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Borrados de la historia: el relato perdido de los obreros del Valle de los Caídos

© AFP 2021 / Emilio NaranjoValle de los Caídos
Valle de los Caídos  - Sputnik Mundo, 1920, 21.05.2021
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La vida de los obreros del Valle de los Caídos empieza a salir a la luz. Arqueólogos del Instituto de Ciencias del Patrimonio trabajan en los poblados de chabolas que rodeaban los barracones en los que vivían los trabajadores. Ambos son registros de una cotidianidad que fue borrada de la historia tras el fin de las obras del monumento franquista.
El nombre de Cuelgamuros no suena familiar a todo aquel que lo oye. Es la denominación que recibe uno de los recovecos de la sierra de Guadarrama. Un topónimo enterrado por el peso de lo que contienen sus arboladas peñas. Sobre uno de sus riscos, una cruz de 150 metros se levanta. Preside el lugar y hace que el valle sea objeto de cámaras y atención pública. Un monumento de exaltación de la ideología que ganó la guerra. Enclave en el que los huesos del dictador Francisco Franco reposaban hasta que hace menos de dos años salieron por los aires. Cuelgamuros no es competencia para la nomenclatura Valle de los Caídos.
La sombra de la cruz es larga. No solo tapa el nombre del espacio geográfico en el que se aposenta. También la narración que sus piedras cuentan. Un relato cubierto por la historia de vencedores y vencidos. Por los apellidos Franco y Rivera. Tras ellos, el día a día de los miles de trabajadores, libres o presos, que hicieron posible lo que conocemos como Valle de los Caídos. Junto a ellos, las familias que se desplazaron a las pedregosas laderas de la sierra madrileña. Voces silenciadas por la simbología de la propia construcción.
© AFP 2021 / Javier SorianoValle de los Caídos
Valle de los Caídos - Sputnik Mundo, 1920, 21.05.2021
Valle de los Caídos
En búsqueda de su recuerdo, un equipo de 15 arqueólogos, la mayoría del Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit), adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Su labor se halla a unos kilómetros de la basílica. En pleno bosque, al abrigo de los árboles y con la vista puesta en un suelo dominado por la piedra y la maleza. Remueven la tierra, limpian la superficie de las rocas y fotografían cualquier indicio. Las pendientes en las que trabajan fueron hogar de centenares de personas hace menos de un siglo. "Nos interesa poner en valor los espacios que ocuparon los presos que levantaron el Valle de los Caídos y sus familiares. Es algo de lo que se sabe muy poco", asegura a Sputnik Mundo Alfredo González-Ruibal, coordinador de la excavación, al amparo del programa de Resignificación del Valle de los Caídos de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática.
Tres destacamentos penales albergaron a los obreros que edificaron el complejo. Recibían el nombre de las constructoras encargadas del proyecto. San Román se centró en el monumento, Estudios y Construcciones Molán en el monasterio y Banús en la carretera que serviría de acceso. Fueron fáciles de localizar, gracias a la documentación de la época. Donde ahora hay vegetación, en los años 40 había barracones. Según los archivos, inmensas naves de madera con ventanas sin cerco. El frío de la montaña penetraba en los dormitorios, formados por filas de literas de dos o tres alturas. Albañiles libres y presos eran separados. Determinar los porcentajes de ambas fuerzas es complicado. Las cifras fluctúan, pero solía haber entre 150 y 250 cautivos por campamento.
© Foto : Álvaro MinguitoArqueóloga trabajando en los yacimientos del Valle de los Caídos
Arqueóloga trabajando en los yacimientos del Valle de los Caídos - Sputnik Mundo, 1920, 21.05.2021
Arqueóloga trabajando en los yacimientos del Valle de los Caídos
Además de los barracones, los destacamentos contaban con economato, almacenes o comedores. Incluso, un campo de fútbol, en el caso de San Román. Por ellos, pasaron miles de personas. Los presos dedicaban los últimos cuatro o cinco años de su periplo penitencial. Algunos encontraron la muerte en las obras. Otros la portaron con ellos. "No murieron muchas personas en el tajo, aproximadamente unas 30. Pero, posteriormente, muchos trabajadores de la basílica murieron de silicosis, una enfermedad pulmonar provocada por las malas condiciones en las que laboraban. Al final, a ojos del régimen, solo eran daños colaterales, lo importante era construir el monumento. Cualquier sacrificio estaba justificado", señala González Ruibal.

Auténticos poblados

Los obreros no estaban solos en las estribaciones de la sierra de Guadarrama. En las proximidades de los barracones, sus familiares se agolpaban. Mujeres y niños que acompañaban a su marido o padre al valle de Cuelgamuros, dependientes de su fracción de salario. "Estas personas no participaban en las tareas de construcción, sin embargo, se les permitía vivir en el entorno de los trabajadores. Eso sí, no se les daba ninguna facilidad. Su función era dar apoyo psicológico al obrero que, en caso de estar preso, podía llevar más de siete años sin ver a su familia, si contamos los periodos de contienda y encarcelamiento", define el arqueólogo.
La presencia de las familias era una mera mención en la documentación franquista. Apenas había registros sobre su existencia. A pesar del silencio, los investigadores no tardaron en encontrar vestigios. En concreto, amontonamientos de escombros, casi siempre bajo la protección de una roca. La excavación ha hecho aflorar la huella de miles de personas en la historia. Una imprenta con forma de poblado chabolista.
© Foto : Álvaro MinguitoAlfredo González Ruibal en los bosques que rodean el monumento del Valle de los Caídos
Alfredo González Ruibal en los bosques que rodean el monumento del Valle de los Caídos - Sputnik Mundo, 1920, 21.05.2021
Alfredo González Ruibal en los bosques que rodean el monumento del Valle de los Caídos
Los cercanos a los trabajadores buscaron cobijo en la orografía del valle. Aprovechaban los afloramientos rocosos que les brindaba la geografía. Los bloques de piedra abandonados por los operarios de las canteras próximas se convertían en material para las paredes del hogar. El tejado, si no era un saliente de roca, se improvisaba con arbustos y hierbas. El resultado era una chabola. A su lado, muchas otras. En Banús, se han documentado hasta 50. Todas inclinadas hacia el sur, mirando al río. A sus espaldas, el camino que se dirigía a los barracones.

"Se trata de auténticos poblados. Lo que más nos ha llamado la atención es su gran extensión. Gracias a la excavación sabemos que duplicaban o triplicaban en tamaño el espacio que ocupaban todos los edificios del centro penal".

Alfredo González Ruibal
Arqueólogo del Incipit
En aquellas rústicas viviendas, las familias afrontaban el día a día. El espacio habitable no superaba los 10 metros cuadrados. En ocasiones, hasta cuatro personas se hacinaban en su interior. Allí, dormían y cocinaban, como muestran las manchas negras existentes en algunas rocas, provocadas por pequeñas hogueras. Electricidad, agua corriente y calefacción eran comodidades con las que solo se podía soñar. La leña era su única aliada contra las frías noches serranas. "Las condiciones de vida eran muy duras. El frío y la mala alimentación eran habituales. Es más, llegó a haber momentos de hambruna en el Valle de los Caídos. Hubo trabajadores libres que abandonaron su puesto", resalta González Ruibal.
Alrededor de los yacimientos, tras casi un mes de trabajo, han aparecido numerosos objetos. Desde monedas de los años 40 o fichas del economato hasta latas oxidadas. También restos de calzado femenino o infantil. Incluso juguetes y una cartera. "El testimonio material de unas personas de las que no sabemos nada", puntualiza el coordinador de la campaña arqueológica.
© Foto : Álvaro MinguitoTrabajados en los yacimientos del Valle de los Caídos
Trabajados en los yacimientos del Valle de los Caídos - Sputnik Mundo, 1920, 21.05.2021
Trabajados en los yacimientos del Valle de los Caídos
Rastros de una vida pasada, oculta entre la espesura vegetal. Un pasado que el régimen borró nada más acabar con las obras del Valle de los Caídos. Los destacamentos militares fueron abandonados y rápidamente se procedió a su destrucción. Es más, de los barracones se conserva poco más que los cimientos. El mismo destino corrieron los poblados de chabolas. El objetivo era convertir el valle en un lugar idílico. Los edificios fueron sustituidos por árboles, plantados para embellecer el enclave. Los pinos pueblan en la actualidad las zonas en las que antaño hubo una historia humana.

"Nuestro trabajo es científico, pero también es un trabajo de reivindicación de la memoria de las personas olvidadas. Queremos visibilizar a toda esa gente que quedó borrada de la historia. Que no importaba al régimen".

Alfredo González Ruibal
Arqueólogo del Incipit
La intención del equipo es realizar una campaña más para completar los trabajos en los yacimientos del Valle de los Caídos. El coordinador desearía que se pudiera restaurar el lugar. Revalorizar los enclaves en los que trabajadores y familiares vivían. Que en un futuro sean objeto de visita turística. "Es fundamental que el Valle de los Caídos se vea de una manera distinta. Hay que poner la vista en los presos y las familias que estuvieron allí", sentencia González Ruibal.
El programa de Resignificación del Valle de los Caídos busca dar una lectura en clave democrática al monumento franquista. Exhumar las criptas, sacar los restos de José Antonio Primo de Rivera u organizar exposiciones para conocer la historia completa del lugar están entre sus planes. Por supuesto, también la investigación arqueológica, clave para desempolvar la crónica casi perdida de los habitantes de un reducto montañés llamado Cuelgamuros. Relato ahogado por una descomunal cruz que se alza entre las peñas. Al menos hasta ahora.
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