, la madrugada del 4 de agosto, cuando los termómetros no descendieron de los 29,4ºC.
El escenario de Barcelona se repite en todo el país. En Valencia las noches tropicales se han cuadruplicado en las últimas dos décadas. Las tórridas se han multiplicado por 10 desde los ochenta. Tierra adentro, en Madrid, se ha pasado de una media de 17 noches tropicales en los setenta y ochenta a una de 35 entre 1991 y 2020. Eso sí, el lugar que padece con más frecuencia este fenómeno es Canarias. En concreto, El Hierro suele sufrir unas 128 al año. Un archipiélago emplazado en el clima subtropical.
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Los pronósticos auguran una mayor presencia de noches tropicales y tórridas en el verano español con el paso del tiempo. "Se debe al calentamiento global por las emisiones antropogénicas", responde el climatólogo. El actual ritmo de emisión de gases contaminantes a la atmósfera implicará un ascenso en las temperaturas nocturnas. En 2050, el número de noches por encima de los 20ºC podría aumentar un 50%. La situación será más grave en los espacios urbanos, a causa del efecto isla de calor, provocado por la liberación de calor al caer el sol tras acumularse durante el día en materiales absorbentes, como el hormigón.

Problemas de salud

La comunidad científica estima que la temperatura ideal para dormir oscila entre los 18ºC y los 21ºC. Los grados alcanzados durante una noche tropical o tórrida impiden un correcto descanso. No solo genera frustración dar vueltas en la cama, sino que además puede ser perjudicial para la salud. El cuerpo no es capaz a entrar en fase de sueño profundo, porque está centrado en su propia regulación térmica, en vez de en aminorar el pulso. "El impacto del ambiente térmico en la salud, el confort y el rendimiento es uno de los problemas de salud pública más críticos relacionados con el cambio climático. Las altas temperaturas nocturnas pueden provocar un estrés térmico prolongado. Este estrés se ve agravado por el hecho de que nuestro cuerpo no puede descansar durante la noche", asegura Royé, también investigador y profesor en la Universidad de Santiago de Compostela. Un estado que puede restar años de vida.
Royé ha coordinado un estudio internacional, publicado en la revista Epidemiology, en el que se relaciona la incidencia del calor nocturno con la mortalidad por causa específica, cardiovascular y respiratoria, en el sur de Europa. Para ello, el equipo de investigadores empleó índices que describen la duración de las horas nocturnas en las que estamos por encima de los 20ºC y el exceso de calor de las horas nocturnas respecto al umbral de 20ºC. Estos se asocian con el número de muertes diarias de los 11 puntos geográficos estudiados. En el trabajo se incluyeron ciudades de España (Madrid, Barcelona, Bilbao y Sevilla), Francia (Marsella, Niza, Montpellier y Toulouse), Portugal (Lisboa y Oporto) e Italia (Roma). Los datos abarcan desde 2001 hasta 2014.
© AFP 2021 / Cristina QuiclerLa noche acaba en Sevilla
La noche acaba en Sevilla  - Sputnik Mundo, 1920, 08.07.2021
La noche acaba en Sevilla
Entre las conclusiones, la separación del efecto nocturno sobre la mortalidad y las temperaturas diarias. Además, los expertos consideran más nociva la intensidad de la propia noche tropical que la duración de esta. En ese sentido, las ciudades más perjudicadas por este fenómeno serían Barcelona y Niza. Ambas son las localidades que padecen con más frecuencia estos episodios. Además, registran las temperaturas mínimas más elevadas: la capital catalana alcanza los 23ºC, mientras que la población de la Costa Azul supera los 22ºC.
Sin embargo, la peor parte se la lleva Portugal. El país luso es el más afectado por los efectos negativos de las noches más cálidas. Cuanto más se prolonga el calor por la noche, la mortalidad aumenta un 29%. Un parámetro que no altera el número de muertes de manera considerable en España, Italia y Francia. Por otro lado, Portugal también manifiesta el porcentaje más elevado cuando se trata de mayor intensidad térmica nocturna. Entonces, la mortalidad asciende a un 37%. Le sigue Italia con un 25%, España con un 16% y Francia con un 12%.
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Tras los datos de Portugal subyace una peor adaptación de los hogares lusos a las altas temperaturas. Uno de ellos, el menor número de instalaciones de aire acondicionado. Un aparato que ha ayudado a reducir las muertes por golpe de calor, pero que aumenta el gasto energético y por ende la emisión de gases invernadero. "Se debe llevar una reestructuración urbana y volver a pensar en las ciudades en un sentido más bioclimático con el fin de reducir los efectos de altas temperaturas", propone el climatólogo. Entre las alternativas, el impulso de la construcción con materiales más porosos, como es la paja. Una solución para paliar un problema que damnifica en su mayoría a la población con menos recursos. Aquella que cuenta con viviendas peor aisladas y no puede permitirse el uso del aire acondicionado. Consecuencias de la pobreza energética.
Para escapar del insomnio durante este tipo de noches, los sanitarios recomiendan no romper con los horarios habituales, evitar siestas largas e intentar mantener la habitación con un índice de humedad adecuado y por debajo de los 25ºC. Incluso, precisan evitar el abuso del aire acondicionado, ya que reseca el ambiente. Además, aconsejan cenar ligero, suprimir alcohol y azúcares, no hacer ejercicio, llevar ropa ligera y transpirable y ducharse con agua templada. Pequeños remedios para luchar contra el calor estiva a la hora de dormir. Un hecho incómodo, pero también mortal.
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