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Luis García Berlanga, la burla y la universalización de lo español

© Foto : Cortesía de Rafale MaluendaEl director español Luis García Berlanga con la actriz Concha Velasco y el actor José Luis López Vázquez en la Mostra de Valencia
El director español Luis García Berlanga con la actriz Concha Velasco y el actor José Luis López Vázquez en la Mostra de Valencia - Sputnik Mundo, 1920, 23.05.2021
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El director de cine, que nació hace un siglo en Valencia, creó un estilo característico que retrataba con humor y seriedad la realidad del país.
La pena de muerte, el hambre, la corrupción o la miseria económica en España. Cualquier tema tratado de manera berlanguiana se convertía en un retrato universal de estos males, pero también en una burla salpicada por lo absurdo o el ingenio. El término, difícil de acotar con unas palabras concretas, responde a esa mezcla de mala baba, ironía o ternura con la que el cineasta del que proviene creaba sus películas. Luis García Berlanga, de quien se celebran 100 años desde su nacimiento, fue el director que representaba esa realidad triste o grisácea de la posguerra y la convertía en algo cómico.
Bienvenido Míster Marshall, Plácido, El verdugo, La escopeta nacional, París-Tombuctú… Desde sus inicios, Berlanga tuvo una mirada única y la imprimió en películas que ya son como episodios de la Historia (con mayúscula) de España. Su vida estuvo dedicada al séptimo arte y a la difícil tarea de elevarlo a la excelencia durante una dictadura que censuraba sus guiones o una democracia que parecía en ocasiones la ópera bufa del periodo anterior.
Comienza su biografía en Valencia, un 12 de junio de 1921. En esta ciudad mediterránea se crio dentro de una familia de terratenientes, con varios miembros en cargos políticos. Vivió la Guerra Civil de adolescente y sintió el temor de la venganza al acabar la contienda. En 1940 se enroló a la División Azul y fue a luchar contra la Unión Soviética en la contienda mundial para evitar las represalias del Régimen a su padre, alistado a la Unión Republicana. Volvió del frente y cursó estudios de Derecho y Filosofía y Letras.
Pero en 1947 cambia de tercio y se muda a Madrid para apuntarse en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas. Gracias a esta decisión se pone detrás de la cámara y escribe los primeros guiones de cortometrajes. En 1951 se estrena en el largo con Esa pareja feliz, junto a Juan Antonio Bardem. Al relato de este matrimonio madrileño le sigue Bienvenido Míster Marshall, de 1953. Una sátira del panorama español y el famoso Plan Marshall estadounidense, que pretendía regar de fondos el continente europeo.
Meca del cine de los años 50 y preludio de otras obras maestras como Plácido o El verdugo, de 1961 y 1963. Berlanga iba poco a poco nutriendo su filmografía de tramas en apariencia sencillas con un poso de picardía y mucho humor. El ADN patrio, compuesto por testimonios como El Lazarillo de Tormes, El Buscón de Quevedo, los sainetes del dramaturgo Carlos Arniches o la revista La Codorniz, cristalizaba en un director incorrecto e inteligente, que retorcía los diálogos hasta tener una pieza pulida sin temor a la tijera franquista.
"Es uno de los grandes personajes del siglo XX en España", asegura Miguel Ángel Villena, autor del libro Berlanga. Vida y cine de un creador irreverente, una biografía publicada por Tusquets hace unas semanas y ganadora del premio Comillas. "Para entender el país hay que ver a Berlanga", insiste quien tuvo la idea al ver que se conmemoraba el centenario de su nacimiento y que, aunque había un par de libros de memorias, faltaba el hilo conductor con su faceta personal y con el contexto de cada momento.
Así ve cómo aquellas películas que rodaba o las que dejaba en el cajón se acoplaban perfectamente a un pliegue social. "Acaba recorriendo todo el siglo y, siendo temas muy locales, termina siendo muy internacional. Te habla de algo o alguien común, pero en realidad es un fustigador de los poderosos", arguye Villena a Sputnik, repitiendo: "Siendo español, consigue ser muy universal".
De hecho, cuando su nombre empezó a sonar en el extranjero y las películas se convertían en éxito de taquilla, quien fue su compañero tras el objetivo, Juan Antonio Bardem, dijo que era lo único estimulante del panorama nacional: Luis Buñuel estaba exiliado y faltaba tiempo para que surgiera otra celebridad como Pedro Almodóvar. Berlanga sigue proponiendo filmes de apariencia sencilla, con frases que se colaban entre la población y gran hondura social frente al folclore más rancio y antes del despegue de otras figuras como Carlos Saura o Manuel Summers.
Hace comedia en clave doméstica, tirando de unos chascarrillos que ahora están en el acervo popular. Aunque entonces sufriera prohibiciones y tuviera que guardar proyectos por la ley que controlaba los contenidos artísticos. No solo se quedó sin plasmar a imágenes Los gancheros, A mi querida mamá en el día de su santo o La demolición, que no pasaron el filtro censor, sino que tuvo que esperar para otras como La vaquilla, todo un clásico sobre la Guerra Civil: la escribió en los años 40 y no salió hasta 1981.
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García Berlanga era, según Villena, muy persistente. Y no le echaba para atrás ni el tajo de un funcionario a sus películas ni los roces con algunos actores. En general, tuvo muy buena relación con el reparto del que se rodeaba, pero al principio algunas glorias veteranas le consideraban un pedante que iba a dar órdenes. Pepe Isbert, mítico protagonista de Bienvenido Míster Marshall o El verdugo, no fue un compañero fácil, a pesar de que la película les trajo alegrías a ambos y el lugar donde se rodó, Guadalix de la Sierra, aún dedica una rotonda.
Se rodeó de artistas legendarios como José Luis López Vázquez, Amparo Soler Leal o José Sacristán que siguieron su fidelidad hasta en las últimas producciones. También estuvo pegado a Rafael Azcona, con quien firmó siete guiones y que, como en el caso de otros directores con quien trabajaba, le otorgó sus mejores diálogos. Además, todos le siguieron por esos puntos del mapa donde se empeñaba en ambientar las tramas: Berlanga no se reducía a una calle cualquiera, sino que se desplazó por interiores y exteriores de Manresa, en Barcelona, Peñíscola, en Alicante, o la localidad zaragozana de Sos del Rey Católico. Sin olvidar a sus amadas Madrid o Valencia.
En esta última rodó Todos a la cárcel, en 1993, o la miniserie sobre Blasco Ibáñez, en 1997. El Berlanga Film Museum se encuentra en esta ciudad. "Incluso en un país cainita como España, fue profeta en su tierra", indica Miguel Ángel Villena. Nunca perdió la vinculación con esta tierra y le gustaba sentirse querido, apunta el encargado de su biografía, también valenciano. Otro paisano es Carles Castillo, actor que participó en un disparate dentro del patio de una prisión. "Iba para una secuencia y me dijo que me quedara la película. Fue un regalo", rememora.
Carles Castillo, fundador de la compañía Imprebís, recuerda ese genio a la hora de plasmar la idiosincrasia española y la capacidad para sacar punta a cualquier gesto cotidiano. "La miga de sus películas, más allá de las cuestiones sociales y políticas, está en la lucha del individuo contra las normas sociales y las convenciones, lucha que, al final, el individuo siempre acaba perdiendo", apunta por su parte Villena, "y cuando hablamos de la sociedad, hablamos desde la institución matrimonial y la familia, con las que él es muy crítico y las ve como el primer corsé social, hasta la política, la constitución del estado, la economía, la Iglesia, etcétera".
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"A quien tiene entre ceja y ceja constantemente es a la Iglesia, que es el poder contra el que arremete continuamente", esgrime el periodista. Villena recapitula su obra y la califica de "esperpento", "sátira" o "caricatura" de la realidad. A Berlanga le encantaba mostrar las vergüenzas de un país atrasado con la gracia y el humor de la mejor tradición literaria. "Es un representante de nuestra cultura", incide el escritor.
Una cultura que sazona con surrealismo y con temas como el dinero, el poder o el sexo. En La escopeta nacional, de 1978, carga contra las clases altas, contra la casta de la dictadura que sigue moviendo los hilos en la Transición democrática. Y en Tamaño Natural, de 1972, introduce el erotismo como una de sus obsesiones, que le llevó incluso a codirigir la colección La sonrisa vertical de la Editorial Tusquets entre 1979 y 2004. En toda su obra anidaba su rasgo del carácter más fuerte: la incorrección.

"Si tuviéramos que usar sólo una palabra para describirlo, esa sería disidente. Durante el franquismo fue antifranquista y anticlerical y es innegable que fue contra el régimen", explica Villena, que añade cómo Berlanga tenía clara su postura ácrata.

Quizás por la tradición política de su familia y por su personalidad libérrima. "Políticamente era una persona que funcionaba por simpatías personales y no por ideología. Tal vez por ello sea de los pocos valencianos, incluso de los pocos españoles, que han llegado a tener un consenso muy grande hacia su figura", destaca el autor.
Fue "disidente contra todo tipo de poder y en cualquier época", concluye Villena, que ve cómo, además de sus cuatro hijos con María Jesús Manrique de Aragón, tuvo más vástagos en el oficio: Santiago Segura, Álex de la Iglesia, Javier Fesser o Borja Cobeaga, exitosos directores actuales, le deben parte de la mordacidad en sus creaciones.
"Y fuera de España se estrenaron sus obras, pero estaba más reducido a un autor de culto", agrega Villena, reflexionando sobre la dificultad de subtitular sus diálogos y señalando que, aun así, recorrió festivales como Cannes o Venecia y fue nominado al Oscar a mejor película extranjera por Plácido.
Todas sus historias eran reconocibles. Cuando Berlanga murió, el 13 de noviembre de 2010, el cine español se quedó sin uno de sus cineastas más ilustres, pero con un puñado de historias magnéticas. Ahora, estos títulos son, como decía uno de ellos, patrimonio nacional. La revisión es perpetua, y más este año, en que están programadas exposiciones, visionados y actos como homenaje en diferentes ciudades españolas. "Es muy difícil que el espectador no se reconozca en alguno de los personajes que aparecen en su obra", zanja Villena, "y eso hace que Berlanga siga siendo un director actual y que su obra esté vigente".
© Europa Press / Jorge GilFigura de Luis García Berlanga en una exposición en el Museo de Valencia de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM), en Valencia (España)
Figura de Luis García Berlanga en una exposición en el Museo de Valencia de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM), en Valencia (España) - Sputnik Mundo, 1920, 18.05.2021
Figura de Luis García Berlanga en una exposición en el Museo de Valencia de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM), en Valencia (España)
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