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La estafa en Madrid del dentista venezolano que hacía sonreír a las 'misses'

CC0 / Pixabay / Sala de operaciones de un dentista
Sala de operaciones de un dentista - Sputnik Mundo, 1920, 18.05.2021
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Víctor Sánchez, odontólogo del país sudamericano, montó una clínica en Madrid que no llegó prácticamente a funcionar y que dejó a un socio endeudado y metido en un pleito, como le había pasado anteriormente.
Andrés Durán dice que es alguien decidido. Que cuando se mete en algo, apuesta a doble o nada. Que no duda si ve posibilidades. Esa actitud le ha costado parte de los ahorros de un tío suyo, una deuda económica que aún perdura y casi el desmoronamiento de su vida privada. Porque este joven de 26 años se hizo socio de Víctor Sánchez, conocido dentista venezolano que presumía de dejar sonrisas perfectas a aspirantes a miss, y le salió rana. La clínica que montó apenas hizo ningún trabajo y una huida del odontólogo le dejó inmerso en demandas, mensajes sin responder o miles de euros negativos en sus cuentas.
Habría que retroceder a 2017 para situarse. Durán, recién egresado de la universidad de Valencia (su ciudad, al oeste de Caracas), voló a Madrid para visitar a dos hermanas. Con nacionalidad italiana (gracias a sus abuelos), podía venir a España sin problemas. Aquí vio la posibilidad de quedarse e hizo gala de ese ímpetu del que presume. Habló con su pareja, contempló opciones y empezó a trabajar en una tienda de telefonía de un centro comercial.
© Cortesía de Andrés DuránAndrés Durán, odontólogo venezolano de 26 años que fue estafado por Víctor Sánchez
Andrés Durán, odontólogo venezolano de 26 años que fue estafado por Víctor Sánchez - Sputnik Mundo, 1920, 18.05.2021
Andrés Durán, odontólogo venezolano de 26 años que fue estafado por Víctor Sánchez
No dejaba de lado su oficio. La odontología seguía siendo su meta. Por eso se apuntó en octubre de 2018 a un congreso en un hotel de la capital española que impartía Víctor Sánchez. Con él iba Oliver Rosales, la otra pata fundamental de la historia. El encuentro, asegura Durán, fue muy "familiar". Llegaron a comer en un Burger King de la zona todos juntos, en camaradería. Algo que le hizo ver a esta celebridad dentro de cierto círculos como alguien cercano. Hasta ahora, su imagen era la de un profesional que se codeaba con lo más exclusivo de Venezuela.
Gracias a unas prótesis especiales y una complexión favorable, Sánchez se había introducido en las altas esferas. Algunas misses, aspirantes o modelos consagradas recurrían a este "diseñador de sonrisas". Usaban su técnica de porcelana que imprimía una dentadura de anuncio. Y él posaba orgulloso en certámenes o alfombras rojas, difuminándose entre serpentinas o agarrado del brazo de estrellas como Norkys Batista. "Mientras yo estudiaba, él estaba en el top. Era un modelo, un mentor", recuerda Durán.
Hablaron y se intercambiaron teléfonos. Poco después, Vázquez y Rosales le llamaron. ¿La intención? Contratarle para la administración de la clínica de su marca, Dental Clone, que iban a abrir en Madrid. "Era lo que llamamos un todero: llevar las citas, atender la consulta, encargarme cuando ellos viajaran…", aclara Durán, a quien le prometieron un sueldo de 2.000 euros al mes "que iría a más cuando llegaran las bonificaciones". Era el mes de noviembre, la novia de Durán se mudaba también a España y parecía que el salto mortal a otro continente daba sus frutos.
Iba a vivir en un piso de Colonia Jardín por unos 900 euros al mes, pensaba contraer matrimonio en 2019 y su proyección dentro del gremio era increíble. Los primeros días no estuvieron mal. Se desplazaba cada día a la calle Lyon, en Moratalaz, un barrio del extrarradio. Ni esa elección poco elegante de su sede y que en el interior apenas hubiera una silla para intervenciones y una sala vacía le hicieron sospechar demasiado. El destartalado local andaba en arreglos y tanto Sánchez como Rosales pasaban temporadas en Bogotá, la capital de Colombia, donde había abierto otra sucursal de Dental Clone.
© Foto : Cortesía de Andrés DuránClínica de Dental Clone en Madrid
Clínica de Dental Clone en Madrid - Sputnik Mundo, 1920, 18.05.2021
Clínica de Dental Clone en Madrid
"Quien mandaba era Oliver. Víctor era un títere. Y me decía muchas cosas sobre cómo ser empresario. Demasiadas tonterías", cuenta Durán a Sputnik, que les veía con un Rolex en la muñeca o pagando facturas de 500 euros en restaurantes de postín o 1.000 euros en clubes nocturnos. Además, como pioneros de venderse en redes sociales, mostraban sus lujos en otros países a través de Instagram. Ese ritmo de vida provocó que Durán se confiase, a pesar de que nunca llegaba a cobrar su salario y de ver que los cálculos financieros de estos socios no cuadraban: en el tiempo que estuvo allí, el joven solo vio cómo acudía algún futbolista venezolano de perfil bajo que residía en Madrid.
Y ni siquiera para un tratamiento millonario. Muchas veces apenas les cobraba, defendiendo que era una fórmula para hacer contactos. "Jamás me dieron de alta en la seguridad social. Yo firmé un contrato privado, pero eso aquí no funciona así", lamenta el joven antes de que viniera lo peor: a la ausencia de cobro se le sumó la petición de asociarse. Le dejaron caer que tendría un 5% de la empresa. Deliberándolo durante unos días, acudió a su tío, de quien ha sido casi como un hijo. "Trabaja de agropecuario y me mandó dos transferencias de unos 30.000 dólares. Cerca de 51.000 euros para formar parte de la empresa", explica, ayudándose de una foto colgada en redes sociales donde sale rubricando un contrato y poniendo "Se consolida Dental Clone Europa".
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Transcurrían los días igual que antes. Sánchez y Rosales desaparecían temporadas, iniciaron algunas obras y los ingresos eran inexistentes. Peor aún: en un momento dado, le piden dinero para abrir una cafetería. A falta de rematar el local, se disponen a montar el San Vicente Café. Y vuelven a solicitar un cómplice económico: Durán. Esta vez, participaría con una inversión de 10.000 euros.
Que le pidiera ayuda no le chirriaba del todo. Al fin y al cabo, Sánchez era un emprendedor prestigioso y lo único que ocurría era que necesitaba conocer mejor el mercado español. Después, todo iría como la seda: un negocio paralelo que les arreglara el día a día y un oficio, el de dejar las mejores bocas de Madrid, que le reportaría suculentas comisiones.
© Foto : Cortesía de Andrés DuránUna imagen de la supuesta cafetería que iban a montar
Una imagen de la supuesta cafetería que iban a montar - Sputnik Mundo, 1920, 18.05.2021
Una imagen de la supuesta cafetería que iban a montar
"De cada 20.000 euros por tratamiento, yo me llevaría 1.000. Además, lo de la cafetería me gustaba, porque yo había trabajado de barista", dice Durán, que se apoyaba en las palabras de Rosales, que tiraba de una mezcla de márquetin y misticismo envuelto en charlatanería y ofrendas a la virgen: en la consulta tenía un altar de golosinas en torno a una estatuilla. No en vano, había escrito el libro El Éxito no tiene edad y había sido presentador en un programa de Globovisión, canal venezolano. Además, sus sentencias eran lapidarias y su forma de ir por la Tierra era de divinidad, intimidatoria, "como un mesías". "A una doctora que ficharon le repetía que Dental Globe estaba por encima de la familia, la acosaba como empleada y como mujer. Se fue", indica Durán.
Esta vez, el crédito se lo pidió a un banco en nombre de su hermana, con contrato indefinido. Aumentó la cantidad unos 5.000 euros para comprarse un coche, volar a Estados Unidos de vacaciones y preparar su boda. Contrajo el enlace en Madrid, ya embarrado en algunas deudas pero con la vista puesta en el futuro. Taciturno y esperanzado. Nada cambia: el bar solo es una simulación en 3D, la clínica no tiene nuevos aparatos y el nivel de vida desciende. A la par, empiezan a achacarle errores. Le meten los 431 euros del préstamo cada mes, pero nada más. Y a finales de 2019, desaparecen.

"Mi pasivo mensual era de unos 1.500 euros entre alquiler, pagos al banco o recibos. Había tenido suerte con alguna operación de criptomonedas y había aguantado con ahorros anteriores, pero llegó la pandemia y me hundí", concede Durán.

Sin esa prosperidad imaginada, con sus supuestos socios en el extranjero y una epidemia que dejó todo en pausa, Durán tocó fondo. "Ahogaba mis penas en alcohol y casi pierdo mi relación", confiesa. Entre la participación de 50.000 euros, el adelanto para la cafetería, ayudas puntuales para obras o dispositivos que compró para la compañía, Durán calcula que le deben unos 148.000 euros. "De repente, se lanzaron al ataque. Me contestaban que yo era el culpable de muchas cosas y que iban a llamar a un abogado", afirma la víctima, al que dejaron progresivamente de responder y bloquearon de redes o celular: tampoco han atendido a Sputnik ni por mensajes telefónicos ni por correo electrónico.
Durán se irguió, con ese carácter rotundo del que presume, y llamó a una abogada. A la vez, miró en internet y se encontró que había un grupo con el nombre de Dental Clone Víctimas. En él muestran sus anuncios, comparten mensajes de impagos o celebran victorias como la de Andrea Ramírez, doctora en Colombia que ha logrado por un fallo judicial que Vázquez y Rosales retiren mensajes "contra su dignidad", según los documentos que envía a Sputnik. Algunos le tildan de psicópata o enlazan noticias de cuando se le acusó de blanquear dinero en Venezuela o usó su poder para acallar voces disonantes.
"Ha hecho mucho daño a la profesión, pero hay que dejar bien claro que es algo puntual y que no tiene nada que ver con nosotros", esgrime Aldo Leo, miembro de la Asociación de Odontólogos Venezolanos en España (Asodonves), a Sputnik. Desde esta agrupación tratan de agilizar los trámites y protestar por las trabas burocráticas para homologar los títulos, y lamentan que Víctor Sánchez y Oliver Rosales puedan perjudicarles. "Se dio a conocer porque era bonito. No sé si bueno o malo. Pero tenía su fama y la enseñaba", concluye Leo.
A Durán, ese brillo le cegó. Pero no le ha paralizado. Sigue pendiente de que sus presuntos socios paguen por la estafa. De que se haga justicia con él y con el resto de afectados. De tirar para adelante en Madrid, ahora como comercial de una compañía telefónica. "Lo último que les escribí fue que no sabía si recuperaría el dinero, pero que yo tengo 26 años y resurgiré. Que ellos, sin embargo, están acabados", zanja. No hubo respuesta, pero sí el empujón que quería Durán para aguantar este proceso. Cuestión de actitud.
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