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"A los 14 años ya robaba y pegaba": expandilleros narran su experiencia en bandas latinas en España

© Foto : Cortesía del Centro de Ayuda CristianoPonencia de un expandillero en el Centro de Ayuda Cristiano de Madrid
Ponencia de un expandillero en el Centro de Ayuda Cristiano de Madrid - Sputnik Mundo, 1920, 22.06.2021
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La prevención y la concienciación son la clave para evitar que los jóvenes se acerquen a estos grupos, con una jerarquía marcada y captación en plena calle. En el Centro de Ayuda Cristiano de Madrid o en el aula de un instituto, varios integrantes cuentan el periodo en que formaron parte, la salida y responden a dudas de asistentes.
El micrófono pasa de mano en mano. Las dudas y la curiosidad se contagian entre los oyentes. "¿Sigues teniendo contacto con los antiguos compañeros?", pregunta una chica. "¿Has llegado a portar armas? ¿Participaste en alguna pelea?", lanza otra. Cada ponente responde a un interrogante. "Sí, la comunicación con otros miembros tiene que ser continua, les brindamos ese apoyo", responden en relación al primero. "Siempre llevaba cuchillos por si pasaba algo. Los teníamos las chicas para que no nos cachearan. Y claro que me he metido: pegas y recibes; si no te defiendes, te vas", indican sobre las siguientes.
Surgen más cuestiones. Las decenas de asistentes a una parroquia del centro de Madrid piden el micrófono y exponen sus incertidumbres. Cómo saber si alguno de los hijos está en peligro de ser reclutado, cuáles fueron los mayores errores que cometieron, de qué forma se reconoce si estás dentro: a Kevin y Jessica —nombres ficticios de un chico ecuatoriano y una chica dominicana de 34 y 24 años, respectivamente— les llueven las preguntas. Ellos dos acaban de narrar su historia en el mundo de las bandas latinas que se han establecido en España. Ya fuera de ellas, relatan sus inicios, la etapa de filiación y el abandono.
© Foto : Cortesía del Centro de Ayuda CristianoPonencia de un expandillero en el Centro de Ayuda Cristiano de Madrid
Ponencia de un expandillero en el Centro de Ayuda Cristiano de Madrid - Sputnik Mundo, 1920, 22.06.2021
Ponencia de un expandillero en el Centro de Ayuda Cristiano de Madrid
"Ahora mi vida es verdaderamente feliz. Trabajo y soy un chico tranquilo que ama a su familia y respeta a los demás", concluye Kevin después de media hora en la que ha recorrido desde aquel momento, hace más de 20 años, en que los Latin Kings le echaron el guante: "Todo empezó cuando llegué a España. Mis padres trabajaban muchas horas y yo bajaba al parque a hacer amistades. Me invitaron a fiestas, y en ocasiones no me dejaban entrar en ciertos sitios, así que me dio curiosidad y decidí meterme".
Los comienzos sueles repetirse en todos los casos. Y las circunstancias, también. Por ejemplo, el desarraigo, la intemperie, la necesidad de pertenencia. Como Kevin o Jessica, el coqueteo con la banda es una especie de bálsamo a la soledad o a la incomprensión de lo que está alrededor: estos grupos violentos, que en España salpican los informativos a menudo por sus luchas entre ellos o sus actos delictivos, recurren a la informalidad de la calle y a la seducción como familia paralela para captar a nuevos miembros.
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"Te llaman 'hermanito', 'amor de rey' y otras expresiones de amistad. Invitaban a droga y yo fui subiendo cargos", continua Kevin. Ascendió hasta el puesto de rey y formó un chapter (un capítulo o una célula, en la jerga propia? De 32 chicos. "Demostré que daba la vida por ellos", admite. Ese dar la vida se refiere a robar para costearse la paga mensual que se recaudaba en la pandilla, traficar con marihuana o cocaína y superar las pruebas para cada ascenso. Una, apuñalar a un Ñeta, otra pandilla rival.
Junto a su fulgurante carrera en los Latin Kings vinieron las condenas. Kevin pasó temporadas en las prisiones de Alcalá Meco, Soto del Real, Aranjuez o Badajoz. Tras esos periodos entre rejas le cambiaban el distintivo de sus prendas de vestir. Pasaban a ser más oscuras. Como sus sueños. "Cumplía lo que me pedían, y a veces llegaba a casa con la ropa y las manos llenas de sangre. Tenía que dar hasta 30 vueltas antes de entrar para asegurarme de que no me seguían. Y solo podía dormir fumándome un saco de marihuana, porque todo crea pesadillas, traumas, violencia", afirma.
A las etapas como preso, por "agresiones y drogas", se unió un sentimiento de traición. Sus "hermanos" no le escribieron, ni pagaron fianzas, ni le exculparon de los delitos. Al revés: se lo quitaron de encima sin visitas o le dejaron en medio de una trifulca con un cuchillo en el cuello.
"Era todo mentira. Una vez, un compañero se tropezó en una pelea y al día siguiente estaba en la morgue. Todo se va acumulando y quería venganza. Solo das odio, derramas sangre, lastimas a gente que ni siquiera conoces", arguye.
Kevin decidió salirse. Pero tenía miedo. Sería una traición. "Quería dormir, tener paz, limpiar la conciencia sucia. Acudió al Centro de Ayuda Cristiano. En este templo evangélico es donde cuenta con aplomo su trayectoria. Antes, un vídeo de la propia asociación repasa la presencia de estas pandillas en el país. Las principales bandas latinas en España son los Trinitarios, los DDP (Dominican Don’t Play) o los Ñetas, con unos 500, 200 y 100 miembros (después de la desarticulación de los Latin King, otra de las mayoritarias).
Desde 2012, calculan, ha habido unos 1.300 presos. Aunque no hay cifras oficiales (porque las condenas o los decesos no tienen por qué especificar que son de una pandilla), los barrios humildes de la capital o de otras ciudades como Barcelona, Valencia o Zaragoza son un caldo de cultivo. La policía, según ha desvelado en varias informaciones, tiene a unas 300 personas localizadas por su pertenencia a estos grupos. Y alerta del nacimiento de otras más marginales conformadas por marroquíes o subsaharianos.
© Foto : Cortesía del Centro de Ayuda CristianoAsistente pregunta a expandilleros de bandas latinas en el Centro de Ayuda Cristiano de Madrid
Asistente pregunta a expandilleros de bandas latinas en el Centro de Ayuda Cristiano de Madrid - Sputnik Mundo, 1920, 22.06.2021
Asistente pregunta a expandilleros de bandas latinas en el Centro de Ayuda Cristiano de Madrid
Es en estos lares de extrarradio y poblaciones suburbiales se concentra la población inmigrante, víctima primordial de unos grupos que provienen de Sudamérica o Centroamérica y que tienen su origen en Estados Unidos. El pastor Alberto Díaz, de 44 años, incide en que en estos momentos hay un repunte. Con experiencia en ambos lados del océano Atlántico, quien guía la jornada en Madrid defiende que "la pandemia y el confinamiento han sido muy importantes".

"Han estado sin escolarizar y han salido en cuanto han podido a la calle. Las pandillas son muy activas en las redes y se adaptan", comenta.

Díaz está involucrado desde hace más de dos décadas en este mundillo y aboga por la "prevención y la reinserción". "El perfil suele ser semejante, de problemas de adaptación. Y luego tienen miedo de ser identificados, de dejar a sus compañeros. La banda les seduce y, si no ven un soporte, caen. Y luego, para dejarla, están atormentados y necesitan perdonarse a sí mismos", analiza a Sputnik. Desde el estrado, el pastor ya advierte a madres y padres que se han acercado con temor e inquietud. "Fijaos en su indumentaria. Las bandanas, la ropa, los símbolos de cada pandilla. Y mirad su rendimiento escolar, con quién se junta, Hay que dialogar mucho", aconseja.
© Foto : Cortesía del Centro de Ayuda CristianoAsistentes a la ponencia de un expandillero en el Centro de Ayuda Cristiano de Madrid
Asistentes a la ponencia de un expandillero en el Centro de Ayuda Cristiano de Madrid - Sputnik Mundo, 1920, 22.06.2021
Asistentes a la ponencia de un expandillero en el Centro de Ayuda Cristiano de Madrid
No se puede esperar a "la calamidad", alerta Díaz. "No podemos esperar a una llamada de teléfono del instituto, de la policía, o del hospital", señala con vehemencia. Estas charlas, de hecho, han llegado a un centro escolar. El IES Isaac Peral de Torrejón de Ardoz (al este de la Comunidad de Madrid) decidió implicar a sus alumnos, en riesgo de esa captación.
"Lo hicimos por primera vez en marzo porque el panorama era desolador. Algunos estaban dentro y otros coqueteaban. Venían del departamento especializado de la policía, pero se reían", explica Sara Ibergaray, la jefa de estudios adjunta.
Ibergaray valora positivamente estas reuniones. Cree que el éxito es rotundo, "arrasador", y que tranquiliza mucho a familiares. "Todos han respondido fenomenal. Es muy útil para concienciar y prevenir", anota. Carles Feixa, experto en pandillas, coincide con la docente. "No somos quién para decirles lo que tienen o no que hacer, pero sí para responder a sus preguntas. Hay que acabar con la violencia y lo que ha funcionado es que tengan visibilidad, espacios de reunión, formación, tareas de mediación y, sobre todo, transición al mundo laboral. Ellos son los primeros que quieren abandonar la marginalidad", alegaba el catedrático de Antropología Social de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona en un artículo de El País.
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Gracias a la iniciativa del IES Isaac Peral, muchos alumnos o padres han alterado su comportamiento. A mejor. Entre las alumnas también es muy importante: las bandas son un nicho de violencia y machismo donde ellos pueden tener varias novias y ellas están sometidas a su pareja. Kevin, por ejemplo, afirma que mantuvo cinco relaciones, incluso coincidentes. El relato de Jessica es peor: se quedó embarazada con 14 años y, a pesar de la supuesta lealtad con las chicas de otros miembros, era tratada de cuero (puta, en su jerga).
"En mi casa había muchas discusiones por problemas económicos", relata esta mujer en frente de unas bancadas repletas y expectantes. "Iba a matinées en discotecas (sesiones por el día para menores) o a botellones, había sufrido bullying y me sentí querida. Pensé: este es mi lugar", rememora. Apenas tenía 13 años, un hogar desestructurado y poca autoestima. Un cóctel perfecto para las garras de los Trinitarios. "A esa edad ya robaba a mi madre o en el instituto para poder ostentar", sostiene apenada.
De amanecida, después de horas de juerga, vio a un señor borracho y le quitaron todo. "Me fui a mi casa pensando en cómo se había quedado en el suelo, en qué le habría ocurrido", suspira. Ese episodio y un embarazo que "desmoronó" su vida le hicieron replantearse la existencia.
"Miré remedios en internet para abortar y lo conseguí. Pero me quedé rota. ¿En qué persona me había convertido, que pego a gente, maltrato o le quito la vida a un bebé?", se pregunta.
Jessica se dio cuenta de que "ninguno" de la banda estaba cuando lo necesitaba. Cayó en una depresión que mitigaba bebiendo desde por la mañana y trabándose con hachís. Hasta que se internó en el centro de ayuda: "Estoy totalmente feliz, ya no soy agresiva, soy una persona distinta", sentencia.
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Un aplauso arropa su discurso. Díaz lo retoma esgrimiendo que el camino es el conocimiento, que hay mucho talento y mucho "poder para inspirar y cambiar". "¿Queréis vivir con miedo o ser libres? Porque las bandas venden adrenalina pero luego provocan cárcel, inseguridad", inquiere, solicitando a los implicados ayuda mutua: "Padres, prestad atención a vuestros hijos; jóvenes, pedid ayuda a la familia, a los profesores, a las autoridades".
El tumulto comienza a agitarse ante la posibilidad de consultar en voz alta. Se suceden las demandas: qué pasa al abandonar una banda, cuánto se paga, cómo es la convivencia. El corolario llega con un chico de "un país africano". Tiene 28 años y pertenece a los Trinitarios. "¿Cómo puedo dejarlo?", interviene, cansado de esa vida y entonándolo a la vista de todos. Un paso crucial para alterar su trayectoria: en estos espacios parece encontrar refugio.
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